Intermedio: Una Pueblerina Visita la Gran Ciudad
Intermedio: Una Pueblerina Visita la Gran Ciudad
“Nina, llegó una carta.”
Era verano cuando una carta llegó a la puerta de la Reina de la Espada Nina Farion. El Santuario de la Espada siempre estaba frío a causa de la nieve que caía durante todo el año, pero este día estaba tan cálido como principios de primavera. El maestro del salón de entrenamiento, el Dios de la Espada Gal Farion, se fue antes del mediodía; él dijo, “Tienes que ser un idiota para entrenar en un día tan agradable como este, así que todos pueden hacer lo que quieran el día de hoy,” y luego se marchó galantemente a tomar una siesta.
Nina era la favorita del profesor, así que su idea de hacer lo que quiera era seguir su entrenamiento, pero hizo una pausa cuando escuchó de esta carta.
“¿Una carta? I… sol… ¡Ah!”
Nina, cubierta de sudor mientras aceptaba la carta del mensajero, no pudo evitar sonreír. Al reverso del sobre que llevaba el emblema del Estilo del Dios del Agua estaba escrito un nombre familiar.
Isolde Cluel. Era la principal espadachina del Estilo del Dios del Agua, con quien Nina había entrenado hace solo unos años. Nina recordó que ella ahora estaba en el Reino de Asura trabajando como una instructora de esgrima mientras también administraba los salones de entrenamiento del Estilo del Dios del Agua. Su relación era una amigable, pero se habían distanciado desde que Isolde se marchó del Santuario de la Espada. Su carta fue una sorpresa agradable.
“Umm…”
Más que solo agradable. Nina abrió alegremente el sobre antes de sacar la hoja de papel en su interior. Sin embargo, las estrellas en sus ojos brillaron en el momento que puso sus ojos sobre el montón de palabras muy juntas que contenía el papel.
“¿Qué dice?”
Nina, eh, no sabía leer.
Ella podía reconocer el nombre de un conocido, pero no había alcanzado el nivel de entender oraciones completas. Eso nunca era una necesidad aquí en el Santuario de la Espada.
Haré que alguien más la lea, pensó ella. Había al menos un puñado de personas viviendo en este salón de entrenamiento que habían crecido siendo educadas apropiadamente. Alguien podría leerla. Probablemente.
Nina fue al patio. Ahí, un par de aprendices estaban tomando el sol mientras charlaban alegremente. Normalmente el trabajo de Nina era regañarlos cuando parecía que estaban perdiendo el tiempo, así que los aprendices rápidamente se enderezaron y entregaron sus excusas. Sin embargo, hoy era un día raro donde el maestro les dijo explícitamente que se tomaran el día libre, así que Nina no dijo nada sobre su comportamiento y en cambio les preguntó si alguno podía leer su carta. Los aprendices intercambiaron miradas antes de que uno levantase su mano. Nina le entregó la carta al que aseguró que podía leer un poco del lenguaje humano y le pidió hacerlo.
El contenido de la carta era bastante simple. Resumía lo que ocurrió durante los últimos años, como también lo que había ocurrido últimamente. La muerte de Reida, los problemas para administrar los salones de entrenamiento. Las intensas peleas de Isolde con Ghislaine como una instructora de esgrima. Nina sonrió ante ese detalle—ella podía imaginar a la ordenada y puritana Isolde perder la calma ante los comentarios atrevidos de Ghislaine.
Pero esa sonrisa se volvió seria cuando llegaron al mensaje final.
“La coronación de Su Majestad Ariel será realizada pronto. Todo el mes se realizará un gran festival por todo el país. Me encantaría que vinieras de visita para la ocasión.”
En el momento que Nina escuchó esas palabras, ella decidió viajar el Reino de Asura. No hubo dudas. El Estilo del Dios de la Espada predicaba que el primero en hacer un movimiento salía victorioso por una razón. El momento en que quiso ir fue el mismo momento en que preparó sus cosas y partió.
La calle principal de Ars, la capital del Reino de Asura, estaba absolutamente inundada de gente. Tanta que el más mínimo tambaleo hacia cada lado te forzaría a chocar hombros con alguien, tantas que no podías ver más de un par de metros adelante. Más denso que una familia de lobos de nieve demasiado grandes—más bien una manada completa de ellos.
