El Mono y el Lobo
Capítulo Extra: El Mono y el Lobo
Geese
Abrí mis ojos.
Me puse de pie, haciendo tronar mi cuello y revisando que todo mi cuerpo estuviera funcionando. No había crecimientos extraños sobre mi piel. Aparte del leve gruñido de mi estómago, estaba tan fresco como una lechuga.
Salí de mi tienda y me estiré, sintiendo el crujir de mi espalda mientras bostezaba. Observé la salida del sol. La dirección del sol me dijo hacia dónde estaba de frente. Comparé eso con mi mapa y la cordillera para confirmar mi ubicación actual. También lo había comprobado ayer, antes de la puesta de sol, pero las cosas pueden verse diferentes de la noche a la mañana, ¿saben? Es importante comprobarlo dos o tres veces. En su mayoría son los idiotas los que no confirman dónde están y terminan perdidos.
“Hoy hacia el oeste, ¿eh?” murmuré para mí mismo mientras descubría hacia dónde tenía que ir. No había nadie alrededor para responder.
Anoche el Dios Humano volvió a aparecer en mis sueños. Me dijo que fuera hacia el oeste después de la salida del sol, que me detuviera al pie del tercer árbol en la Avenida Fenyl, para luego subirme al quinto carruaje que pasara. Montaría ese carruaje por un tiempo, para luego bajarme en la ciudad a la que llegue y pasar la noche en la Posada Vida Nueva. Él dijo que eso me mantendría fuera del radar del Grupo de Mercenarios Rupan.
No tiene mucho sentido, ¿cierto? Ahora bien, si eres un sujeto común y corriente, probablemente comenzarías a sentir sospechas de todo eso. No es como si el Dios Humano siempre te dijera la razón por la que tenías que hacerlo. Así que, en algún momento del camino, terminas haciendo algo un poco diferente de lo que él te dijo, y bam, te atrapan. Lo he vivido en carne propia, de verdad. En el pasado, yo solía terminar en situaciones como esa.
Pero en la actualidad, yo seguía al pie de la letra las palabras del Dios Humano. Me di cuenta de que esa es la forma correcta de vivir. En cuanto a mí, las palabras del Dios Humano son ley.
Sí, ya los escuché. Obviamente solo porque hago lo que él dice no quiere decir que todo siempre sale a la perfección. En ocasiones su consejo me mete en situaciones bastante complicadas. De hecho, eso pasa seguido. Pero ¿saben cómo respondo a eso?
¿Y bien? Vamos, piénsenlo. Ya sea si hago lo que él dice o no, a veces igual termino en situaciones de mierda. La vida no es siempre color de rosas. Pero hay una cosa que puedo decir con seguridad: siempre y cuando le obedezca, no moriré. ¿Cómo sé eso? Yo soy tan débil que doy pena, pero he superado algunas situaciones increíblemente peligrosas y vivido para contarlo. Escuchen, he visto a muchos tipos duros mucho más fuertes que yo cometer un error y morir. De hecho, es patético. Estos tipos siempre están presumiendo que son los mejores, pero cuando están a punto de morir ellos comienzan a lloriquear. ¡Ayúdenme, no quiero morir! ¡Sálvame, Mami!
Lo entiendo, todos pueden llegar a ser un poco patéticos, y eso está bien. Pero los tipos que mueren así siempre son los que van presumiendo por ahí que la muerte no les asusta. Todos ellos son del tipo héroe de verdad. ¿No les enferma eso?
Escuchen, las personas tratan de evitar la muerte—así es la naturaleza. Nuestros instintos nos dicen que morir es malo, que es aterrador. Y no me malentiendan, yo estoy asustado. No quiero morir. Siempre y cuando el Dios Humano me dé un consejo que me mantenga con vida, yo lo seguiré. Él es la razón de que yo haya sobrevivido hasta ahora. Podrían decir que es mi ángel guardián. O sea cual sea la versión malvada de eso.
La historia de cómo tuve mi oportunidad de pagarle por todo esto comienza hace algunos años. Yo estaba completamente borracho en un bar del Reino de Asura, como siempre, cuando el Dios Humano me habló. Él dijo que tenía una solicitud. Ahora bien, sus solicitudes casi nunca terminaban bien. La última vez que me buscó para una, mi hogar fue completamente borrado del mapa. Lloré lo que habría llorado en toda mi vida y grité hasta que no tuve voz. Esta vez, no tenía duda de que sería igual de malo. A él le gusta hacerte pensar que está de tu lado, para luego destruirte. Cuando mi hogar fue destruido, él apareció solo para reírse de lo estúpido que se veía mi rostro.
Yo esperaba todo eso, pero esta vez algo era diferente. No llegué tan lejos en la vida sin saber cómo leer a las personas. Podía notar que el Dios Humano estaba en serios problemas, y que había venido a mí buscando ayuda. Es por eso que decidí aceptar. Sí pensé que podría ser un acto, pero el tipo no es muy buen actor… Además, si él realmente estaba en un apuro, yo no dudaría en prestarle mi ayuda. Después de todo, una deuda es una deuda, y yo le debía una grande.
El Dios Humano dijo que Rudeus lo había traicionado. En la realidad, él probablemente había aparecido para burlarse de Rudeus como había hecho conmigo, y no había salido como lo planeó. En fin. Él dijo que ahora Rudeus era su enemigo. Que él se había aliado con el Dios Dragón Orsted. El segundo de los Siete Grandes Poderes. Alguien realmente impresionante. Los detalles no importan—todo lo que necesitaba saber era que el Jefe se había aliado con este dios realmente impresionante, y que ahora era un problema para el Dios Humano.
El Dios Humano puede ver el futuro. Él puede ver tan adelante en el futuro que, comparado al Ojo Demoniaco de la Premonición, este último bien podría ser ciego. Podrías pensar que para él sería un juego de niños derrotar a sus enemigos… pero aparentemente no era tan simple. Él no me dio todos los pormenores, pero sí me dijo dos cosas.
Primero, él solo podía ver los futuros de tres personas a la vez. Segundo, él no podía ver el futuro de Orsted. Si Orsted interfería con cualquiera de las tres personas cuyos futuros ya había visto, esos futuros cambiarían. Desde el punto de vista del Dios Humano, si Orsted—y solo Orsted—interfería con sus futuros, sería como si absolutamente nada hubiese cambiado. Desde su habitación blanca él podía ver todo el mundo, pero Orsted era un enorme agujero en su visión.
