Regresando a Casa y Dando Reportes



Capítulo 1: Regresando a Casa y Dando Reportes
Yo estaba dentro de una casa a las afueras de la ciudad mágica de Sharia. La habitación extendiéndose ante mí era una digna del castillo de un rey demonio malvado. Estaba amueblada con una lujosa alfombra de Asura y sillas fabricadas de caoba y cuero de dragón rojo, llenas de lana de Millis. El escritorio era de una madera clara para hacer juego con las sillas, y los ornamentos—todos minuciosamente fabricados por los artesanos de Sharia—habrían impresionado a cualquiera. La chimenea estaba encendida, con sus llamas crepitando débilmente de una forma acogedora que, al menos a mí, me tranquilizaba el corazón.
Probablemente se están preguntando qué parte de eso suena como al castillo de un rey demonio malvado. Todo se debía al aura espeluznante que irradiaba el hombre ceñudo mirando aterradoramente hacia mí desde su asiento. Su presencia hacía que cualquier lugar en el que él estuviera se sintiera como el castillo de un rey demonio o una sociedad secreta. El ambiente de un lugar lo determinan las personas en su interior. Los muebles o lo que sea solo eran detalles. Siempre lo importante son las personas.
“E-eso es todo lo que tengo para reportar esta vez,” dije, terminando mi reporte de los eventos en el País Sagrado de Millis. Mi forma de hablar tenía la clase de tono hogareño que podrías encontrar en la casa de una familia esforzándose por pretender que no se produciría un divorcio.
Orsted siempre se veía como si estuviese al borde de enfurecer. Tal vez era por eso que Eris, quien estaba de pie detrás de mí y hacia un lado, estaba tan en guardia. De hecho, la expresión que él tenía ahora no era para nada su rostro de furia. Hm, ya veo. Últimamente, yo había mejorado leyendo las expresiones de Orsted, así que sabía lo que significaba esta cara.
Bueno, digamos que… era un setenta por ciento de duda, y tal vez un treinta por ciento de falta de interés. No estaba especialmente enojado.
Así que ya puedes calmarte, Eris.
“Así que, acerca de este error… ¡Prometo que solucionaré el desastre que provoqué!”
¡Puede dejar en manos del Héroe del Escudo Rudeus acabar con la vida de la Perra Geese![1]
“Ah, sí, por supuesto que tendrás que encargarte de eso. El asunto es que…” A partir del tono de Orsted, supuse que estas palabras venían de la parte del setenta por ciento de duda.
“Orsted-sama, ¿le molesta algo?”
“Me contaste todo eso por medio de la tableta de contacto,” explicó él. “¿Por qué viajaste hasta aquí para volver a decirlo?”
“Estoy obligado a dar mis reportes. Además, parece que mis planes futuros tendrán que cambiar, así que creí necesaria una reunión.”
“Ya veo…” dijo Orsted mientras dejaba salir un suspiro. Él se apoyó sobre el respaldo de su silla. “¿Y bien? ¿Cuáles son tus planes?”
“Lo explicaré brevemente,” dije, aclarando mi garganta. “Como mencioné a través de la tableta de contacto, Geese me dijo que él está reuniendo aliados para poder matarme en una batalla cara a cara. No sé si estaba diciendo la verdad o no, pero yo planeo contrarrestarlo reuniendo mis propios aliados poderosos.”
“Mm.”
¿De verdad tenía que mirarme como si estuviera diciendo, Eso es exactamente lo que me dijiste a través de la tableta de contacto?
Yo creí que hablar en persona podría llevar a algunos descubrimientos nuevos o algo así, perdón por eso… Además, comprobar la situación es importante. No sería bueno si estuviésemos mirando la situación desde diferentes perspectivas.
“Primero que nada, quiero contactar al Dios de la Muerte en el Reino del Rey Dragón, luego Atofe, y después de eso iré con el Dios del Norte… Ah, ¿y usted sabe dónde está el Dios del Norte?”
Después de Atofe, yo quería ir y hablar con los siete grandes poderes, comenzando con los más fuertes de ellos:
Número cinco: el Dios de la Muerte.
Número seis: el Dios de la Espada.
Número siete: el Dios del Norte.
Durante la última reunión con Orsted, él me había dicho que el Dios del Norte era más abordable que el Dios de la Espada, así que planeaba alterar un poco el orden y priorizar al Dios del Norte.
“No lo sé. Cada Dios del Norte ha sido un viajero. La más mínima alteración en el curso de la historia podría hacer que aparezca al otro lado del mundo. Después de tantos cambios, no puedo asegurarlo.”
“¿Qué ocurre normalmente?”
“Creo que el segundo Dios del Norte estaba en el Continente Begaritt, mientras que el tercero estaba en la zona de conflicto del Continente Central.”
Ambos estaban muy lejos, y nombrar continentes enteros no ayudaba a la búsqueda.
“Entiendo. Supongo que el siguiente es el Dios de la Espada.”
Entonces el orden ahora era el Dios de la Muerte, Atofe, luego el Dios de la Espada… Para ser honesto, yo quería hablar con muchas más personas. La cima de los Siete Grandes Poderes era, en orden, Dios de la Técnica, Dios Dragón, Dios de la Lucha, y Dios Demonio.
Aparte del Dios Dragón, todos ellos están sellados o desaparecidos, ¿cierto? Esperen un momento…
“Ahora que lo pienso,” dije, “¿cree usted que yo pueda obtener la ayuda del Dios de la Técnica? Lo recuerdo diciendo que él se separó del Dios Demonio, lo cual significa que debería estar dispuesto a ayudarme a luchar contra el Dios Humano, ¿cierto?”
“Puedes usar tu tiempo en cosas mejores.”
“Sí, sus recuerdos terminaron un poco confusos, ¿no? Bueno, entonces qué tal si, digamos, lo volvemos a fusionar con el Dios Demonio Laplace para devolverlo a su verdadera forma—ah, esperen. Supongo que eso solo haría enojar a Perugius-sama, ¿no? ¿Tal vez usted podría, eh, hablar con él?”
“Suficiente,” gruñó Orsted, y yo cerré la boca. “No me aliaré con ellos.”