La capital del Reino de Asura atrajo a personas desde todos los rincones del mundo mientras se preparaba para la futura coronación. Pueblerinos que vinieron con la ilusión de al menos dar un vistazo a la gobernante de la nación más poderosa del mundo. Nobles que dejaron sus lejanas tierras vinieron a dar sus bendiciones en nombre de la diplomacia. Espadachines errantes que supusieron que esta sería la oportunidad perfecta para encontrar algún trabajo en el palacio. Aventureros que predijeron que el gremio estaría corto de mano de obra y vinieron a realizar unos trabajos simples y muy bien pagados. Criminales que estaban huyendo y apostaron su suerte en que el mejor lugar para ocultar un árbol era en un bosque. Comerciantes que vinieron a pregonar bienes de dudosa procedencia—para ganar en grande gracias a la enorme y festiva multitud. Cada una de las razas que vivían en el Continente Central y algunas que vivían más allá se reunieron en esta nación. Y además de todos ellos, los Caballeros Blancos del Reino de Asura iban a estar realizando un desfile el día de hoy, así que incluso los propios ciudadanos estaban llenando la calle principal para ver a sus amados caballeros en toda su gloria.
“Vaaaayaaaa…”
Y en medio de todo esto, Nina estaba mirando de un lado a otro mientras trataba de caminar hacia el centro de la ciudad. Era la primera vez en su vida que ella había visto a tantas personas. Nina había estado en ciudades que había creído que eran bastante grandes, pero ver una multitud de personas tan grande que eclipsaba su imaginación la dejó desconcertada.
“¡Tch, mira por dónde vas, mocosa!”
“Qué… Ah, tú eres… ¿Eh?”
Para el momento que procesó que alguien estaba enojado con ella, esta persona ya había sido tragada por el mar de gente.
Esto era nuevo para Nina. Ella era, para que conste, una Reina de la Espada; con sus sentidos agudizados, ella podía identificar al tipo que la insultó y rastrearlo de así quererlo. Pero él simplemente la insultó y siguió caminando. Probablemente ni siquiera se molestó en mirarla a los ojos. Tal vez esa clase de grosería es como un saludo en la ciudad, pensó ella. Si este fuera el Santuario de la Espada, ella habría enviado a alguien que le habló de esa forma directamente con un mago sanador… pero tal vez en la capital, ser insultado no necesariamente significaba que estaban buscando una pelea.
“Oiga, linda señorita, ¿le gustaría dar un vistazo?”
“¿L-linda? ¿Quién…? ¿Yo?”
Después de un par de pasos inestable más, Nina descubrió que la persona hablándole era un comerciante. Él estaba vendiendo algo en una pequeña tienda cercana.
“Pero por supuesto. Nunca antes había visto a alguien tan hermosa como usted… Por cierto, señorita, esta es su primera vez en la capital, ¿no?”
“¡Sí! ¿Cómo lo supiste?”
“¿Mm? Ah, usted no es de aquí. Ponerse nervioso por una multitud como esta es la señal más grande de que alguien es extranjero.”
Escuchar que ella había estado recorriendo el lugar como una pueblerina hizo que el rostro de Nina se pusiera completamente rojo. Ella creyó que estaba manteniendo la compostura en la gran ciudad, pero para los ciudadanos reales, su emoción de estar en una gran ciudad todavía era evidente.
“De seguro es una gran multitud. ¿Supongo que todos están aquí para la coronación?”
“Eso es parte de ello, por supuesto, pero el día de hoy hay un desfile de caballeros, así que todos se están reuniendo en la calle principal.”
“Ya veo…”
“Usted vio todos los letreros, ¿cierto? Dicen que cualquiera que quiera ver el desfile debería ir a la calle principal, mientras aquellos que no deberían tomar el camino de atrás, la Calle Saalten…”
“Lo siento, pero yo no sé lee—”
“Ah, ya veo, ya veo. ¡Claro que sí! Si no siente la necesidad de ver el desfile, ¿entonces tal vez quiera venir a nuestra tienda? Es muy fácil entrar a la Calle Saalten desde su puerta trasera.”
“¿Estás seguro? Pero no puedo pagarte el—”
“Ah, nunca le cobraría por algo así… Ah, es cierto. Ya que acaba de decir que no sabe leer, entonces le sugiero comprar uno de nuestros productos. Es un libro ilustrado que viene en conjunto con una figura, pero al final del libro se le enseña a leer. ¡Tiene comentarios muy favorables! Muy favorables.”