Él dijo que ahora Rudeus había heredado esta pequeña peculiaridad de Orsted. Él estaba bajo la protección del Dios Dragón o algo así. Orsted tenía alguna clase de maldición que provocaba que las personas le tuvieran miedo y lo vieran como un enemigo, así que no existían muchas personas así. Nadie acudía a él por ayuda, y no tenía ningún aliado. Pero con el Jefe como su intermediario, repentinamente podía reclutar a un montón de personas para su lado. Ahora bien, ¿cómo creen que terminará eso para el Dios Humano?
Lo divertido de todo esto es que el Dios Humano puede ver su propia muerte. Un día, sin aviso, su visión se invirtió. Él solía verse a sí mismo de pie imponente sobre donde yacía caído Orsted, pateándolo en el suelo. Ahora era Orsted quien se estaba riendo y dándole patadas a él.
¿Por qué solo podía ver ese momento? Bueno, probablemente porque en ese momento, tanto Orsted como el Dios Humano estaban en el mismo lugar. Él veía eso a través de sus propios ojos, y eso quería decir que también podía ver a Orsted. Escuchen, no me importan los detalles sobre cómo funcionan los poderes del Dios Humano. Lo que importaba era que Rudeus ahora era una amenaza. El Dios Humano necesitaba deshacerse rápido de Rudeus, y él ya había probado un montón de planes para matarlo. Pero sin importar lo que hizo, nada funcionó. En el Reino de Asura, él trató de enfrentarlo contra el Emperador del Norte y la Diosa del Agua, pero ninguno de ellos lo logró. No solo Orsted salió de eso ileso, sino que ni siquiera pudo deshacerse de Rudeus. Rudeus siguió con lo suyo, reclutando compañeros.
Así que el Dios Humano ideó un plan. Si tres apóstoles no eran suficientes para derrotar a Orsted, él simplemente conseguiría más. Haríamos lo mismo que Rudeus. El propio Orsted no podía conseguir aliados, pero con el Jefe como su intermediario, él consiguió una gran red de colaboradores. El Dios Humano solo podía trabajar con tres apóstoles a la vez, pero siempre y cuando tuviera a uno de esos apóstoles reuniendo aliados, él terminaría con muchos más que tres seguidores.
Una buena idea, ¿no?
Y yo había sido encomendado con la tarea de reunir a esos aliados. Sí me pregunté la razón por la que me escogió a mí… Pero la forma usual de hacer las cosas del Dios Humano era que, cuando terminaba de usar a alguien, él le arrebataba todo lo que amaba y cualquier otra cosa la mandaba a la basura, así que tal vez yo era el único que le quedaba.
Una vez que terminara de construir nuestro ejército, él esperaría el momento perfecto, para entonces hacerlos atacar al mismo tiempo. Adiosito, Rudeus.
Y así es como terminé aquí, rompiéndome la espalda para encontrar personas que apoyen la causa del Dios Humano. Mi fecha límite era el momento justo del Dios Humano. No quedaba mucho tiempo, pero no lo estaba haciendo mal. Encontrar aliados tampoco era fácil.
Así es como lo hacíamos: el Dios Humano me decía, “¡Ese sujeto!” y entonces yo iba y lo buscaba, le hablaba de la forma más convincente posible, y luego le decía que estuviera en el punto de encuentro en el momento justo.
Todos los sujetos que el Dios Humano me había mandado a ver no podían ser más raros. Ellos podían con el trabajo, seguro, pero todos estaban un poco locos, o solo parecieron entender a medias lo que les estaba diciendo, o tenían algunos problemas extraños, o simplemente no podía entenderlos en lo absoluto… Bueno, probablemente fue por eso que se quedaron quietos escuchando a un tipo como yo.
El problema principal era que no había muchos de ellos. Incluyéndome, podía contarnos a todos con dos manos.
Lo que les faltaba en números, ellos lo compensaban con músculos. Desde guerreros de fama mundial hasta sujetos que encajarían perfectamente en las fabulas de Millis, así de impresionantes eran. Yo traté de sugerir que tal vez solo deberíamos contratar a un par de cientos de sujetos comunes que trabajarían por dinero o algo así en cambio, pero eso fue rechazado. Al Dios Humano le preocupaban los traidores. Él no estaba entusiasmado sobre aliarse con personas cuyos futuros no podía ver.
Era entendible.
El Dios Humano no era exactamente popular. No tenías que ser un genio para saber lo que pasaría si Rudeus aparecía para ganarse los corazones y mentes de las personas. Puede que el Jefe no lo parezca, pero él tiene algo que hace que las personas quieran seguirlo. ¿Te preocupa algo? A él también le preocupará. ¿Tienes un problema? Él estará ahí para resolverlo contigo. Sin importar por cuánto te quedes atrás, él esperará a que lo alcances, e incluso aunque tiene un nivel de poder descabellado, él es bueno con las personas que no.
Es por eso que no podemos depender solo de los números. El Dios Humano tiene razón.
Además, lamento decirlo, pero yo no soy del tipo carismático. No puedo atraer una multitud.
Cada aliado era un enemigo potencial, así que no podíamos tener tantos. También sería más probable que terminemos con idiotas que no seguirían el plan. Eso era todo lo que necesitabas para terminar perdiendo una batalla. Así que nos decidimos con unos pocos. De hecho, estos tipos no se convertirían en traidores. A pesar de todas sus rarezas, ellos terminarían siendo bastante útiles.
Con su ayuda, podríamos descubrir los puntos débiles de Rudeus y Orsted.
Hmmm…
Tal vez estoy hablando de más, pero reconozco que él probablemente podría confiar un poco más. ¿Me entienden? Ni siquiera importaría quiénes fueran, si tuviéramos los números de nuestro lado, eso realmente incrementaría nuestras opciones. No ganas en grande sin tomar algunos riesgos.
Pero, al final del día, él es el jefe, yo el apóstol, y su palabra es ley. Aunque el jefe sí me regañó un poco esta vez. ¿Por qué no mataste a Rudeus cuando tuviste la oportunidad? ¡Pudiste haberlo envenenado!
Sí, seguro. La cosa es que debo ser fiel a mí mismo. ¿Cómo lo digo? Bueno, traicionar al Jefe sería, si lo ven desde el ángulo correcto, lo mismo que traicionar a Paul, ¿cierto? Yo nunca podría haber traicionado a Paul, entonces no había forma de que pudiera asesinar a su hijo, ¿cierto? Los hombres deben tener códigos, ¿saben?