Ellos. Ahora entendía lo que estaba diciendo. Orsted veía a Laplace y Perugius como trozos del mismo pastel. Lo mismo probablemente aplicaba a los cinco generales dragón.
“Pero, um, ¿no cree que, si Perugius supiera algo sobre Laplace, él hablaría?”
“Si él se convierte en mi enemigo, yo terminaré con su vida.”
“… Entendido.”
Solo podía suponer la razón por la que estaba siendo tan obstinado. Perugius no era afectado por la maldición de Orsted. Aun así, Orsted no se esforzaba por acercarse a él, y ahora se estaba rehusando testarudamente. Pero nosotros no teníamos tantas opciones disponibles.
Aun así, por alguna razón, dudé en hacer la pregunta. Simplemente no podía preguntar. Se sentía como si este no fuese el momento correcto.
Si le preguntaba, ¿Acaso los tesoros secretos que llevan hacia el Dios Humano son las vidas de los Cinco Generales Dragón? sospechaba que yo terminaría ya sea con Perugius u Orsted como mi enemigo. Yo les debía mucho a ambos, y no quería terminar en medio de su disputa. Ahora mismo, la mejor decisión era pretender que aún no sabía nada.
“Entiendo,” dije. “Entonces avancemos a lo siguiente.”
“Estoy de acuerdo.”
Decidí cambiar el tema. Nada bueno saldría de insistir con un plan que Orsted ya había rechazado. Yo era un subordinado de Orsted, lo cual quería decir que él tenía la decisión final en cuanto a nuestro curso de acción.
“Si bien traté de usarla de todas las formas posibles en Millis, tuve la impresión de que su, er… autoridad, o como quiera llamarla, era un poco escasa.”
“Eso es porque yo no tengo ninguna,” respondió Orsted.
¡No seas tonto, por supuesto que la tienes! Eso quería responder, pero pensándolo bien, los Siete Grandes Poderes básicamente eran atletas que habían ganado una medalla olímpica. Tal vez ellos no tenían ninguna autoridad formal. Por otro lado, los Siete Grandes Poderes eran personas importantes en este mundo. Aunque los plebeyos tendían a olvidarlos, las personas con suficiente posición social al menos los conocían gracias a su reputación. Los Siete Grandes Poderes incluían a lo mejor de lo mejor en cuanto a espadachines—el Dios del Norte y el Dios de la Espada. Sus estudiantes eran contratados como instructores de artes marciales y guardias por todo el mundo. Cuando pensabas en lo fuertes que eran y lo valiosos que serían como aliados para cualquier disputa política, la posición de Orsted como el número dos dentro de los Siete Grandes Poderes parecía ser algo realmente importante—y yo estaba ansioso de darle un buen uso.
“Bueno, acerca de eso: le tengo una propuesta,” dije.
“¿De qué se trata?”
El asunto era que, si bien Orsted virtualmente era un donnadie, Perugius era una persona mundialmente conocida. Debería ser fácil impresionar a las personas si ellas creían que yo estaba en la misma categoría que él… aunque solo fuera gracias al título.
“Me he estado presentando a mí mismo como la Mano Derecha del Dios Dragón, pero todavía es un poco… ¿cómo debería decirlo? No hace ruido en las personas. Bueno, no a muchas personas les sorprende el título Dios Dragón, ¿sabe? O, bueno, no se siente de esa manera. Así que me estaba preguntando si, para mayor claridad, yo podría hacerme llamar Rey Dragón. Podría ser algo así como Rey Dragón del Pantano, lo que sea que parezca adecua—”
“No,” dijo Orsted.
Esperen, ¿qué?
“Te prohíbo usar el título Rey Dragón.” Él estaba mirando intensamente hacia mí. Tan intensamente que daba miedo. Sí, lo entiendo. Yo podía leer su rostro, incluso cuando este tenía una expresión que nunca antes había visto. Esta probablemente era su cara de enojo.
Él está realmente enojado. ¿Qué demonios? Cielos, no puedo dejar de temblar.

“Todos ellos viven como quieren, aferrándose a su estúpido orgullo. Después mueren a causa de rencillas patéticas.”
Al no responderle, Orsted continuó, “Tú eres diferente. Es por eso que no puedes usar ese título, Rudeus Greyrat.”
“Yo… eh… Sí, señor.”
Eso fue inesperado. Yo no me había preparado para una confrontación real. Creí que él me respondería con un indiferente, “Puedes hacerte llamar como quieras.”
Maldición. No podía dejar de temblar.
Oí un sonido de chasquido de lengua, justo mientras Eris se movía hacia el frente.
“¡Eris, no!” la detuve.
Tranquila. Esto no es una batalla. No es un altercado. Yo dije algo que va totalmente en contra de los planes del jefe para la compañía, y él ahora está enojado. Así que ya deja esa postura, y quita tu mano de tu espada, ¿bueno?
“Fui demasiado lejos. Me disculpo,” dije.
“No importa,” respondió Orsted, y yo bajé mi cabeza. La ira de Orsted se disipó. Orsted siempre actuaba basándose en los bucles, pero algunas cosas aun así no eran transables. Yo había tocado un tema sensible sin pensarlo. Bueno, como sea. No importaba cómo me hiciera llamar. Podía proyectar autoridad de muchas otras maneras. Podría no ser fácil encontrar una forma de destacar mi majestuosidad, pero podía… bueno, hm. ¿Tal vez podía tomar prestada algo de autoridad de Ariel y el Reino de Asura?
Bien, usemos eso.
“Asumamos que en cambio consigo que Ariel me conceda algo de autoridad. ¿A quién debería tratar de traer a nuestro lado después del Dios de la Espada?”
“El Reino Biheiril sería la mejor opción. Ahí es donde reside el Dios Ogro. El Dios del Metal puede esperar. Si las cosas llegan a una guerra, él proporcionará armas de buena calidad, pero no es bueno en una batalla.” Ahora que Orsted lo menciona, yo lo recordaba diciendo que el Dios Ogro y el Dios del Metal deberían ser considerados.
“¿Dice que debería ir a tratar de convencer al Dios Ogro?”