“Yo en realidad no puedo pagar un li—”
“Ah, no se preocupe, no se preocupe en lo absoluto. Nuestros libros son mucho, mucho menos costosos que los que encontraría en otro lugar. Tan solo dos monedas grandes de cobre de Asura… Nah, siento que esto debe ser cosa del destino, así que lo bajaré a una sola moneda grande de cobre de Asura y ocho monedas pequeñas de cobre. ¿Qué dice?”
Antes de darse cuenta, Nina estaba de pie sobre un camino que estaba considerablemente despejado mientras sostenía un libro ilustrado y una figura. Ahora su bolsa de dinero estaba más ligera por la cantidad exacta de una moneda grande de cobre de Asura y ocho monedas pequeñas de cobre.
Ella había sido absorbida por la táctica de ese vendedor. Nina quedó con la sensación de que había sido forzada a comprar para el momento que se dio cuenta de lo que había ocurrido, pero no era una sensación totalmente negativa. La velocidad de los ataques del comerciante le recordaron su entrenamiento con el Dios de la Espada Gal Farion.
Aun así, una moneda grande de cobre y ocho monedas pequeñas de cobre. Puede haber sido barato a partir de los estándares del mercado de los libros, pero era bastante costoso a partir de los estándares de la bolsa de dinero de Nina. Sin embargo, el comerciante le había enseñado el camino, así que no pagar su deuda con él habría manchado su nombre como Reina de la Espada.
Esto fue lo mejor, pensó Nina. Y así, ella comenzó a caminar.
La Calle Saalten estaba construida dos metros más profunda en el suelo que la calle principal. Estaba un poco húmeda y colindaba con varios túneles—se sentía más como un atajo para ciudadanos que para turistas. El propio camino era amplio, y tal como dijo el comerciante, estaba más vacío que la calle principal. Sin embargo, esto solo era relativo, ya que la calle todavía estaba llena de personas… Pero aquí, el flujo de gente estaba claramente dividido entre aquellos dirigiéndose hacia el centro de la ciudad y aquellos dirigiéndose hacia los límites de la ciudad, así que Nina pudo abrirse paso sin muchos problemas.
“Apuesto a que puedo llegar al salón de entrenamiento de Isolde para la puesta de sol.”
El dinero que ella había pagado antes estaba demostrando haber valido la pena. Con eso en mente, ella dio otro vistazo a la figura y el libro ilustrado en sus manos.
La figura era la de un demonio que sostenía una lanza, mientras la portada del libro tenía al mismo personaje dibujado en ella. Probablemente era el héroe. E, inusualmente, él era de la raza Superd. Nina no sabía qué clase de historia contaba el libro, pero como una guerrera, ella siempre había querido batallar contra un Superd. De acuerdo a su amiga Eris, los Superd eran increíblemente fuertes. Si Eris, la Perra Iracunda que irradiaba un aura que podía asustar a un diablo, hablaba de los Superd con respeto, entonces Nina estaba intrigada.
Además, me enseñará a leer tal como ese comerciante dijo, y no me hará daño estudiarlo entre las sesiones de práctica, pensó ella mientras seguía caminando.
Su atención cambió cuando oyó fuertes aclamaciones desde la calle principal. Parecía ser que el desfile estaba comenzando. Ver tal emoción le hizo tener curiosidad sobre este desfile; ella había tenido la intención de visitar primero a Isolde, pero no haría daño ir por la calle principal ahora para observar, ¿o sí?
“¿Eh?”
Pero entonces ella vislumbró por la esquina de su visión a una mujer de cabello rojo que se veía un poco familiar.
“¿Eris?”
¿Por qué ella estaría aquí? pensó Nina mientras seguía a esa mujer con sus ojos. Claro, era ella. Sobre la calle principal, dos metros sobre ella, apareció la cima de una cabellera roja. Nina solo la podía ver desde atrás, pero esa postura lo dejaba claro. Sin duda era Eris. Nina no sabía lo que ella estaba haciendo aquí, pero no pudo resistir la nostalgia abrumando su corazón.
“Eri—” trató de llamarla Nina, hasta que algo la hizo tragarse sus palabras.
“Arriba, Lucie. ¿Puedes ver?”
“¡Sip! ¡Todo es muy bonito!”
Ese algo era la niña que Eris subió sobre sus hombros.
“Vamos, Eris, yo quería subirla sobre mis hombros.”
“Claro que no. ¡Sé que solo quieres babear sobre los muslos de Lucie, tal como hiciste conmigo anoche!”
“¡Qué grosera! ¡Nunca le haría algo así a mi propia hija!”
“¡No te creo!”