El Dios Humano no se lo compró, pero yo me conozco. Digamos que hubiese tratado de envenenar a Rudeus o lo que sea, reconozco que me habría detenido justo antes. A lo largo del proceso, yo me habría arrepentido. Pero después de que él se convirtió en un traidor, eso ya no me detendría. Ahora ya estaba decidido. Rudeus Greyrat es mi enemigo.
Así que aquí estoy el día de hoy, preparándome para comenzar otro día de reclutar talentos ocultos para unirse a la causa.
¿Cuántos llevaba hasta ahora? ¿Tres? ¿Cuatro? Cada uno de ellos hasta ahora equivalía a un ejército. Nunca creí que llegaría a conocer a sujetos de este calibre, ni mucho menos hablarles. En cuanto a mí, ellos eran leyendas y estaban muy fuera de mi liga. Pero cuando comencé a hablar con ellos, eran sorprendentemente… Bueno, no debió haber sido una sorpresa. Todos eran solo… personas. Personas normales. Incluso si tenían algunos problemas de personalidad.
Especialmente el primero. Él era muy famoso—incluso podrían conocerlo. Pero demonios, él realmente solo era otra persona normal.
Así que aquí estábamos, un poco de tiempo después de que el Dios Humano hizo su solicitud. Antes de partir, el Dios Humano tuvo algo de trabajo para mí.
Tomé la hoja de una espada demoniaca que se estaba pudriendo en la parte de atrás de un almacén lleno de basura en el Reino de Asura y luego una empuñadura de un túmulo funerario en el Reino del Rey Dragón, para luego llevarlas con un herrero que se especializaba en armas demoniacas y le pedí reforjarlas. Conseguí este alcohol fabricado por una tribu bastante astuta del Continente Demoniaco. Y algunas otras chucherías más. Para que conste, yo no sabía para qué eran esas cosas. Pero, bueno, a partir de lo que me dijo el Dios Humano, e imaginando lo mejor posible lo que se venía, podía ver cómo esas cosas podrían ser de utilidad. Como dicen, más vale prevenir que curar. Lo mejor es haberse preparado de más. También husmeé un poco, pero no puedo superar al Dios Humano cuando se trata de reunir información, así que mucho de ese trabajo fue un desperdicio.
Luego de todo eso, me dirigí hacia el norte siguiendo las órdenes del Dios Humano.
A diferencia de Rudeus, yo no tenía las reliquias de teletransportación de la antigua tribu Dragón, así que el tiempo de viaje me limitaba. Pero por extraño que parezca, había algunos otros círculos de teletransportación. Yo no sabía si Orsted estaba o no al tanto de ellos. Solo hay algunos de ellos y no podían llevarte a todas partes, pero eran de utilidad.
Siguiendo las órdenes del Dios Humano, yo fui hacia la ciudad más cercana de mi destino final, compré algo de equipo para climas fríos, y luego avancé a través de la nieve que estaba comenzando a acumularse.
Me estaba dirigiendo hacia una quebrada en medio del bosque, y el bosque era hogar de monstruos. Yo definitivamente me encontraría con algunos. Un tipo como yo no tenía oportunidad entrando solo, sin armas o formas de defenderme.
Pero tenía algunos trucos bajo mi manga. El Dios Humano me dijo que, si entraba al bosque a la hora justa, y luego hacía lo correcto en el momento justo, podía ir de A hacia B sin ningún problema. Por ejemplo, él dijo, “Cuando llegues a una cueva que está debajo de un gran Árbol Tournel, detente y cuenta lentamente hasta veinte antes de continuar.” Hice lo que me dijo, comprobando debajo de cada Árbol Tournel que me encontraba. No había forma de que no la viera. Si el Dios Humano decía que habría una cueva, ahí estaría.
No había habido garantías de que funcionaría y ninguna explicación del porqué debía hacerlo. Me quedaría de pie ahí en frente de un pequeño agujero tal vez solo lo suficientemente grande como para que un niño se esconda en el interior debajo de la nieve cayendo suavemente y contaría lentamente hasta veinte. No miraría en el interior, o sacaría nada de ahí, y nada saldría arrastrándose. Si todo salía bien, en el mejor de los casos, nada ocurriría. Sin tener ni la más mínima idea de lo que estaba haciendo, yo me fui del lugar justo después de cumplir mis órdenes.
Ah, pero si me hubiese quedado por un solo segundo más, algo realmente malo habría pasado.
Yo no soy un idiota, así que ya suponía lo que era. Soy un aventurero de rango S. Sabía qué clase de monstruo anidaba en este agujero. Aquí era donde los Ciervos de las Nieves, estas bestias que parecen venados gigantes, vivían cuando eran pequeños. Ellos pasaban el invierno ahí, y más adelante salían en primavera. Ellos se metían en agujeros para protegerse de sus depredadores naturales… básicamente cualquier otro carnívoro o monstruo. ¿El mandamás de este bosque? Bueno, ese sería el Tigre Garras de Cristal. Ellos avanzaban a través de la nieve hacia su presa, para luego aparecer de repente cuando menos lo esperas. Yo nunca me di cuenta de ello, pero probablemente estaba siendo asechado por un Tigre Garras de Cristal. Aunque esta de aquí era una comida mucho más fácil y sabrosa. Espero que el Ciervo de las Nieves bebé pueda descansar en paz.
En fin, así son las cosas cuando puedes ver el futuro. Las cosas pueden ser peligrosas, pero no hace falta preocuparse de la muerte. Nada inesperado ocurre. Puede que termines con algunos rasguños, algunos moretones, pero siempre sales vivo.
Salí del bosque de esa forma.
Encontré la quebrada justo afuera del bosque. Un viento frío la atravesaba; las paredes del precipicio estaban completamente cubiertas de hielo. Pedazos de él flotaban sobre el río que fluía través del fondo.
“Brrr…” Temblé del frío.
El frío era insoportable. Quería irme de aquí lo más rápido posible. Pero soporté esa sensación y seguí. Caminé por medio día a través de la quebrada congelada hasta que encontré un camino que daba abajo hacia el precipicio. Lo seguí hasta abajo, para luego seguir por la quebrada hacia arriba hasta encontrarlo.
Él estaba apoyado contra una enorme roca, meciendo su espada. Una fogata ardía frente a él, donde un pedazo de carne crepitaba mientras se asaba. No necesité preguntar qué tipo de carne era. Podía ver el cadáver tendido justo detrás del hombre y su fogata.