“No. Es extremadamente probable que sea un apóstol del Dios Humano. Deberíamos acabar con él antes de que Geese pueda reclutarlo.” Cierto, el Dios Ogro probablemente se enfrentaría a Laplace. Y Laplace era el enemigo del Dios Humano. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, lo cual quería decir que el Dios Ogro era fácil de convertir en un apóstol, y por lo tanto deberíamos acabar rápidamente con él. Bueno, sí, eso tenía sentido como una estrategia—reunir nuestras propias piezas mientras al mismo tiempo destruíamos las de Geese, y nos deshacíamos de ellas una a la vez para que no pudieran atacarnos todas al mismo tiempo. Esa era una forma de afrontarlo.
“¿Hay alguien más que probablemente se convierta en nuestro enemigo?”
“Mmmm. No, ninguno tan importante como el Dios Ogro,” respondió Orsted. “Está el Rey Abismal Vita que vive dentro de Infierno, un laberinto en el Continente Divino, y el Rey Demonio Vil Qeblaqabla del Continente Demoniaco. Sería prudente deshacerse de esos dos. Sin embargo, tomar la iniciativa para acabar con ellos causaría problemas, así que pueden ser dejados para el final.”
“Entiendo.” Todos ellos tenían nombres peligrosos. Me pregunto si yo tendría que luchar contra ellos por el crimen de probablemente convertirse en apóstoles del Dios Humano. Ellos aún no habían hecho nada. No eran apóstoles. ¿Acaso le molestaría a Orsted si yo primero los convertía en mis aliados? Yo no me oponía totalmente a luchar contra ellos—si parecía que las cosas no iban a funcionar, lucharía contra ellos en ese momento. A decir verdad, no me gustaba mucho ir matando personas antes de que siquiera se hubiesen involucrado en esto.
“Muy bien, entonces el plan es ya sea convertirlos en mis aliados o neutralizarlos.”
“Así es.”
Supongo que los detalles los decidiremos más adelante.
“Ahora el siguiente asunto. Sobre mi plan de visitar el Reino del Rey Dragón…”
Después de eso, Orsted me dio algo de información sobre la familia real y los nobles con poder dentro del Reino del Rey Dragón. Ahí fue donde dejamos las cosas.
No había esperado que el asunto del Rey Dragón le molestaría tanto.
Debo tener más cuidado la próxima vez.
“Fiu…”
“¡Bienvenido, Presidente Rudeus!” En el momento que salí de la oficina del jefe, la chica en la recepción se puso de pie y bajó su cabeza de forma entusiasta. Era una chica mitad elfo, mitad humana. Ella había heredado la larga esperanza de vida de un elfo, pero todavía era muy joven. Había sido contratada como la secretaria de Orsted después de una serie de rigurosos procesos de selección sobre una gran cantidad de candidatos. Ella pasaba todo el día sentada aquí, nunca viendo a Orsted porque él siempre estaba encerrado en su oficina. Ella actuaba para cumplir sus órdenes solamente a través de comunicación escrita, mientras al mismo tiempo se encargaba de sus deberes administrativos. ¿Cuál era su nombre…?
“Ah, sí, gracias.”
“No se ve muy bien. ¿Ocurrió algo?”
“Um, la verdad no… Orsted-sama no estaba muy feliz conmigo.”
“¡Ya veo! ¡Incluso usted se mete en problemas de vez en cuando, Presidente!”
“Podría haber, eh, tirado de la cola del tigre esta vez, por así decirlo.”
“Cielos… Pero el Director Ejecutivo realmente confía en usted, Presidente Rudeus. Puede que él simplemente tenga expectativas altas de usted.”
“Jajaja. No, no creo que sea así.”
Ella era resistente a la maldición de Orsted y considerada con los demás. Una señorita bien educada en todos los sentidos. El único problema era que yo de verdad no podía recordar su nombre. En serio, ¿cuál era? Faristy… ¿o Feristaly? No, no era ese. Aisha probablemente lo sabría, pero ella ahora mismo estaba con Zenith en la habitación contigua.
Pero no era un problema. Se lo preguntaría a Aisha en privado otro día.
“Estaba pensando que, si Orsted es el Director Ejecutivo y yo el Presidente, ¿no suena como si yo fuera más importante que él?”
“Ah… ¿Entonces cómo debería llamarlo?”
No lo sé. Linia estaba actuando como Directora Ejecutiva, y Aisha era tanto una consejera como la vicepresidenta. Si yo era el presidente de la compañía, entonces eso nos dejaba con…
“¿Qué hay de Presidente en Jefe?”
“… Bueno, él debería tomar la decisión final.”
“Es cierto. Um, bueno, supongo que hay que consultarlo con él,” dije.
Dejando todo lo demás de lado, ella parecía estar haciendo un buen trabajo aquí. Hasta ahora no había habido ningún problema grave, y su alegría mantenía a todos motivados. Orsted no parecía tener ninguna queja. Yo además me había asegurado de contratar a alguien con una gran deuda, así que ella tenía motivación de sobra para tolerar uno que otro día difícil.
“¿No ha habido ningún otro problema?”
“No, nada.”
“Eso es un alivio. Si las cosas no van bien o hay algo más que quieras, por favor, contáctame de inmediato. Si está dentro de mi poder, me aseguraré de que se haga.”
“¿¡Qué!?” Ella estaba sorprendida. ¿Por qué? Era cierto que nuestra compañía no tenía ninguna norma de trabajo a la cual apegarse, pero yo estaba tratando de construir un ambiente de trabajo positivo.
“Lo siento, Presidente. Es solo que Orsted-sama me dijo lo mismo.”
“Ah, ¿lo hizo? Hah.”
“Él ya me ha estado tratando muy bien.” Normalmente, cualquiera que recibiera tal oferta, incluso indirectamente, estaría en guardia, pensando que era un trato con el diablo. Eso tenía que significar que el casco especial que Cliff había fabricado estaba haciendo su trabajo, atenuando los efectos de la maldición de Orsted.
“Es una lástima que ni siquiera pueda ver su rostro, después de todo lo que él ha hecho por mí.”
