Una Hoja Salvaje Encuentra su Vaina
Capítulo Extra: Una Hoja Salvaje Encuentra su Vaina
“¿¡Gah!?”
Los ojos de Eris se abrieron violentamente. Ella se había despertado a sí misma con un grito poco digno.
“¿Mm…?”
Eris se sentó en la cama y se rascó su cabello despeinado, mirando alrededor con una confusión clara en su rostro. Ella estaba sobre una cama desconocida, en una habitación desconocida. Tanto la ventana como el armario también eran nuevos para ella.
Sin embargo, reconocía las dos espadas apoyadas contra la cama—y la ropa tirada descuidadamente a través del suelo. Estaba claro que ella se había ido a dormir aquí anoche por iniciativa propia.
“Ah, cierto…”
Una vez que procesó todo esto, sus recuerdos de la noche anterior regresaron a ella rápidamente.
Eris recordaba salvar la vida de Rudeus, y luchar contra Orsted para protegerlo.
Durante sus años en el Santuario de la Espada, ella había soñado muchas veces con luchar contra Orsted. Durante los días en que ella se exigió más allá del límite en su entrenamiento, y se quedaba dormida en el momento que colocaba su cabeza sobre la almohada, casi siempre ocurría. Los sueños cambiaban un poco con el paso de los años y mientras se hacía más fuerte, pero siempre involucraban luchar contra el Dios Dragón junto a Rudeus, y ella siempre despertaba justo antes de la conclusión del duelo.
Sin embargo, ayer su batalla había llegado a un final. Algo que nunca antes había ocurrido. Y el resultado fue uno que ella nunca había imaginado. Se sentía demasiado extraño para ser real. Ella asumió que debe haber sido otro sueño.
Pero a juzgar por dónde se encontraba esta mañana…
“Supongo que realmente ocurrió,” murmuró pensativamente Eris.
El día después de la batalla contra Orsted, ella despertó en la casa de la familia Greyrat.
Eris Greyrat estaba comenzando a sentirse inquieta.
Por muchos años su sueño había sido luchar contra Orsted junto a Rudeus. Esa fue la razón principal por la que viajó el Santuario de la Espada. Eris ahora había cumplido ese objetivo; las cosas no habían salido exactamente como las había imaginado, pero le había dado pelea al Dios Dragón.
Por supuesto, ella había pensado un poco en lo que vendría después de esto. Su plan era vivir feliz por siempre junto a Rudeus. Ella nunca había pensado mucho en los detalles, pero todavía era su intención hacerlo realidad.
Aun así, a pesar de cómo se sentía al respecto, durante los días posteriores a su llegada a esta casa, ella se había descubierto incapaz de siquiera mantener una conversación con Rudeus.
Eris murmuró para sí misma mientras lavaba su rostro. “No lo entiendo.”
Este baño tenía un enorme espejo sobre el lavabo, ofreciéndole una buena vista de sí misma. Eris estudió su rostro por un momento: cabello rojo despeinado, ojos hacia arriba, y una boca que parecía fruncirse cada vez que la cerraba. Ella había logrado lavar la saliva seca de su mejilla, pero no había ayudado mucho.
La palabra linda definitivamente no podía aplicarse a ella. Cuando consideró el significado de ese término, inmediatamente dos rostros aparecieron en su mente. Los rasgos de Sylphie y Roxy diferían, pero ambas podían ser descritas como adorables. Ellas no tenían los ojos afilados y hacia arriba de Eris, o su melena de cabello descuidado, y no se veían enojadas cuando cerraban la boca. Sus figuras además eran muy diferentes a la suya. Sus cuerpos no eran… los de una mujer adulta, pero a Rudeus parecía gustarle de esa forma.
Por supuesto, Eris no podía cambiar mágicamente su apariencia en el transcurso de una noche, así que se había dado por vencida en competir con ellas en ese aspecto. Pero había otros aspectos de este problema a considerar. Sylphie era del tipo de mujer que cuidaba muy bien de su familia y hogar. No era solo que podía realizar bien los quehaceres o cocinar bien—ella también era amable y considerada con todos. Sin importar la forma estúpida en que Eris pudiera comportarse, Sylphie nunca iba a reírse de ella a su espalda. Por sobre todo eso, era evidente que amaba a Rudeus con todo su corazón. Cualquiera que reconociera la grandeza de Rudeus se ganaba algunos puntos con Eris.
En cuanto a Roxy, bueno… ella era alguien a quien Rudeus respetaba profundamente. Ella era un poco torpe, pero parecía ser una persona tranquila e inteligente con una mirada sabia de la vida. Además de eso, ella tenía un buen trabajo en la Universidad, lo cual la convertía en la persona que ganaba más dinero en la casa. Rudeus le había contado a Eris lo maravillosa que era durante sus viajes juntos. Desde la perspectiva de Eris, cualquier persona que Rudeus respetase era alguien que merecía ese respeto.