Estaba cubierto de escamas blancas como la nieve y tenía enormes garras y colmillos: un Dragón Invernal. Un monstruo de rango S. Estos monstruos eran mutaciones repentinas de los Lagartos Invernales de rango A. Eran del doble de tamaño que un Lagarto Invernal, tenían un aliento de hielo, y podían usar magia de agua de alto nivel. Sus alas no estaban hechas para volar, pero les ayudaban a saltar. Podían usar sus musculosas piernas para trepar por las paredes de la quebrada y saltar sobre su presa.
Técnicamente no eran dragones, pero aun así estaban más cerca de un dragón que de un Lagarto Invernal. Eran tan fuertes como un dragón, y de ahí venía el nombre—Dragón Invernal, ¿entienden? Eran extremadamente raros, y tiranizaban y devoraban a grupos completos de Lagartos Invernales. No era la clase de monstruo que ibas a cazar solo.
Este sujeto parece haber derrotado a este monstruo por sí solo. No me sorprendía. Yo sabía que él era de la clase de sujeto que podía hacerlo. Y ahora íbamos a tener una charla.
Un escalofrío me recorrió mientras me acercaba lo suficiente a él. Este tipo me mataría. Él no tenía que advertirme. Yo sabía que más allá de este punto estaría dentro del rango de su espada, y que lo mejor era estar preparado para enfrentar las consecuencias. Sentía que mi rostro estaba acalambrado, pero me forcé a mostrar una sonrisa. Una sonrisa que ocultaría mi miedo e irradiaría confianza. Entonces, con la sonrisa fija en su lugar, me acerqué a él. Se sentía mal para mí estar mirando hacia este sujeto desde arriba, pero él estaba sentado. ¿Qué se suponía que hiciera?
“¿Sí?” dijo él.
Su pregunta era un reto, pero su voz estaba mortalmente tranquila. Él no estaba tratando de amenazarme o intimidarme, solo preguntaba de forma indiferente por mi repentina aparición, tal como podrías preguntar por el nombre de alguien.
Así que respondí, “Mi nombre es Geese.”
“No pregunté tu nombre,” respondió él.
Bien, lo deduje mal. Me pregunto cómo debía comenzar. Tenía muchas cosas que hablar con él. Pero, para comenzar, decidí solo cerrar la boca y permanecer ahí de pie. Los sujetos como este odiaban a los charlatanes. Ellos tenían su propio método de persuasión.
Para todos los que están leyendo, ese método es la violencia. Esa cosa para la que no soy bueno. Y la violencia de este sujeto en particular era impecable. Incluso de clase mundial. Aunque no había la necesidad de usarla ahora mismo. Yo no iba usarla tampoco. El silencio sería suficiente.
“¿Qué mierda está pasando aquí?” se quejó él.
¿Ven lo que digo? Mantuve mis labios sellados y él decidió hablar. Pero no había terminado. “La otra noche un bastardo haciéndose llamar humano dios o lo que sea apareció en mis sueños diciendo que quiere que lo ayude. Dijo que, si lo escuchaba, él haría realidad mis sueños. Él me contó sobre este lugar como prueba. Cuando llegué, encontré a esta cosa.” Él apuntó su pulgar hacia el cadáver del Dragón Invernal detrás suyo.
Oye, Sagrado Dios Humano, no dijiste nada sobre que lo habías llamado aquí. Si me hubiesen dicho que viniera aquí y encontraba una bestia como esa esperando, yo pensaría que había sido engañado.
“Cuando era un muchacho, me encontré con un Dragón Invernal y apenas salí con vida,” dijo él. “Iba a regresar y matarlo algún día, pero por el camino me olvidé de ello. ¿Lo creerías? Vine aquí y me lo encontré.”
Jaja, así que esa es tu jugada, pensé. Ahora lo entiendo. El Dios Humano era un profesional en esta clase de cosas. Hacer realidad los sueños, o algo cercano a ello. En fin, este sujeto no parecía sentir que había sido engañado. Incluso después de haberse encontrado con un Dragón Invernal.
Ah, es cierto, por supuesto. Él es uno de esos sujetos del tipo héroe.
“Así que lo maté, y ahora apareciste tú,” continuó él, para luego apuntar hacia mí. “Alguien con cara de mono… Oye, dijiste que te llamabas Geese, ¿cierto?”
Finalmente, él miró arriba hacia mí y por primera vez, yo vi su rostro. Él no se veía especialmente fuerte. Yo pasaba todo mi tiempo leyendo a las personas, así que con frecuencia podía notar a partir de sus rostros si eran fuertes o débiles. No es como si juzgase lo duros que se ven. Todo está en la expresión. Las personas fuertes usualmente lo demuestran a través de ella. Se esfuerzan cada día, así que no piensan en ello como una dificultad. Es algo normal para ellos. Tienen una imagen clara de sus propias capacidades y no dudan. Eso significa que ellos usualmente no ponen una fachada.
Este tipo no estaba presumiendo, pero sí vacilando. Alguien había venido y destrozado en pequeños pedazos lo que él creía que era verdad. Ahora estaba cansado, sin paciencia, y en su límite. Eso era lo que me decía su rostro. Aaah, ya entiendo. A él le patearon el trasero, y recientemente. ¡Derrotado! Lo dejaron medio muerto. Este es alguien que creía que eso no era posible, o al menos creía que tenía algunos años antes de llegar a ese punto.
Él había terminado con su mundo de cabeza, así que ahora no sabía qué pensar. Había venido aquí a lamer sus heridas, después de perder toda su confianza. Ah, sí, ya sé lo que te pasa. Lo he visto cientos de veces. Ninguno por encima de ti, pero todos lo suficientemente fuertes a su propia manera. La escena de un tipo grande e invencible desesperado después de que alguien le dio una paliza o dos no es una vista que vaya a olvidar pronto. La cosa es que, solo porque te sientes deprimido, no significa que todo se acabó, amigo.
Este tipo todavía era un maestro en su campo. Yo no tenía dudas de que podía usarlo.
“Explícate,” demandó él, así que al final, abrí mi boca. Había muchas cosas que tenía que decirle. Después de que el Dios Humano me dio su perfil, yo había ideado algo así como un discurso. Y por eso me había quedado callado hasta ahora. Con tipos como este, las cosas se volvían peligrosas cuando tratabas de convencerlos con un discurso. El don de la palabra se trata de asegurarte de ser claro e ir al grano.
“Primero… Sí, es cierto, estoy aquí como un delegado del Dios Humano.”
“¿Un dele-qué?”