“Eso es culpa de la maldición. En el momento que veas su rostro, toda esa gratitud que sientes ahora mismo se convertirá en odio y disgusto.”
“Es horrible, ¿no?”
“Lo es. Y es por eso que, cuando Orsted-sama esté trabajando en su oficina, nunca debes dar un vistazo a través de la puerta corrediza.”
“… ¿Q-qué puerta corrediza?” repitió ella, confundida. Yo tosí. De hecho, siempre y cuando él estuviese usando el casco, un vistazo o dos probablemente no harían daño. Pero conociendo a Orsted, él no usaba el casco todos los días y en todo momento. Nunca podíamos ser demasiado cuidadosos.
“No importa. Entonces dejaré las cosas en tus manos.”
“Entendido, Presidente.”
“Una cosa más. ¿Puedes comentarle al jefe que el presidente se veía muy angustiado?”
“Por supuesto,” sonrió ella. “Sabe, no esperaba que usted fuese tan tímido.”
Eso no es una sorpresa. Yo siempre he sido así. Soy tan valiente como un chihuahua.
Abandoné la oficina luego de esa conversación.
Cierto. A continuación, debía reportar a mi familia los eventos sobre Zenith y todo el asunto con Geese. Había mucho que necesitaba decir. Al menos no todo eran malas noticias, pero eso era un triste consuelo.
Lilia
Elinalise estaba con nosotros ese día. Ella venía a la casa un par de veces a la semana para hablar con las señoras de la casa. Estaba casada con un niño y era la señora de su propia casa, pero su esposo estaba lejos. Seguramente se sentía sola. Esa sensación era una muy familiar para las señoras de la casa y para mí. Sin embargo, a partir del comportamiento de Elinalise, nunca sabrías que estaba sufriendo tranquilamente en su interior—imagino que era por eso que ella constantemente venía a pedir consejo. Nosotras repasábamos todo tipo de preguntas, desde qué clase de educación era apropiada para niños de cierta edad hasta pequeñas quejas.
Esta era una de las preguntas: “¿Cuándo cree que Aisha aprenderá a comportarse como una adulta?”
“Yo me pregunto lo mismo. No es como si ella no pudiera… Bueno, Aisha probablemente no lo hará hasta que sienta que es necesario.”
“¿Cuándo será eso?”
“Bueno, tal vez cuando ella encuentre a un chico que le guste…”
“Supongo que ese no será Rudeus-sama.”
“Sabes tan bien como yo que la razón por la que Aisha sigue actuando como una niña es porque ella está completamente obsesionada con su papel de hermanita de Rudeus. Ella no es ni su esposa ni su amante.”
“Ahora que lo estamos discutiendo, supongo que yo sí sabía eso.”
“Habiendo dicho todo eso, tú necesitas encontrar a alguien más para Aisha. Alguien encantador. Alguien que no le prestará atención a menos que ella se comporte como una adulta.”
“Mmm,” reflexioné. Sí, yo era quien estaba buscando un consejo ese día. Elinalise se veía mucho más joven que yo, pero ella tenía un conocimiento que se adquiría con la edad. Yo estaba agradecida por la forma tan amable con la que escuchaba mis preocupaciones.
“Sí. Necesitas a alguien más joven y un poco inútil. Alguien que quiera mucho a las mujeres maduras.”
“¿Que las quiera mucho?”
“Exactamente. Aisha no debería tener problemas satisfaciendo las fantasías de un niño como ese, y ella además puede inculcar algo de sentido común en esa clase de chico.”
Yo sabía perfectamente bien que Aisha no iba a terminar casada con Rudeus-sama. Él no la quería, y ella no estaba interesada en él. Por desgracia, yo tampoco podía ver que las cosas salieran bien si traía algún candidato potencial para matrimonio a la casa.
“Todo lo que puedes hacer es tratar de que eso ocurra.”
“Entiendo…” respondí, agachando mi cabeza, y entonces grité, “¡Ah!” cuando Leo entró galopando a la sala de estar. Lara-sama y Lucie-sama estaban sentadas sobre su espalda. Ellas parecían estar jugando al caballito.
“¡Guau!” ladró Leo, mirando hacia mí.
Qué extraño. Él era un perro inteligente, y solo ladraba cuando había una razón. ¿¡Podría ser que algo le ocurrió a Sylphiette-sama!?
“¡Guau, guau!” Leo agitó su cola, para luego mirar desde mí hacia la puerta frontal una y otra vez.
Ah, olviden eso. Leo estaba demasiado feliz. Además, si algo le hubiese ocurrido a Sylphiette-sama, él habría ladrado urgentemente pidiendo ayuda.
Su mirada ahora estaba fija en la puerta frontal. ¿Acaso teníamos un visitante? Leo usualmente no agitaba su cola para los visitantes. Ah, tal vez Roxy-sama ha regresado a casa, pensé, poniéndome de pie justo cuando el cerrojo de la puerta frontal hacía click. Me apresuré para recibir a los recién llegados.
“Ah, hola, Lilia. Regresamos.”
“¡Hola, Lilia!”
“¡Bienvenidos a casa, Rudeus-sama! ¡Eris-sama!” grité.
Ahí, de pie debajo del marco de la puerta, estaba Rudeus-sama, junto con Eris-sama, Zenith-sama, y Aisha, y mucho antes de lo que había esperado. El plan de Rudeus-sama había sido permanecer en Millis cerca de medio año, pero apenas había pasado un mes y medio desde que se fueron. Además, la expresión de Rudeus-sama era inusualmente seria…
Inmediatamente supe lo que debe haber ocurrido. Había habido problemas. Sea lo que sea, probablemente era culpa de Claire-sama. Claire-sama no era una persona muy flexible, y además bastante severa con Aisha y Norn-sama. Ella era una devota creyente de Millis y para nada una mala persona, pero al mismo tiempo no era una que pudieras llamar buena, incluso si estabas siendo amable. Al pensar en sus personalidades, ella y Rudeus-sama serían como aceite y agua.
Si tuviese que adivinar, ellos habían tenido un serio desacuerdo sobre algo relacionado con la familia, y había terminado en una confrontación.