¿Y eso dónde dejaba a la propia Eris?
Ella no era buena con los quehaceres del hogar ni cocinando. Cuando se trataba de ganar dinero, trabajar como una aventurera era la única cosa que ella sabía hacer… y era difícil saber cuán bien se desempeñaría ella sin Rudeus lidiando con todos los detalles complicados.
Solo para dejarlo claro: Eris tenía toda la intención de quedarse con Rudeus de ahora en adelante. Los detalles no habían salido como ella esperaba, pero era algo menor en su mente. Por supuesto, había una parte de Eris que lo quería para ella sola, y tenía algunos sentimientos encontrados acerca de ser la tercera esposa. Pero ya había aceptado eso hace mucho tiempo. En primer lugar, Rudeus había atravesado un periodo muy difícil por su culpa, y ella había visto a hombres con muchas esposas en Asura. No había nada extraño en eso para ella.
Dicho eso, ahora que Eris había conocido a sus otras esposas, ella estaba comenzando a sentirse un poco inadecuada.
Eris ya no era una niña. Sabía que la vida no era simple o fácil. Ella aún no tenía la noción de cuán complicada se podía poner, pero estaba muy al tanto de que no podía vivir solo dependiendo de sus habilidades con la espada.
En el pasado, ella nunca se había preocupado acerca de todo lo demás. En su mente, Rudeus podía encargarse de todo—y eso quería decir que ella no necesitaba molestarse. Pero después de ver a Sylphie y Roxy en acción, Eris ya no se sentía de esa forma. La otra razón principal para ir hacia el Santuario de la Espada fue para estar a la altura de Rudeus. Ella quería volverse más fuerte para ya no ser una carga para él.
Y de seguro había logrado ese objetivo. Pero ahora que había regresado, resultaba que Rudeus ya tenía a dos mujeres apoyándolo. Ambas tenían todo tipo de habilidades de vida valiosas que usaban activamente para ayudarlo de cientos de formas.
Tal vez ella al final no tenía lo necesario para ser su esposa. Tal vez ella era la razón por la que él seguía mirándola con una expresión extraña en su rostro, en vez de proponerle matrimonio de una vez.
Era una idea angustiante, una que no podía sacudirse.
Bajo circunstancias normales, Eris podría haber dejado de lado todas sus preocupaciones y arremetido directamente hacia Rudeus. Pero estas no eran circunstancias normales; y sus sentimientos de vacilación se habían hecho tan fuertes que no podía reunir el valor para comenzar una conversación.
“… ¡Muy bien!”
Sin embargo, Eris por naturaleza no era capaz de lamentarse mucho las cosas. Y ella no era la niña malcriada que había sido en algún momento, la cual era incapaz de tomar acciones propias. Ella era una maestra de la espada que había estudiado en el mismísimo Santuario de la Espada, ganándose el prestigioso rango de Reina de la Espada.
Durante su ascenso a estas alturas, Eris había aprendido exactamente qué hacer cuando se sentía insuficiente. Cuando te faltaban las cualidades que necesitabas, solo era cuestión de obtenerlas.
Después de lavarse y terminar sus balanceos de práctica diarios, Eris rápidamente limpió su sudor, y luego se dirigió directamente hacia la cocina donde Sylphie, Aisha, y Lilia ya estaban trabajando.
Solo habían pasado un par de días desde la batalla contra Orsted, la cual había sido una experiencia estresante y agotadora para todos. Pero con tres cocineras competentes en la cocina trabajando en un número relativamente pequeño de platillos, las cosas iban lo suficientemente bien.
Sin embargo, Eris gritó: “¡Déjenme ayudar! ¿¡Qué debo hacer primero!?”
“¡Tú solo espera pacientemente hasta que la comida esté lista, Eris!” respondió inmediatamente Aisha.
El mensaje implícito aquí era “No hay nada que puedas hacer para ayudar.” Aisha era una chica amable y alegre por naturaleza, y no tenía más que cariño y respeto por su nueva hermana mayor, pero ella también estaba al tanto de que Eris no podía cocinar ni siquiera si su vida dependía de ello. Además, ellas ya tenían la situación bajo control.
Desafortunadamente, Eris tampoco era muy buena leyendo entre líneas. “¡No puedo quedarme sin hacer nada por siempre! ¡Yo también voy a ser la esposa de Rudeus!”
Aisha de alguna forma resistió la necesidad de suspirar de la exasperación y miró hacia Sylphie, quien estaba sonriendo de forma incómoda. Sylphie era quien estaba a cargo aquí, así que la decisión final era suya.
“Um… Eris, ¿sabes cocinar?” preguntó Sylphie, con el tono más gentil que pudo.