¿Cómo? ¿Nunca antes habías escuchado la palabra ‘delegado’? Cielos, no soporto a los del tipo ignorante… Sí, sí, entiendo, me descubrieron. Yo tampoco fui a la escuela.
“Escucha, el Dios Humano te concederá tus sueños. A cambio, él tiene un diminuto favor que pedirte. Él está reuniendo aliados. Yo estoy aquí como lo que llamarías un niño de los mandados, juntando al grupo.”
“Hah, mis sueños, ¿eh…?” dijo él. “¿Entonces tú y tu jefe saben cuál es mi sueño?” Él acarició la empuñadura de su espada.
Eso sí que es aterrador. Él no hizo más que acariciarla, pero si le daba la gana, esa espada estaría fuera de su vaina antes de que yo pudiera parpadear y entonces mi cabeza tendría que decirle adiós a mi cuerpo. O tal vez serían mi ojo izquierdo y derecho los que tendrían que despedirse. El lenguaje corporal de este sujeto me lo estaba diciendo fuerte y claro: si yo no hablaba en serio, iba a terminar muerto. Si daba una respuesta que a él no le gustaba, también iba a terminar muerto.
Afortunadamente, yo sabía cuál era su sueño. El Dios Humano me lo contó todo de antemano. Yo sabía la razón por la que este perdedor estaba solo aquí. Pero si esa información estaba equivocada… bueno, eso era algo que él hacía con frecuencia.
Oh, Sagrado Dios Humano, no me abandones. Incluso yo, tu humilde servidor, no encontraría gracioso morir aquí.
“El Dios Dragón Orsted,” dije. Sentí como si la temperatura a nuestro alrededor se hubiese desplomado, pero eso me dijo que di en el blanco. Si él no reaccionaba de ninguna forma, yo bien podría estar muerto. Oficialmente estábamos en las negociaciones. Yo le había dicho algo que no debería saber. Mientras su mente se recuperaba de la sorpresa, yo seguí hablando para que él no tuviera la oportunidad de volver a pensar.
“Quieres derrotar al Dios Dragón Orsted. Él te venció una vez, hace mucho tiempo, así que entrenaste para convertirte en el más fuerte del mundo, y después de un tiempo llegaste ahí. Pero entonces, te encontraste contenido por las restricciones que colocaste sobre ti mismo, ya sin siquiera poder ir tras tu objetivo. Tu enemigo final. El Dios Humano también va tras Orsted.”
“Solo que, bueno, él no quiere la gloria; solo lo quiere muerto. Por cualquier medio necesario, ¿eh? Y tú eres ese medio, ¿entiendes? Solo que… lo siento, amigo, pero no tienes oportunidad tú solo. Tendré que invitar a algunos más a la fiesta.”
“¡Oye, no me mires así! ¿Acaso algo de lo que dije estaba equivocado? Tú sabes muy bien que solo no eres rival para Orsted.”
“Pero me doy cuenta de que quieres intentarlo. Lo has querido todo este tiempo. De otra forma, nunca habrías huido de la casa donde viviste todos esos años, dejando atrás todo de lo que dependías en ese entonces, abandonando tu familia para vivir como un vagabundo ahí afuera. Pudiste haber tenido un cómodo trabajo en el gobierno. Pudiste haber ido donde quisieras. ¿Me equivoco? ¿Eh?”
“Así que lo que te estoy ofreciendo es el derecho de desafiar a Orsted. Podrías vagar sin rumbo hasta el día de tu muerte y nunca encontrarte con él. O él podría rechazar completamente tu desafío e ignorarte. Pero si te quedas conmigo, yo te concederé el mejor escenario posible para tu enfrentamiento. Haré que Orsted deba enfrentarte—sin la posibilidad de huir u ocultarse.”
“Tranquilo, lo entiendo. Sé lo que estás pensando. Reconoces que no estás llamado a enfrentar a Orsted. Pero ¿acaso no te hiciste un juramento a ti mismo, cuando él te derrotó la última vez? Dijiste que nunca más ibas a perder. No contra Orsted, ni contra nadie. Y lo lograste—justo hasta el otro día, en el que fuiste derrotado.”
“Y sí, perdiste. Probaste la derrota una segunda vez. Incluso después de ese juramento. Fuiste pisado como usualmente pisabas a esos debiluchos. Y es por eso que viniste a esconderte a esta colina como un perro. Ni siquiera estás buscando a Orsted, solo estás vagando sin rumbo. Sí, lo entiendo. No lo mereces, ¿cierto? Ahora que has sido derrotado, solo esa vez, has perdido tu derecho de desafiar a Orsted.”
Ahora había un peligroso brillo en sus ojos. Aun así, él todavía no me atacaba con su espada. Él en cambio usó sus palabras.
“Eso es incorrecto,” dijo él.
“¡Sí, tienes razón en eso! ¡Todo es incorrecto! ¡Totalmente incorrecto!” Él me atrapó. Mis palabras estaban llegando a él. “¿No eres merecedor? ¡Claro que lo eres! ¡Absolutamente lo mereces! Es decir, vamos. ¿Quién dice que debes ser el número dos para poder ganarte una oportunidad contra el número uno? ¿Solo porque alguien más la obtuvo, eso quiere decir que no puedes enfrentarte a Orsted? ¿Quién lo dice? ¡Nadie! Ahora bien, cuando lo piensas de esa forma, tú tienes más derecho que nadie. ¡Pasaste toda tu vida trabajando para ello!”
Vi una sombra en sus ojos. Él se estaba rompiendo. Solo faltaba un pequeño empujón.
“Tú debes desafiar a Orsted. ¿A quién le importa ganar o perder? Puede que seas débil, que tu mejor momento haya pasado—¿a quién le importa? ¡Diablos, tal vez así es mejor! ¡Realmente podría ser mejor! Ahora es cuando puedes sacudirte esas cadenas. Puedes ir y enfrentarlo sin nada que te detenga.”
“Sí, claro, tal vez serás aplastado. ¿Y qué? ¿Qué vas a hacer, vagar sin rumbo hasta que seas viejo y frágil y mueras como un perro callejero? ¿De verdad estás bien con eso? No eres un vago, ¿o sí?”
“¿Entonces qué te detiene? Vamos. Únete a mí. Luego enfrentaremos a Orsted. ¿Qué dices?” terminé, para luego estirar una mano hacia él.
Él no dijo nada. Sus ojos eran sombríos, vacilantes, y miraban directamente hacia mí.
Oooh, me excedí.