“¿Ocurrió algo?” pregunté. La expresión ya seria de Rudeus-sama se volvió todavía más seria. Yo estaba segura de que Rudeus-sama podía enfrentar cualquier obstáculo… pero era un hecho que algunas diferencias simplemente no podían llegar a un entendimiento mutuo.
“Supongo que podrías decirlo así,” respondió él. Su forma de decirlo fue deliberadamente vaga.
“¿Fue a causa de Claire-sama?” pregunté. Rudeus se veía sorprendido.
“No,” respondió él. “Bueno, Claire y yo si tuvimos una pequeña pelea. Aunque ahora todo está bien entre nosotros. En lo profundo, ella no es una persona tan mala.”
Esto solo me dejó más perpleja, a pesar de que me sentí un poco aliviada. Durante el último mes y medio, yo había estado sintiéndome ansiosa sobre no haber ido con ellos. Había pensado que debí haberlos acompañado como mediadora. De acuerdo a la explicación de Rudeus-sama, mis preocupaciones eran infundadas. ¿Qué había salido mal?
“Entonces—” comencé a decir, pero Rudeus-sama apartó la mirada con una expresión preocupada en su rostro. A su lado, Aisha se veía incómoda. Algo más debe haber ocurrido. Al ver a Aisha, ella pudo haber sido la causa del conflicto.
“¿Acaso Aisha fue una molestia?” Tal como le había estado diciendo a Elinalise, Aisha, a pesar de ya tener quince años, se rehusaba rotundamente a comportarse como una adulta. Ella era talentosa, pero seguía actuando como una niña.
Hace mucho tiempo, yo estaba muy orgullosa de ella. Esta chica es una niña genio, había pensado. Ahora puedo pagarle a Rudeus-sama por su amabilidad. Pero ella nunca dejó de ser una niña genio…
“No, Aisha desempeñó bien su trabajo,” dijo Rudeus.
Para este momento, incluso yo sentía que era una entrometida mientras abría mi boca. “¿Entonces por qué—?”
Rudeus-sama me interrumpió. “Yo… Escucha, una vez que comience a explicarlo, va a ser una historia realmente larga. ¿Podemos esperar hasta que todos estén aquí?”
“Por supuesto. Ruego que me disculpe, Rudeus-sama.”
“No te preocupes… Oye, no todas son malas noticias. Tengo algo de información genial. Um, necesito desempacar, así que cuida a mi mamá en mi lugar, ¿bien?” Rudeus-sama sonrió débilmente, para luego subir apresuradamente a su habitación. Una Eris-sama preocupada fue tras él.
Aisha y Zenith-sama permanecieron en su lugar. Aisha estaba triste, pero de alguna forma sentí que Zenith-sama estaba de buen humor.
“Aisha, ¿te portaste bien?” pregunté.
“Yo, um, metí un poco la pata.” Ah, así que no estaba triste. Ella estaba deprimida.
Eso no es típico de ti, pensé. Desde que ella era una niña, Aisha casi no había cometido ningún error, y en las raras ocasiones que lo hacía, ella raramente lo admitía. Aun así, aquí estaba ella, admitiendo uno sin pensarlo dos veces. Ella debe haber madurado un poco más de lo que yo había creído.
“¿Fue algo muy malo?”
“No, Rudeus lo solucionó de inmediato.”
Me quedé en silencio. ¿Qué pudo haber sido? A partir de esa mirada en el rostro de Rudeus-sama…
Pero no importaba. Él dijo que hablaría al respecto más tarde, así que yo esperaría.
Repentinamente me di cuenta de que Zenith estaba mirando hacia mí. Ella estiró su brazo, viéndose extremadamente alegre, así que yo tomé su mano y la llevé a su habitación.
Más tarde esa noche, toda la familia se reunió. Todos estaban ahí por orden de Rudeus-sama. Elinalise ya había estado aquí, así que ella por supuesto que estaba presente, como también Norn-sama y Roxy-sama, quienes acababan de llegar a casa desde la universidad. Por supuesto, era usual que la familia se reuniese cuando Rudeus-sama regresaba a casa, pero mucho menos común que él lo propusiera formalmente. Nosotros usualmente solo reuníamos a todos cuando los ojos perceptivos de Aisha o Sylphie-sama creían necesario hablar de algo. Rudeus aún tenía esa mirada en su rostro.
Esto iba a ser importante. Mientras él comenzaba su historia, yo escuché con inquietud.
“Comencemos con esto. Primero, cumplí exitosamente mis objetivos en Millis. Cliff también se ganó su lugar dentro de la Iglesia, así que no hay necesidad de preocuparse por él.”
A pesar de la pelea con Claire-sama, Cliff-sama se había establecido a sí mismo dentro de la iglesia como había planeado originalmente, y el Grupo de Mercenarios Rupan estaba listo y en funcionamiento como resultado. Ahora la iglesia estaba enormemente en deuda con Rudeus-sama y él había reclutado a la Niña Bendita como una aliada de Orsted. Parecía haber sido un rotundo éxito. Elinalise-sama se veía aliviada al escuchar que Cliff-sama había logrado encontrar su lugar en Millis. Por desgracia, la historia de Rudeus no terminó ahí.
“Geese es un apóstol del Dios Humano,” anunció Rudeus.
Geese. ¿Ese ladrón demonio del viejo grupo de aventuras de Paul-sama? Él estuvo detrás de todos los problemas que Rudeus-sama se encontró, y, al final, Geese había hecho una declaración de guerra antes de huir. Yo lo había conocido por muchos años, desde que cruzamos juntos hacia el Continente Begaritt. Incluso entonces, él siempre estaba preocupado por el bienestar de Paul-sama y Zenith-sama. Mientras Paul-sama estaba hundido en la depresión, Geese corrió por todos lados tratando de reclutar poderosos guerreros para unirse al grupo, vendiendo mapas que él mismo había dibujado por una ganga. Todo el tiempo que él estuvo ayudando a Paul-sama, Geese nunca hizo notar que tenía planes ocultos.
No podía cuadrar el Geese en mi mente con el Geese que Rudeus-sama describió—el traidor tratando de deshacerse de Rudeus-sama, Roxy-sama, y los demás.