“Bueno, es cierto que la amo lo suficiente como para querer babear sobre ellos…”
Esta conversación era con el hombre de pie a un lado de Eris. Ella ya había visto al hombre antes. Fue durante ese horrible encuentro con el Rey Demonio Badigadi.
Él era el mago que lo había derrotado de un solo ataque.
Él era el hombre que últimamente era conocido como La Mano Derecha del Dios Dragón, con avistamientos suyos siendo reportados por todo el mundo.
Rudeus Greyrat.
“…”
Nina se dio cuenta de que estaba procesando algo grande.
Ella sabía que Eris había regresado con Rudeus, para ayudarlo en su batalla contra el Dios Dragón Orsted. Y ya que las cartas habían dejado de llegar luego de eso, ella estaba segura de que ambos habían sido asesinados, pero también había escuchado rumores por ahí de que ellos habían aparecido juntos en el Reino de Asura. Rudeus se hizo conocido como la Mano Derecha del Dios Dragón luego de eso, así que Nina asumió que Eris también se había rendido ante el Dios Dragón.
Ella estaba segura de que Eris se había hecho fuerte, mucho más fuerte que antes.
Pero la Eris que Nina estaba mirando ahora mismo estaba mucho más allá de lo que ella había imaginado. Esta Eris estaba bromeando y riéndose con un hombre. Y la chica que ahora tenía sobre sus hombros probablemente era su hija. Nunca se le pasó por la cabeza a Nina que Eris podría haberse casado, mucho menos tener una hija. La Eris que ella conocía—esa bestia indomable, la Perra Iracunda—ahora estaba haciendo… esto. Ella había venido a ver un desfile y estaba coqueteando con su amado esposo…
“Yo… solo iré a ver a Isolde.”
Nina apartó su mirada mientras pensaba eso.
Nina había creído que convertirse en Reina de la Espada significaba que ella finalmente estaba en igualdad de condiciones con Eris, pero ahora fue dejaba soportando esta enorme sensación de derrota.
Nina no lo vio, pero esto es importante: Solo un poco fuera de la visión de Nina, ocultas por la multitud, Roxy y Sylphie estaban de pie justo a un lado de Rudeus, con Zanoba y Julie cerca.
Después, Nina se dirigió hacia el salón de entrenamiento de Isolde. El ambiente solemne y el hedor a sudor calmaron sus nervios. Luego de saludar a Isolde, Nina fue presentada a los estudiantes. Cada uno de ellos, chicos y chicas por igual, emanaban un aura honesta y humilde que solo venía de nunca haber tenido sexo.
Sí, así es como debe ser un practicante de las artes con la espada, se convenció Nina.
Después de recibir un recorrido por el salón de entrenamiento, Nina fue llevada a la casa de Isolde. Ellos habían hecho arreglos para que Nina se quedase ahí durante su estadía en Ars, ya que la casa en la que vivía Isolde tenía una habitación vacía. La habitación anteriormente estaba siendo usada por la Diosa del Agua Reida, pero ahora ya estaba completamente limpia.
A Nina no le importaba Reida, pero en cambio encontró alivio en el hecho de que Isolde no mostrara ninguna señal de tener a un hombre. Ella era la Emperatriz del Agua, una instructora de esgrima, y una caballera; debería haber sido un gran partido. Si incluso Eris podía estar casada y con hijos, entonces la radiante Isolde fácilmente podía encontrar un compañero. No sería una sorpresa para Nina entrar a la casa de Isolde y ser presentada con su esposo e hijo. Ella se había preparado para lo peor y ahora sentía una sensación de alivio proporcional.
“Nina, de hecho, habrá una pequeña fiesta una vez que termine el desfile. Estoy segura de que debes estar cansada después de tu largo viaje, pero ¿te importaría acompañarnos? Hay muchas personas a las que les encantaría conocer a una Reina de la Espada.”
Isolde propuso esta idea mientras Nina estaba dejando en el suelo su equipaje y recuperando el aliento.
“Claro, no tengo problema,” accedió inmediatamente Nina. Ella no sabía lo que supuestamente era esta pequeña fiesta, pero no era como si tuviera algún plan para esta noche. Ella podía posponer su recorrido por la ciudad hasta mañana.
O eso pensó ella.
Nina comenzó a lamentar su decisión en menos de una hora.
Por supuesto, su línea de pensamiento hizo varias paradas antes de llegar, finalmente, a la estación llamada arrepentimiento. Comenzó con, Aquí pasa algo raro. En este momento fue cuando vio que Isolde la había traído a una enorme mansión cerca del palacio real. ¿Eh? Esto se ve bastante grande para ser una “pequeña fiesta,” pensó ella.