Lo mejor siempre era soltar toda la información que tenías de una vez, y solo darle la oportunidad de pensar algo al otro sujeto una vez que lo hayas encaminado. El problema con esta clase de enfoque es que, si hablas demasiado, ellos ya no responden. Él estaba reaccionando a algo de lo que yo estaba diciendo, así que creía estar haciéndolo bien. Pero él no era del tipo inteligente. Sería inesperado, pero esta era la clase de riesgo que tenía que tomar. En fin, no puedes obligar a las personas a pensar igual que tú al meter un montón de palabras en sus cráneos. Así que lo mejor era abrumarlos un poco, fijar el tono, y permitirles digerirlo. Yo le di todos los datos, él solo tenía que unirlos. Pero algo en su interior lo estaba deteniendo. Él necesitaba una excusa para morder la carnada, y entonces lo tendría en el bolsillo. Ese es mi enfoque.
De hecho, si él fuera más inteligente, creo que ya estaría a bordo. Qué lástima.
Él no hablaba. Estaba muy callado. Esta quebrada era la guarida del Dragón Invernal. Aquí no nos molestaría ningún otro monstruo. No había viento. Ni siquiera podía escuchar el sonido del agua de ese río congelado. Solo el chisporroteo de la carne asándose me decía que el tiempo estaba transcurriendo.
El hombre no estaba solo en silencio. Él no movía un músculo. Estaba tan quieto que podría haber estado muerto. Ni siquiera sentía su presencia, como si no estuviese aquí.
El silencio siempre me pone ansioso. Cuando todo está en silencio, eso significa que estoy solo. Yo no soy nada solo. Todo lo que se necesitaría sería a un monstruo de los alrededores. Yo sería hombre muerto. No iba echarme a llorar, pero tampoco iba a engañarme con que podía ganar.
Todo lo que podía hacer era…
“No estoy interesado en convertirme en el peón de nadie,” dijo repentinamente el hombre. “Incluso si eso significa pudrirme aquí.”
Él no tomó mi mano. Aún peor, él se estiró hacia su espada. Sentí sudor frío saliendo de todo mi cuerpo. Cada célula me estaba gritando huir de aquí ahora mismo. Pero mi cerebro resistió eso y me dijo que permaneciera en calma. Sabía que no podía escapar. Este sujeto podía cortarme en pedazos en un parpadeo. Mi cadáver estaría enterrado en la nieve hasta que la primavera lo deje al descubierto y los insectos vengan a comerme.
Pero yo todavía estaba en una pieza. Él no estaba jugando conmigo. Si quisiera matarme, todo habría terminado en un segundo. ¿Entonces por qué…?
Justo en ese momento, el hombre murmuró, “Oye, cara de mono. ¿Por qué estás haciendo esto?”
Se sentía como si acabara de darme una oportunidad de responder antes de matarme. “¿No creíste que después de venir conmigo, y decir esa mierda, yo simplemente habría cortado tu cabeza y dejado tu patético cadáver aquí?”
Ah, sí lo pensé. Más de un par de veces. Cada vez que me acercaba a un extraño desquiciado, yo resistía la urgencia de gritar, y usaba mi lengua y cada gramo de valor que tenía para razonar con ellos.
Pero déjame preguntarte algo a ti, ¿alguna vez pensaste en lo que me ha costado no hacer enojar a sujetos como tú?
“¿Qué sueño te está concediendo a ti tu amo, ¿hah? ¿Por qué estás haciendo esto?” preguntó el hombre.
“¿Por qué…?” No había esperado esa pregunta. Pero, ahora que lo pienso, tenía sentido. Mis acciones deben ser confusas para los demás.
“Para que lo sepas, yo soy un ferviente servidor del Dios Hum—”
“No me vengas con esa mierda de la fe,” dijo él.
Una ola de malicia me inundó. Mis piernas comenzaron a temblar como locas. Algo dentro de mí estaba retorciéndose. Era tan intenso que hacía que todo hasta ahora se sintiese insignificante. Comencé a preguntarme si tal vez ya estaba muerto.
“Me he encontrado con muchos seguidores devotos. Maniacos como esas Órdenes de Caballeros de Millis que harían lo que sea por su preciado dios. No siento eso en ti, ni un poco.”
Oye, no me compares con ellos. Las Órdenes de Caballeros de Millis son un montón de fanáticos sin cerebro.
Pero, en ese caso, tal vez desafiar a Orsted significa que yo también lo soy. Sí, poniéndolo de esa forma, tiene sentido. Es el segundo de los Siete Grandes Poderes, y el oponente por el que este tipo entrenó toda su vida para poder derrotar, y—
Bueno, contra el único con quien voy a luchar es el Jefe. Pero viendo que soy yo, eso no cambia mucho. ¿Por qué alguien como yo arriesgaría el pellejo para luchar contra un oponente que no puede derrotar, uno que está totalmente fuera de su liga? Eso es todo lo que él me está preguntando.
Nadie haría eso sin una buena razón.
Pero, eh… ¿Por qué? ¿Por qué estaba haciendo esto por el Dios Humano?
Ahora fue mi turno de quedarme en silencio. Cuando estás hablando con sujetos con cierto temperamento, quedarse callado equivale a una sentencia de muerte. Pero lo divertido era que él me dio un poco de tiempo. Supongo que incluso el rey de los tipos enojados desarrollaba algo de paciencia.
Todo volvió a hundirse en el silencio. Mi mente comenzó a recordar el pasado. Desde el momento de mi propio nacimiento hasta cuando me convertí en aventurero. Antes de conocer al Dios Humano.
Yo nací en una pequeña aldea al sur del Continente Demoniaco. Era el tercero de los cinco hijos del jefe de la aldea. No era mucho, pero teníamos una vida mejor que la de un aldeano promedio. Pero, en ese entonces, yo me sentía bastante restringido. Verán, mi futura esposa fue escogida para mí en el momento que nací, como también mi futuro trabajo. El trabajo de un hijo de la aldea era vivir la vida que le correspondía. Siempre y cuando hiciera eso, podía hacer cualquier otra cosa que quisiera.
El trabajo que escogieron era el de hacer inventarios. Mantenía registro de la comida que cultivábamos y cazábamos, los bienes que obteníamos a través de intercambios con el mundo exterior, y los bienes que comprábamos. Contaba todo en la aldea y lo escribía detalladamente. Eso era todo.
Para que lo sepan, era un trabajo importante. A lo largo de los años me di cuenta de lo importante que era, después de ver tiendas que mantenían sus inventarios descuidados y aventureros que no sabían usar su dinero. Pero, en ese entonces, todo lo que pensaba el joven Geese era en lo aburrido de su trabajo.