“Me lo he estado preguntando desde que llegó tu solicitud de publicar que él era un criminal buscado…” dijo Roxy-sama. “¿Estás seguro de que no ha habido algún error?” Siendo ella misma una experimentada exploradora de laberintos, Roxy siempre había tenido a Geese en alta estima. De acuerdo a ella, no existía nadie más confiable en cualquier campo excepto el combate.
“Si solo… si solo pudiera decir que es así…” Rudeus-sama mostró una sonrisa triste, para luego sacar una carta de su bolsillo. Roxy-sama la recibió de él y leyó su contenido. Su expresión somnolienta de siempre se oscureció, pero ella asintió, aceptándolo de inmediato. Ella me pasó la carta a mí. Cuando le di un vistazo, yo también lo entendí.
La carta tenía un tono despreocupado y amistoso a pesar de su contenido. Algo en eso me lo dijo instantáneamente—de verdad se trata de Geese. No era como si él odiase a Rudeus-sama o Roxy-sama, o que estuviera conspirando para asesinarlos desde el comienzo. Él y Rudeus-sama de casualidad estaban en lados opuestos, pero no era la clase de enemistad que nacía del resentimiento.
“Haciendo estas cosas de vez en cuando, diciéndote que te enfrentará justamente cuando usualmente nunca se molesta en hacerlo… De cierta forma, eso es típico de Geese,” dijo Elinalise-sama mientras suspiraba.
Pensándolo bien, esta clase de cosa había ocurrido frecuentemente detrás de escena en el palacio de Asura. Las feroces luchas por el poder de ese país habían enfrentado a personas que no tenían una enemistad personal entre ellas. Sin embargo, una vez que las circunstancias habían enfrentado a un hombre contra su amigo, la tradición dictaba que él debía enfrentar a su nuevo enemigo en una pelea justa. Esta carta seguía esa mentalidad.
“Sé que Geese hizo mucho por todas ustedes, así que lamento tener que decirles esto,” dijo Rudeus-sama, “pero parece que tendré que luchar contra él… y matarlo.”
Esas palabras parecían provocarle mucho dolor. Puede que no sea evidente, pero creo que Rudeus-sama tenía a Geese en alta estima. Eris-sama los describía como buenos amigos y me había dicho que ellos se llamaban entre sí Jefe y Novato. La forma en que Geese hablaba sobre los logros de Rudeus-sama como si fueran los suyos me hicieron pensar que de verdad amaba a Rudeus-sama. Probablemente él era el que estaba sufriendo más.
“Ah, Rudy…” dijo Sylphie-sama. Ella parecía no saber qué decir.
En contraste, el rostro de Roxy-sama era uno serio. “Geese. Nuestro Geese…” murmuró ella.
Ella, como yo, había estado en ese grupo con Geese. Ella había dejado su vida en sus manos. Sin embargo, Roxy-sama aceptó rápidamente esta nueva revelación. No había vacilación en sus ojos. Al contrario, yo tenía la sensación de que ella estaba determinada a ser un pilar de apoyo por el bien de Rudeus-sama.
“En fin,” continuó Rudeus-sama, “parece que volveré a estar fuera de casa por un buen tiempo. Tienen a Leo aquí para protegerlas, pero no hay forma de saber lo que Geese podría hacer. Quiero que todas tengan cuidado y que no se arriesguen innecesariamente, ¿bueno?”
Yo no iba a permitir que ninguna de las presentes se convirtiera en una carga para Rudeus-sama. Yo trabajaría junto al resto de la familia para asegurar que toda la casa estuviera a salvo, esto para que Rudeus-sama pudiera luchar sin tener que preocuparse por nosotras. Él siempre estaba preocupándose, siempre mirando atrás sobre su hombro. Él no podía ver lo comprometidas que estábamos. De seguro esa era una buena cualidad, pero cuando no podía apoyarse en nosotras terminaba sintiéndose distanciado. Aunque supongo que, desde la perspectiva de alguien como Rudeus-sama, nosotras debemos vernos terriblemente indefensas.
“Me aseguraré de ello,” respondió Roxy. “Rudy, si Geese está conspirando contra ti, esta ya no es una simple misión para mí. Si necesitas algo, solo dímelo.”
“Lo mismo digo,” agregó Sylphie. “No puedo hacer nada ahora mismo, pero estoy aquí para ti, Rudy.” Ellas como siempre estaban desempeñando sus papeles.
“¡Sí, cuenta con nosotras!” agregó Eris-sama, justo cuando Aisha decía, “¡Así será!” Ambas hablaron como si no hubiese otra respuesta posible.
“Entiendo la situación,” dijo Norn-sama. Ella se veía insegura, pero asintió de forma determinada.
Por supuesto, yo también di mi aprobación, “Puede que no sea de mucha ayuda,” dije, “pero me aseguraré de no ser una molestia para usted.”
Si no fuese por la vieja herida en mi rodilla, tal vez pude haber hablado con más confianza. La respuesta que di fue lo que me permitió mi fuerza.
“Gracias,” dijo Rudeus-sama. “Como dije, yo probablemente no estaré en casa por un tiempo. Pero creo que, por ahora, podemos dar por terminada esta reunión famili—”
“Espera, Onii-sama,” intervino Aisha. “Tienes que contarles sobre Zenith.”
“Ah, sí.”
Zenith-sama. Sentí que mi cuerpo se ponía rígido. En ese momento recordé que todavía no se mencionaba el error que Aisha no había querido decir y eso me puso aún más nerviosa. Pero Rudeus-sama estaba sonriendo.
“Bueno, de hecho, ya sé todo sobre la maldición de Mamá,” dijo él. Entonces estas tenían que ser las buenas noticias que él había mencionado, no el error de Aisha. “Ella tiene una maldición que le permite leer mentes. No lo puede ver todo, pero… parece que nos entiende muy bien a todos nosotros.”