He sido engañada, fue su siguiente pensamiento. En este momento fue cuando fue traída a una habitación de apariencia lujosa, se le hizo escoger un vestido costoso, y fue manoseada por varias sirvientas. Esta definitivamente es alguna clase de fiesta para nobles, pensó ella.
No debí haber venido, fue el pensamiento que nos trae al presente. ¿Por qué había accedido inmediatamente? ¿Por qué había sido tan ingenua como para acompañarla? ¿Por qué les había permitido vestirla sin resistirse? Nina normalmente habría tratado de escapar. ¿Por qué no lo había hecho? Debe haber sido que ella no estaba dentro de sí. Nina estaba dentro de un vestido costoso, se le obligó a usar peligrosos tacones que la sacaban de balance, e incluso la habían despojado de la espada que había sido una compañera realmente confiable todo este tiempo. Este era el estado en que estaba Nina cuando Isolde la arrastró al salón de la fiesta y le presentó a persona tras persona.
Pero ella pronto se dio cuenta de algo que le dio una pizca de alivio; no todos aquí eran nobles. Si bien muchos de ellos lo eran, algunos venían de mundos que Nina entendía, tal como el caballero de nacimiento humilde o el joven mago de primera traído de otro país. Y dentro de esa multitud había personas que, tal como Nina, habían sido engañadas de venir y ahora estaban incómodas, como peces fuera del agua.
Las personas se relajaban cuando se daban cuenta de que no estaban solas. Mientras ella se relajaba, Nina recordó que era una Reina de la Espada. No era nada para ella analizar a su oponente y calcular sus probabilidades de victoria. Una vez que confirmó que todos a su alrededor eran debiluchos, ella incluso comenzó a sentirse un poco audaz.
Tengo hambre, pensó la recientemente empoderada Nina. Ella tenía un gran apetito. De pronto recordó que no había comido nada desde el mediodía. Todos los practicantes del Estilo del Dios de la Espada eran unos glotones. Aparte de las veces cuando su entrenamiento la obligaba a ocultarse en los bosques o algo así, ella no se saltaba ninguna comida.
Y, por lo tanto, sus ojos fueron llamados por el bufé de suculentos platillos servidos a través del salón. Y naturalmente, después de atacar cada delicioso bocado a la vista mientras sus compañeros asistentes miraban, ella terminó necesitando ir al baño más cercano. Y la sirvienta que ayudó amablemente a Nina a llegar al baño—Nina tuvo muchos problemas para volver a colocarse su vestido luego de terminar lo suyo—hace mucho que se había ido para cuando ella finalmente estuvo lista, por lo que terminó perdida dentro de esta mansión laberíntica sin idea de cómo regresar al salón. Y todo esto, por supuesto, fue inevitable.
Esto realmente me está haciendo enojar, pensó ella. Nina suspiró para sí misma mientras recorría el tenuemente iluminado pasillo. Ella había sido continuamente abrumada por el ambiente de cada lugar en el que había estado desde su llegada al Reino de Asura, y eso la mantuvo fuera de sí, como un poco disociada. Su creencia de que ella podía dominar el mundo ahora que era una Reina de la Espada estaba destrozada.
“Yo solía hacer cosas sin la necesidad de pensar mucho…”
Tal vez era debido a que ella ahora era una Reina de la Espada con discípulos. O tal vez porque había tenido que lidiar con Eris y su personalidad. A diferencia del pasado, ella ya no podía actuar sin pensar en las consecuencias. Nina creía que este cambio la había convertido en una mejor guerrera, pero…
“Ah, es cierto, olvidé contarle a Isolde sobre Eris.”
Eris estaba en la ciudad, así que Nina quería sugerir otra sesión de entrenamiento entre las tres. Pero en el momento que lo consideró, la imagen de lo que vio esa tarde atravesó su mente. Ella sacudió su cabeza para sacarla de su mente.
Esta ya no es la Eris que conocí, pensó ella.
Ella quería olvidarlo y volver al salón tan rápido como fuese posible. Dar alguna excusa barata y regresar a casa. Esta mansión puede haber sido incómoda, pero había muchos otros lugares famosos para ver en el Reino de Asura. Podía pedirle a Isolde que le muestre el lugar… No, su amiga de seguro estaba ocupada, así que tendría que explorar por su cuenta. La ciudad tenía alguna clase de festival siendo efectuado, así que de seguro podría encontrar una forma de entretenerse. Tal vez podía visitar el salón de entrenamiento del Estilo del Dios de la Espada de la ciudad.