En ese entonces pensaba que había muchas cosas más que podía hacer. Si tan solo tuviera la oportunidad de tomar una espada o estudiar magia se lo demostraría a todos: me convertiría en alguien. O tal vez si solo pudiera ser contratado al servicio de algún país, todos ustedes escucharían de mis hazañas heroicas. Quedaría en los libros de historia.
Mi padre me daba una paliza cada vez que comenzaba a decir esas cosas.
“¡Conoce tu lugar!” era lo que le gustaba decirme.
Mirando atrás, reconozco que mi padre lo dijo porque veía quién era yo realmente. Mi padre conocía los límites de mi potencial. Obviamente, yo no. ¿Cómo demonios se supone que conozca mi lugar? Yo nunca antes había estado afuera.
Así que emigré del nido. Abandoné mi trabajo, hui de casa, y me uní a una de las caravanas de comerciantes que iban a comerciar con nuestra aldea. Abandoné a mi familia y a mi prometida para huir hacia la ciudad cercana más grande.
Ahí era donde comenzaría mi leyenda. Estaba absolutamente convencido de eso. Pero la realidad me golpeó enseguida. Yo era una causa perdida cada vez que usaba magia o una espada. Ni siquiera podía llegar compararme con el promedio. Supongo que, dejando de lado la batalla, lo hacía igual de bien que cualquier otro, pero de seguro no destacaba de ninguna manera. Apenas podía superar al promedio cuando me esforzaba al máximo. Pero ¿llegar a dominar algo? No me hagan reír.
Intenté todo tipo de cosas para tratar de encontrar mi talento, pero no funcionó. Estaba completamente atascado en ser del promedio. Sin importar cómo lo vieras, yo era mediocre. Aun así, traté de ganarme la vida como un aventurero. Bueno, ese era mi sueño. Lo había abandonado todo para eso. No podía darme por vencido y regresar a mi aldea con la cola entre las piernas después de todo eso.
Yo no era tan malo usando mis manos, así que pensé en intentar ser un artesano. Logré completar algunos trabajos de rango F. Como un aventurero solitario tratando de no congelarme hasta la muerte, yo de alguna forma logré mantenerme a flote. Aunque no me daba satisfacción. En resumen, los trabajos de rango F eran solo trabajos extraños. Yo era el chico de los mandados de la ciudad, el comodín. ¿Cómo era eso diferente de la vida en casa? Yo no había huido para hacer esta mierda. ¡Quería aventuras emocionantes! Quería lograr grandes hazañas que llenaran de asombro a aquellos que escucharan mi nombre. Ese era mi sueño.
Así que fui por él. Escogí torpemente una espada, me conseguí un conjunto de armadura de segunda mano, reuní algunos compañeros de grupo, y entonces fuimos al exterior a reunir materiales y asesinar monstruos. Fue un desastre. Fuimos vapuleados. Tal como en el caso de la mayoría de los grupos de aventureros principiantes en el Continente Demoniaco, los monstruos nos hicieron pedazos. La única razón por la que sobreviví fue gracias a un sueño que tuve justo antes de que ocurriera.
Dentro de un espacio vacío, de pie sobre un piso blanco que se extendía hasta el infinito, un hombre con un rostro que no podía ver bien me entregó un mensaje divino.
Si esto ocurre, me dijo él, esto es lo que debes hacer. Todo fue tan casual que lo tomé como un sueño cualquiera. No había forma de que lo que describía pudiera pasarnos.
Pero, por supuesto, pasó. Las cabezas de mis compañeros de grupo fueron arrancadas de sus cuerpos y devoradas y yo terminé solo, arrinconado, con lágrimas y mocos bajando a través de mi rostro. En ese momento fue que hice lo que el hombre misterioso en mi sueño me había dicho que hiciera. Un hombre muerto tomará cualquier ayuda que pueda conseguir.
Sobreviví.
Desde ese día en adelante, el joven Geese se convirtió en un apóstol del Dios Humano.
Y creía que la vida como un apóstol era prácticamente el cielo. El Dios Humano me enseñó a luchar con una espada y con magia, y si bien no me había dado un poder a la par de un ojo demoniaco, él me había contado sobre el futuro. Yo me abrí paso a través del mundo con eso a mi disposición. Salí airoso de algunas situaciones realmente desagradables que nunca habría podido superar por mi cuenta, lo cual me hizo destacar y ser notado por unos tipos realmente poderosos. Ellos se convirtieron en mis aliados. Usé mi conocimiento del futuro para ayudarlos y ganarme su confianza. Yo me embarqué en una aventura emocionante junto a ellos.
Amé cada minuto de ello.
“¿Ven? ¿No ocurrió exactamente como dije? ¡Los tengo cubiertos en todo excepto la parte de luchar!” les dije. Yo estaba feliz siempre y cuando pudiera seguir presumiendo. Sentía que era uno de los mejores. Estos tipos realmente poderosos me trataban como un igual, y todos los donnadies a nuestro alrededor asumían que yo era tan importante como mis compañeros. ¿Qué más podía pedir?
Después de que mi aldea fue aniquilada y me uní a Colmillos del Lobo Negro, el Dios Humano no me contó tanto sobre el futuro, pero no le presté mucha atención. De todas formas, me estaba divirtiendo al lado de Paul. Él aun así aparecía de vez en cuando para salvarme el pellejo. Los consejos del Dios Humano eran como una parte de mi identidad. Fue gracias a él que logré convertirme en un verdadero aventurero.
Pero parte de mí se sentía vacío. Ese sentimiento fue más fuerte después de que Colmillos del Lobo Negro se separó y yo pasé un tiempo vagando solo. No podía sacudirme la sensación de que era un fraude, que nunca había logrado algo solo. Si no fuese un blandengue, tal vez podría haber creído un poco en mí mismo, pero era un hecho que no podía luchar para salvar mi vida. Sin mi conocimiento sobre el futuro, mi única salida era hacer equipo con personas realmente fuertes e increíbles y cubrir sus puntos débiles.
Mi versión aventurera era solo un caparazón de mentiras y orgullo.
¿Han visto cómo la mierda de los peces dorados cuelga de ellos mientras nadan? Ese era yo. Todo lo que yo tenía eran trucos baratos y una lengua rápida. No existía ninguna cosa en la que yo fuera bueno. ¿Estaba bien viviendo de esa forma? Al final, ¿qué era lo que realmente quería? ¿Quién quería ser? Esos sentimientos siempre habían estado merodeando en lo profundo de mi ser.