Rudeus-sama nos transmitió todo lo que la Niña Bendita le había dicho y luego describió la forma en que Zenith-sama veía el mundo a su alrededor. Las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas mientras una gran ola de recuerdos me inundaba. Ahora que sabía qué buscar, había habido varias señales. Zenith-sama siempre había estado un paso adelante cuidando el jardín, y cuando Lucie-sama todavía era pequeña, Zenith-sama parecía saber cuándo lloraría incluso antes de que ocurriese. Después estaba… bueno. No estaba segura de cómo describirlo. Zenith-sama sabía sobre Paul. Todos asumimos que ella no se había dado cuenta de que él estaba muerto. Pensamos que, si sus recuerdos regresaban algún día, ella estaría devastada. Pero ella lo sabía todo. No solo eso, sino que lo había aceptado y había comenzado a seguir adelante. Cuando me di cuenta de eso, no pude contener mis lágrimas.
“Lilia…” dijo Rudeus-sama.
“Lo siento mucho. Rudeus-sama…” Todos los presentes estaban conmovidos, pero yo fui la única que enterró su rostro en sus manos y se puso a llorar. Recientemente yo no había hecho más que llorar. Cuando era joven, apenas había derramado algunas lágrimas. No creí que mis emociones tuvieran tanta influencia en mí. Podría ser otra señal de que estaba envejeciendo.
Aisha acarició mi espalda mientras yo sollozaba, y mi llanto eventualmente se detuvo. Pero justo en ese momento, Zenith-sama se acercó a mí y colocó una mano sobre mi cabeza, lo cual reinició mis lágrimas.
Rudeus
Había terminado de dar mi reporte de viaje a mi familia. Todas dieron sus respuestas alentadoras de siempre—palabras que me hicieron sentir que podía apoyarme en ellas. Yo sabía que Lilia y Roxy en particular tenían sentimientos encontrados sobre Geese, pero ambas accedieron a la necesidad de acabar con él sin ninguna queja o duda.
El siguiente era Zanoba. Yo planeaba hacer una visita al Reino del Rey Dragón, así que tendría que ir a visitarlo antes de volver a despedirme de él. Zanoba sin duda tendría sus propios pensamientos sobre el asunto.
Tanto Eris, como Sylphie y Roxy vinieron conmigo. Llevamos el carruaje del Grupo de Mercenarios a la Tienda Zanoba. El asunto principal en la agenda era hacer una lista para fortalecer la Armadura Mágica.
“Muy bien, entonces apeguémonos a eso,” dije cuando él dio sus ideas.
Era hora de retomar el desarrollo de la Mark III. Más allá de eso, yo necesitaría otro truco para tener bajo mi manga. Geese ya vio la Armadura Mágica, así que él descubriría alguna forma de contrarrestarla. Yo quería otra arma secreta.
Cuando le expliqué todo eso, Zanoba respondió confiadamente, “Estaré feliz de ayudar.”
“Yo también,” intervino Roxy. “Mi conocimiento sobre círculos mágicos ha crecido sustancialmente durante los últimos años. Creo que puedo ser de algo de ayuda.”
¿Dijiste ayuda? Es decir, estoy agradecido, pero no sé si esa es una buena idea…
El asunto era que la Armadura Mágica ahora era tan compleja que ni siquiera yo podía hacer mucho más que armarla y activarla.
“¿Estás segura?” dije. “No es la clase de cosa que puedas tomar a la ligera.”
Roxy hizo un puchero. “Rudy, cariño, sabes con quién estás hablando, ¿cierto?”
“¡L-le ruego me disculpe!” tartamudeé.
¡Solo perdí la cabeza por un segundo! ¡Es obvio que no hay nada que Roxy-sama no pueda hacer! ¡No sé lo que estaba pensando! ¡Soy un bufón! ¡Una causa completamente perdida! ¡Debo morir aquí mismo!
“Estudié todo eso por ti, Rudy. Repasé todas las notas de investigación de Zanoba y Cliff para poder ayudar con el mantenimiento y las mejoras.”
“¡Roxy…!”
Es cierto, en Shirone, ella podía dibujar círculos de magia de fuego de nivel Santo…
Se me ocurrió que tal vez ella no siempre había sido capaz de eso. Quizá lo había aprendido cuando estudió círculos mágicos después de regresar a la universidad.
“Muy bien,” accedí. “¡Estoy colocando la Armadura Mágica—y mi vida—en tus manos, Maestra!”
“Acepto la responsabilidad,” respondió ella.
Yo había asumido que, sin Cliff, la investigación de la Armadura Mágica se estancaría, pero al final había sido un feliz error de cálculo. Cualquier armadura que Roxy fabricase para mí equivaldría a un ejército. Si así lo quería, ella podría haber fabricado algo peligroso usando una caja de cartón; ¡yo podría enfrentarme a tres Orsted al mismo tiempo y limpiar el piso con ellos!
“Pero no soy Cliff, así que no te hagas expectativas tan altas,” dijo Roxy. Ella se veía orgullosa de sí misma a pesar de eso, presumiblemente debido a la confianza en sus habilidades. Me pregunto si ella no tiene ya algunos planes para mejoras.
“Jajaja. ¡Ahora que la maestra del Maestro está aquí, no habrá nada en lo que yo pueda ayudar!” dijo Zanoba, y todos nos reímos.
“Cierto, Zanoba,” continué. “Hay otra razón por la que vine aquí.”
“¿Oh? Sea lo que sea, suena serio. ¿Tal vez supo de mi adquisición de una fascinante nueva figura del otro día? ¡Cielos, es un espécimen único! Fabricado con un material raro. Sus extremidades son bastante—”
“Viajaré hacia el Reino del Rey Dragón,” dije, callando a Zanoba a mitad de su oración, “para ver a Randolph. Tú también vienes, ¿cierto?” Zanoba tomó mi mano, apretándola firmemente. Gracias a la Prótesis Zaliff fue un apretón frío, pero la fuerza de su agarre fue precisamente calibrada para no aplastar mi mano.
“Gracias, Maestro,” dijo él.
Sí, sí, suficiente de las gracias. ¿Vienes o no?
“Empacaré mis cosas de inmediato.”
Eso significa que vienes, ¿no? ¡Entonces estamos listos!