Bueno, eso es lo que voy a… ¿Mm?
Justo después de fortalecer su resolución, Nina de casualidad vio una habitación con luz saliendo de ella. La puerta era pequeña, ciertamente no era una que daba al salón. Aun así, en el interior probablemente había alguien que conocía el camino de regreso, así que Nina supuso que podría pedir indicaciones. Sintiéndose medio aliviada, ella se acercó a la puerta, y…
“… Su Majestad Ariel, de seguro usted no quiere que eso se haga público, ¿o sí?”
Esa era una clara amenaza. Ella se detuvo en seco.
¿Su Majestad… Ariel? se dio cuenta ella. Incluso una pueblerina como Nina sabía que existía una sola persona en este país a la que podían referirse de esa forma.
Ariel Anemoi Asura.
La reina cuyo meteórico regreso a la realeza, después de pasar casi una década en el distante Reino de Ranoa, cautivaba los corazones de sus ciudadanos. El sugerir que todas las festividades y la fanfarria a través de la capital de Ars estaban dedicadas a esta sola mujer sería tomar el asunto a la ligera.
“¿Oh? ¿A qué te estás refiriendo exactamente?”
“¿Acaso está diciendo que no lo recuerda?”
Nina avanzó lentamente mientras se acercaba a la puerta. Una vez ahí, ella miró dentro de la habitación a través de la grieta en la puerta.
¡Ah!
En su interior había un hombre y una mujer; una mujer rubia sentada en una silla, y un hombre de cabello castaño claro de pie a su lado. El hombre tenía un rostro que le era familiar a Nina.
“Ah, por favor. Podría ser cualquier cosa…”
“Claro que no, de hecho—”
Era Rudeus Greyrat.
Ya no estaba por ninguna parte el hombre que se había reído junto a Eris esta misma tarde. Él acercó su diabólica sonrisa hacia la mejilla de Ariel.
Un pensamiento atravesó la mente de Nina.
¡Él la está presionando para tener relaciones carnales!
Rudeus Greyrat era un hombre conocido por tener otras dos esposas aparte de Eris. Nina recordaba rumores sobre que él también era bastante… amoroso. En las calles decían que él había trabajado duro detrás de escena para ayudar a Ariel a convertirse en monarca. Si realmente estaba bajo las órdenes de Orsted, entonces él muy probablemente ayudó a Ariel como el peón de Orsted. Y ahora, estaba chantajeándola para que se acueste con él.

Lo mataré, decidió Nina en un instante.
No había necesidad de pensarlo. Ella no sabía con qué secreto estaba siendo chantajeada Ariel. Tampoco sabía lo fuerte que era Rudeus. Isolde estaba bajo las órdenes de Ariel. Si la jefa de una amiga estaba siendo chantajeada, entonces no había razón para no utilizar su hoja. Ella ni siquiera tenía su espada, pero nada de eso importaba; Nina encontraría una forma de cortarlo.
Este sería el punto donde Nina, si ella se sintiera como sí misma, se habría dicho que debía esperar un momento… pero las últimas horas le habían pasado factura en cuanto a su capacidad de mantener su autocontrol.
Pero antes de que pudiera actuar, los sentidos de Nina le alertaron de un aura hostil justo detrás de ella.
“¡Gah!”
Nina se dio la vuelta. Ahí de pie ante ella yacía un monstruo usando un vestido rojo sangre.
“¿¡Eris!?”
Nina ni siquiera se había imaginado que ella estaría aquí, pero Eris siempre estaba al lado de Rudeus. Ya que Rudeus estaba justo aquí, por supuesto que ella también vendría.
“¿Nina?”
La expresión de Eris por un momento fue una de sospecha, pero su furia pronto regresó.
“¿Te importaría decirme hacia quién estás dirigiendo toda esa sed de sangre?”
Mierda, pensó Nina. No había forma de detener a Eris cuando ella actuaba de esta forma. Si se enfrentaban, entonces Rudeus saldría corriendo de esa habitación. Ella corría el riesgo de enfrentar una batalla en desventaja. Puede que Eris no tenga una espada, pero ser arrinconada con un mago al otro extremo iba a ser…
“¿Eh? ¿Ya regresaste, Eris?”