Lo que le dije al sujeto rudo frente a mí fue simple. “Probablemente no lo entenderás, pero en toda mi vida nunca he estado por delante,” dije. No estaba tratando de convencerlo de nada. Ahora mismo, yo estaba dando voz a lo que yacía dentro de mi corazón. “Yo siempre he obtenido migajas. He estado tratando analizar a las personas, mintiendo y adulando para poder aprovecharme de la influencia de los demás. Nunca he logrado algo solo.”
Nunca había obtenido algo que yo quería. Yo tenía un sueño. Quería tener una aventura asombrosa y quedar en la historia. No era mucho pedir, ¿o sí? Díganme, ¿a quién realmente le importa la historia?
Ese era mi único deseo, saben, ser especial. Pude ir en aventuras, pero siempre estaba acompañando a mis compañeros de grupo. Nunca les hice seguirme a algún lugar donde yo quisiera ir. Reconozco que, en lo profundo, ya lo sabía. Sabía que yo estaba tomando prestado todo mi poder, y que cualquier cosa que lograra con él sería falsa. Un pequeño gesto del Dios Humano en cualquier momento podría arrebatármelo todo.
Así que traté de no querer nada. Si fijaba mi vista en algo, pensé, nunca lo conseguiría. Solo relájate, diviértete, y déjate llevar por cualquier cosa que la vida te arroje. De esa forma todo saldría bien. Pensé que ese era un mantra que debía seguir.
… Aunque ahora es un poco diferente. El Dios Humano vino a mí por ayuda. Un dios todopoderoso se rebajó a pedirme ayuda a mí. Él me necesitaba. Yo no era basura. Era alguien que importaba. En otras palabras, si ganábamos esta batalla, eso probaría que yo era especial. Yo siempre había estado en guardia alrededor de todos, apilando mentira tras mentira, pensando que era un inútil. ¿Qué tal si esta era mi oportunidad de ser fuerte, tal como siempre quise?
“Es por eso que… ¿cómo debería decirlo…?” Pero ¿era esa una respuesta en la que estaba dispuesto a jugarme mi vida? Algo en mi interior me decía no que debería. Que todo eso era una mierda. Que yo ya sabía lo que valía. Lo sabía. Sabía que no era nada especial. No puedo balancear una espada, y tampoco usar magia. Había cosas extrañas que podía hacer mejor que un sujeto común y corriente, pero nunca dominé algo. Siempre había sido un comodín. Un donnadie con cara de mono.
Pero…
“No puedo permitir que termine de esta forma,” dije, y luego cerré la boca. Estaba sorprendido de lo correctas que sonaban esas palabras para mí.
Eso es. Así es como siempre me he sentido.
Todo este tiempo creí que estaba teniendo una vida lo suficientemente buena, disfrutando de ella, pero que un día moriría dentro de una zanja y eso sería todo. Pero, en lo profundo, me sentía de forma diferente.
“No puedes, ¿eh…?” dijo el hombre. Él alejó su mano de su espada. Sus ojos ahora estaban apagados, sin ese brillo de antes. “Hah, eso es cierto. Estás exactamente en lo correcto.”
Yo había dejado salir lo que se me vino a la cabeza, pero pensándolo bien, lo que dije encajaba perfectamente con la situación de este sujeto.
No puedo permitir que termine de esta forma. Yo no podía, ni tampoco él.
“Muy bien,” dijo él con una sonrisa salvaje, para luego estirar su brazo y tomar mi mano todavía estirada. “Seré su peón.” Todo fue tan rápido que se sintió un poco decepcionante. Pero lo que acababa de decir convenció a este sujeto. Este sujeto, el espadachín más grande del mundo, tan poderoso que toda la humanidad conocía su nombre.

“¿Entonces qué hago ahora? ¿Te protejo?” preguntó él.
“Eh, no…”
Sentí que iba a sonreír, pero me forcé a permanecer serio. Tal vez no necesitaba hacerlo, pero no es una buena práctica ir sonriéndole a las personas. Eso las ahuyenta. Eso también da mala suerte, anótenlo.
“Por ahora, tienes que ir aquí,” dije, entregándole un mapa. “Una vez que llegues ahí te diré lo que viene a continuación. Una cosa más—si nos encontramos de casualidad, actúa como si no me conocieras. Todo esto es ultrasecreto.”
La ubicación del enfrentamiento final ya estaba decidida. Cuando no estaba realizando invitaciones a sujetos como este, yo ya la estaba preparando. Estaba siendo cuidadoso, tomándome mi tiempo para fortalecerlo todo. No iba a perder.
“Entiendo,” dijo él después de tomar el mapa. “Pero una cosa. Yo no soy un actor. Si no quieres que te descubran, es mejor que te alejes de mi camino.” Él comenzó a alejarse. Fue como si yo no le importara en lo absoluto—como si yo ni siquiera estuviera aquí.
Me agradaba eso. Podías notar que él había vivido toda su vida dedicándola a su espada. Sin acciones inútiles ni palabras desperdiciadas. Cuando decidía algo, él simplemente lo hacía. No era la persona más fácil de manejar, pero sí descabelladamente poderosa. Y ahora… él era mi peón.
Vi su espalda alejarse hasta que desapareció de vista. Entonces, dando un salto, yo levanté mi puño en el aire.
Ese primer sujeto fue el más fácil. Él era lo suficientemente importante como para no necesitar una presentación y de seguro no actuaba como si tuviera el tiempo para un donnadie como yo, pero al final lo que tuvimos que hacer fue conversar. Él aceptó lo que dije y se unió a mí por voluntad propia. La sincronización probablemente tuvo algo que ver con ello. Después de todos mis planes y preocupaciones, al final fue algo que ni siquiera había tenido la intención de usar como persuasión lo que convenientemente terminó resonando con él. Las personas siempre se abrirán sobre lo que les preocupa si alguien va hacia ellas con las palabras correctas.
Al final, eso fue todo. Lo hice bien, ¿cierto? En algunos momentos tuve suerte, pero igual, lo convencí.
Pero este es el asunto, oh, Sagrado Dios Humano. Desde que hablé con ese sujeto, siento que algo va mal. Tal vez pasamos algo por alto, ¿sabes? Es solo que tengo la sensación de que en alguna parte del camino vamos a caer en una trampa.
Bueno, dios todopoderoso—¿tienes alguna idea de por qué?
Notas de los lectores
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