Zanoba había estado rogando saber cuándo me expandiría hacia el Reino del Rey Dragón desde hace ya mucho tiempo. Tenía mucho sentido que él fuera conmigo. Zanoba había pasado todo este tiempo realmente preocupado por el hijo que Pax había dejado atrás.
“Espera un momento,” dije. “No es como si fuera a partir justo ahora.”
“Ah, es cierto. Le ruego me perdone… Entonces primero encontraré a alguien que se encargue de la tienda. ¡Aunque apenas tengo trabajo ahora mismo!” sonrió Zanoba.
La Tienda Zanoba estaba creciendo día a día. El número de vitrinas y trabajadores se había incrementado, y estos días casi todo era manejado por los trabajadores del lugar. Como la cabeza de la organización, el trabajo de Zanoba ahora era tomar las decisiones finales sobre proyectos importantes, realizar entrevistas para posiciones ejecutivas, y comprobar la calidad de los productos en cada local. Dado que la propia Tienda Zanoba era algo así como una filial de la Sociedad del Dios Dragón, y que él no tenía que estar involucrado en cada toma de decisiones, bueno… Si era brutalmente honesto, no había mucho que él pudiera hacer aquí.
“Muy bien, solo asegúrate de hacerlo rápido.”
“Entendido,” respondió él, y así, yo seguí mi camino.
Nosotros no íbamos hacia el Reino del Rey Dragón debido a que algo había ocurrido. Yo no esperaba que algo ocurriera. Pero dado mi historial, las probabilidades de que terminemos envueltos en algo eran altas. Por ejemplo, podríamos encontrarnos con Geese tratando de reclutar a Randolph. Bueno, eso era improbable, pero yo aun así quería ir con la apropiada cautela.
Una persona permaneció inusualmente callada durante el camino a casa.
Eris miraba a través de la ventana del carruaje, aparentemente perdida en sus pensamientos. Tal vez estaba pensando en Geese. Sea lo que sea que pueda decir ahora, Eris le había tomado cariño a Geese cuando lo conoció en el Gran Bosque. Yo la recordaba diciéndome que ella lo obligaría a enseñarle a cocinar. Eris no se abría con muchas personas, pero fue diferente en el caso de Geese.
Sylphie repentinamente apretó mi mano. Yo levanté la mirada.
“Rudy, ¿está todo bien?” preguntó ella.
“… ¿Eh? Ah, sí, todo bien.” No sabía a qué se refería con todo, pero lo dije de todas formas. Toda la situación con Geese era una gran conmoción, pero había muchas otras cosas que estaban bien. La barriga de Sylphie había crecido desde que me fui con Zenith a su hogar en el País Sagrado de Millis. El embarazo había sido descubierto a los tres meses, y desde entonces había pasado otro mes y medio, así que ella tenía más o menos cinco meses.
“Sylphie, ¿qué hay de ti?” pregunté.
“Yo nunca fui cercana a Geese como el resto de ustedes.”
“Ah, es cierto.” Eso no fue lo que quise decir. Pero oigan, si ella no estaba mencionando el embarazo, solo me quedaba asumir que iba bien. Después de todo, este era su segundo hijo. Tenía sentido que ya tuviera experiencia en eso.
Aun así, no podía bajar la guardia. Hace mucho tiempo, el Dios Humano había dicho algo sobre cómo el destino se volvía ambiguo cuando las mujeres estaban embarazadas, y que eso facilitaba matarlas. Debido a que el Dios Humano dio esa siniestra advertencia, yo había invocado a una bestia guardiana ante la sugerencia de Orsted. Estaba bastante seguro de que Sylphie estaría bien, pero no podía sacudirme toda mi ansiedad. Estaba seguro de que había hecho todo lo posible, pero…
Ah.
Incapaz de creer mis propias palabras mientras hablaba, yo anuncié, “Dejaré el sexo de lado hasta que haya lidiado con Geese.”
Sylphie se me quedó mirando. Roxy jadeó. Eris entrecerró sus ojos hacia mí.
“Um, bueno. Si eso es lo que quieres, Rudy,” dijo Sylphie. “No me molesta, yo solo… ¿um…?”
“A mí tampoco me molesta,” dijo dubitativamente Roxy. “Aunque… ¿acaso esto es alguna clase de gesto religioso?”
“Se los dije, ¿no? El Dios Humano dijo que es más fácil deshacerse de ustedes cuando tienen un hijo en su interior. Geese también podría tratar de usar eso, así que creo que deberíamos detenernos por ahora.”
Todas miraron hacia mí como si esta fuera la primera vez que lo habían escuchado. Tal vez no se los había dicho. O quizá les había dicho y se les olvidó. Las mentes de las personas con frecuencia se volvían confusas.
“Supongo que no tenemos opción,” dijo secamente Eris, dándose la vuelta para volver a mirar fuera de la ventana. Ella no sonaba feliz, pero no se quejó. “Pero es difícil imaginar que cumplas una decisión como esa, Rudeus.”
¡Oye! Aparentemente mi región inferior no era confiable. Yo tampoco confiaba en ella. Por ahora se estaba comportando, pero cuando sostienes un arma cargada, tu dedo en el gatillo empieza a picar. Así son los hombres. Una vez que está cargada, no pasará mucho hasta que sea disparada.
“Tampoco hay forma de que Sylphie pueda seguirla,” agregó Eris.
“Erm… Lo cumpliré si es lo que Rudy quiere.”
“Como no. En el momento que Rudeus diga, ‘Solo vamos a jugar un poquito,’ tú cederás diciendo, ‘Bueno, si es solo un poquito…’ ¿Cierto?”
“… Sí,” admitió Sylphie.
Pero de seguro tocar estaba bien. Digamos que la acerco a mí y dejo la munición en el cañón… Solo un poco. Pensar de esa forma sería mi fin.
“Es por eso que yo estaré al lado de Rudeus todo el tiempo, lista para darle una paliza si intenta algo.”
Así que, si intento algo, Eris me dará un golpe que me apagará las luces. Entonces, una vez que despierte, lo habré olvidado todo. Perfecto.
“Gracias, Eris,” murmuré.
Muy bien. Desde este día en adelante, yo soy Rudeus el Célibe. Esto será pan comido.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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