Para el momento que Nina había pensado en el peor escenario posible, este ya había pasado. La puerta detrás suyo se abrió, y de ella salió el rostro de Rudeus. Nina instantáneamente entendió que la victoria estaba fuera de su alcance, pero enfrentar lo imposible con la tenacidad de una bestia salvaje era la esencia del Estilo del Dios de la Espada.
“Ahora bien, Rudeus, creo que es hora de unirnos a la fiesta. Estamos haciendo esperar a nuestros invitados.”
Cuando Ariel apareció junto a Rudeus tan tranquila como se podía estar, toda la fuerza de Nina desapareció. La expresión de Ariel no mostraba ni una pizca de desesperación o intimidación. Algo estaba mal aquí. Otra vez. Esa era una sensación a la que se había acostumbrado durante el último par de horas.
“¿Acaso… no está siendo chantajeada?” preguntó ella mientras colocaba una rodilla en el suelo.
“¿Mm?” Ariel miró hacia la postura de Nina y simplemente ladeó su cabeza.
Nina y Ariel nunca antes se habían visto. Pero después de comparar la postura de Nina y la expresión de Eris y reflexionar un poco sobre la conversación que acababa de tener, Ariel entendió lo que estaba ocurriendo.
“Ah, para nada. Yo fui quien le hizo una solicitud a Rudeus, a la cual él se rehusó. Yo de todas formas quería su asistencia y por lo tanto mencioné lo que creí sería una debilidad suya, pero él me devolvió la jugada… ¿Podría ser que usted solo escuchó la última parte de ese intercambio, asumió que yo estaba siendo chantajeada, e iba a ir en mi rescate?”
Nina asintió débilmente con sus ojos todavía completamente abiertos. Ariel tomó gentilmente el brazo de Nina y la levantó con cuidado.
“Se lo agradezco mucho. No creo que nosotras hayamos sido presentadas. Mi nombre es Ariel Anemoi Asura, la futura gobernante del Reino de Asura.”
“Eh, um, ¿eh?”
Aquí estaba la futura líder de un reino en toda su gloria, y ella aun así sintió que era necesario presentarse. Incapaz de procesar esta serie de eventos, Nina entró en pánico y se dio la vuelta hacia Eris. Ella miró hacia Nina con sospecha, pero al final solo suspiró y le lanzó un hueso.
“Ella es Nina.”
“¿Es una conocida tuya, Eris-san?”
“Sí, ella es la Santa de la Espada Nina Farion. Entrenamos juntas en el Santuario de la Espada.”
Nina se dio cuenta de que necesitaba avanzar a la siguiente parte de la conversación, donde Eris inevitablemente diría que no tenía idea de qué estaba haciendo aquí su antigua compañera de entrenamiento.
“¡A-ahora soy una Reina de la Espada! ¡Igual que tú!”
“Oh… ¿Lo eres? Felicidades.”
Nina se quedó en silencio luego de esa apagada felicitación. Ella se veía como si hubiese presumido de su título sin ninguna razón. Pero todo lo que quería era dar un poco de contexto…
“Ya veo, Nina-sama. Tenga la plena seguridad de que la fiesta de esta noche fue planeada por Rudeus y yo. Creo que más tarde tendremos una oportunidad de hablar, pero por ahora, por favor, relájese y disfrute la noche.”
“Ah, c-cierto…”
Ariel sonrió cálidamente y se alejó por el pasillo junto a Rudeus. Después de verlos partir, Nina dejó salir un gran suspiro. Este día seguía sacándola de balance.
“Y bien, ¿qué estás haciendo aquí?” demandó Eris, quien se había quedado atrás junto a ella.
Nina se dio la vuelta para quedar de frente a su vieja amiga. Su vestido carmesí y su peinado encajaban con ella; su elección del collar, los aros, y las otras piezas de joyería evidenciaban un buen gusto. Los sellos distintivos sutiles de una verdadera mujer.
“Um… Eris… Tu vestido, er, se te ve bien.”
“¡Jeje, por supuesto que sí! ¡Rudeus lo escogió para mí!”
Ahí estaba su chispa. Al final Eris no ha cambiado mucho, pensó Nina. Era difícil imaginar que esta orgullosa mujer que ahora estaba inflando su pecho era la misma persona que ese animal salvaje de antes. Pero…
Nina suspiró y comenzó a descargarse con Eris. “Tienes que escuchar esto. Isolde…”
Al final, Nina nunca supo para qué era la fiesta. Cuando ella y Eris regresaron al salón, encontraron a Rudeus dirigiéndose a la multitud.
“¡El Dios Dragón Orsted es su aliado! ¡Decidan ahora, e incluiremos esto absolutamente gratis! No se preocupen, no hay cuota de inscripción. Todo lo que pedimos es que simplemente reúnan su fuerza en preparación para una guerra que ocurrirá dentro de ochenta años y, cuando llegue el momento, presten esa fuerza al Dios Dragón Orsted. ¡Si hacen este pequeño compromiso, la Sociedad del Dios Dragón garantizará su apoyo por los próximos cien años! El Dios Dragón Orsted los salvará en su hora más oscura, de peligros de las profecías de figuras sombrías que se hacen llamar dioses, y hasta de los terrores de una invasión. ¡Por favor, un voto por el Dios Dragón Orsted es un voto por un futuro brillante!”
Nina no entendía lo que él estaba diciendo, así que simplemente asintió.
Rudeus parecía estar reuniendo aliados. Asumiendo que su anterior encuentro realmente fuera un malentendido, entonces ella no se oponía a ayudar al esposo de Eris. Pero Nina no entendía lo que él quería. Una guerra estallaría en ochenta años, así que Rudeus quería que ayudaran a Orsted llegado ese momento… lo cual significaba que él quería reunir fuerza hasta entonces. Esto era un poco elaborado.
Nina no estaba sola; muchos otros invitados parecían estar igual de confundidos. Pero al final, todos asintieron. Probablemente ayudó que ni una sola persona dentro de esa habitación rechazaría una solicitud de Ariel.
Después de la fiesta, Nina pasó por la mansión siguiendo la sugerencia de Eris. Isolde se les unió. Resultó que todo el lugar fue un regalo que Ariel le había proporcionado a Rudeus, así que eran libres de usarlo como quisieran, o al menos así presumió Eris.
Esa noche, las tres se reunieron para su primera conversación en años. Eris siguió hablando solo de Rudeus, e incluso Isolde se estaba quejando de que estaba comenzando a querer a su propio compañero de vida. Ver a estas dos interactuar así le recordó los viejos tiempos; el contenido de lo que hablaban puede haber cambiado un poco, pero la diversión que ella tenía con su presencia no había cambiado en lo absoluto. Solo eso hizo que el viaje de Nina a la capital valiera la pena. Y para el momento que llegó el día siguiente, sus estúpidos sentimientos de celos y derrota habían desaparecido. Ella se sentía como su antigua versión.
Nina disfrutó de todo lo que Ars tenía para ofrecer hasta el final de las festividades por la coronación. Los paisajes, las multitudes, los salones de entrenamiento. Cuando ella quería ir a algún lugar, iba. Y no fue sola; hubo muchos días donde Isolde no pudo acompañarla debido a sus obligaciones, pero por alguna razón, Eris se quedó con Nina todo ese tiempo.
Eris presumiría de Rudeus cada vez que abría su boca, así que Nina terminó preguntándose porqué Eris mejor no se quedaba con su esposo. Pero después de pasar tanto tiempo con ella, Nina empezó a entender el proceso mental de Eris: ella quería que Nina aceptara seriamente la propuesta de Rudeus. Eris no era muy buena con las palabras, lo cual dificultaba descubrir cuál era su punto, pero su espíritu honesto y directo conmovió el corazón de Nina. La solicitud de Rudeus pasó de ser un balbuceo incomprensible a algo que ella ahora estaba considerando seriamente.
Nina regresó al Santuario de la Espada después del término de la coronación. Ella pensó un poco sobre cómo accedió a unirse a las fuerzas de Orsted en ochenta años. Sobre lo feliz, brillante, y animada que se veía Eris. Y sobre cómo Rudeus estaba justo a su lado.
Nina pensó en ellos mientras cabalgaba sobre su caballo. Ella no se comprometió completamente. Pero cuando vio a la persona dándole la bienvenida mientras llegaba al Santuario de la Espada, algo encajó en su lugar dentro de ella.
Él era el primo de Nina. Un joven que siguió sus pasos para convertirse en Santo de la Espada, y ahora estaba al borde de alcanzar el rango Real, Gino Britz. Nina le dio un vistazo y dijo lo primero que se le vino a la mente. No hubo vacilación. El Estilo del Dios de la Espada predicaba que el primero en hacer un movimiento sería el ganador por una razón.
“Oye, Gino. ¿Te quieres casar conmigo?”
Poco después, el Santuario de la Espada se convirtió en el hogar de una nueva pareja casada, pero esa es una historia para otra ocasión.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
Sé la primera persona en dejar una nota sobre el capítulo.