“¡Al menos puedo ayudar!” respondió Eris, inflando su pecho de la confianza.
“Bueno, entiendo… ¿Entonces podrías cortar estos vegetales para mí? Vamos a usarlos en un estofado, pero siempre son un poco duros de cortar.”
Sylphie le entregó a Eris un cuchillo de cocina y la posicionó en la dirección correcta. Eris miró abajo hacia al vegetal con forma de calabaza recientemente pelado ante ella, emocionada por comenzar.
“Solo necesito cortarlo, ¿cierto?”
“Sí. Aunque son muy duros. ¿Crees poder lograrlo?”
“Por supuesto. Yo soy realmente buena con una espada.”
“Um, pero eso es un cuchillo de cocina…”
Eris básicamente no había hecho nada más que practicar con la espada durante muchos años. Pero en sus días como aventurera, Ruijerd le habían enseñado a despellejar monstruos muertos, y ella también había preparado la carne un par de veces. En otras palabras, no era como si no tuviera ninguna experiencia cocinando.
Desafortunadamente, los preparativos para el desayuno de la familia Greyrat no involucraban la disección de monstruos venenosos, pero Eris estaba convencida de que ella podía lograr cortar algunos vegetales.
“… ¿Eh?”
Sin embargo, la calabaza probó ser mucho más dura de lo que Eris había anticipado, y su cuchillo dejó de moverse a medio camino. Ella era muy buena golpeando rápidamente objetivos en movimiento, pero esta era su primera vez enfrentando un objeto inanimado sobre una tabla de cortar. Tal vez era algo que necesitaba practicar.
Sin embargo, Eris ahora era una Reina de la Espada; ella sabía cómo usar una hoja. Y sabía cómo cortar a través de las cosas, incluso si eran un poco duras.
“Um, ¿Eris? Necesitas cortarla un poco más que—”
“¡Hmph!”
Justo cuando Sylphie estaba a punto de enseñarle el truco para esto, Eris exhaló pesadamente, levantando su cuchillo demasiado rápido como para ser visto por el ojo humano, y lo balanceó violentamente hacia abajo.
Sylphie ni siquiera vio una mancha. Ella solo escuchó el crack de la hoja golpeando, y vio la calabaza partirse a la mitad… junto con la tabla de cortar debajo de ella. La tabla de cortar que Rudeus le había comprado cuando se casaron, y que ella había estado usando desde entonces.
“¿Cómo estuvo eso?” dijo orgullosamente Eris.
Las mejillas de Sylphie se retorcieron ligeramente, pero ella logró controlarse. Sí, ella amaba esa tabla de cortar, pero era solo un objeto, y en cualquier caso se habría desgastado eventualmente. Siempre podían comprar una nueva.
“¡Aaaah! ¡Esa es la tabla de cortar que Rudeus le compró a Sylphie como regalo de bodas!” gritó Aisha en lugar de Sylphie. Recogiendo las dos mitades de la tabla de cortar rota, ella miró hacia Eris con reproche. “¡Eris, lo que hiciste fue horrible!”
“Um…”
Eris miró hacia Sylphie de una forma lenta y ansiosa. Las mejillas de la mujer se estaban retorciendo ligeramente, pero de alguna forma había logrado mantener una sonrisa en su rostro.
“Ah, n-no pasa nada. No es como si lo hubiese hecho a propósito, ¿cierto?”
“… L-lamento eso.”
La disculpa de Eris fue genuina. Si alguien hubiera cortado a la mitad un regalo que Rudeus le hubiese dado, ella sabía que se habría enojado con esa persona.
“Pero creo que dejaremos que alguien más corte los vegetales el día de hoy.”
Durante los minutos posteriores, Sylphie hizo el esfuerzo de encontrar pequeñas tareas en las que Eris pudiera ayudar. Desafortunadamente, ella probó ser más torpe de lo esperado. Cuando trató de calentar algo, ella casi causó un incendio; cuando lavó una olla que ellas habían terminado de usar, Eris de alguna forma dobló su mango; y cuando ella llevó comida hacia la mesa, Eris terminó botándola al piso. Normalmente, ella podría haber desempeñado estas tareas sin problema, pero estaba poniendo demasiada fuerza en las cosas el día de hoy.
Cuando te estás esforzando mucho, es fácil cometer errores que en otra ocasión no cometerías.
Al final, Eris terminó con la tarea de afilar los cuchillos de la cocina que se estaban quedando sin filo. Si bien la mayoría de lo que había practicado recientemente se trataba de cómo usar una espada, ella también había aprendido a mantener una. Ruijerd le había enseñado lo básico, y ella tuvo un entrenamiento arduo en el Santuario de la Espada. Había buenas razones para esto. Para los practicantes del Estilo del Dios de la Espada, quienes buscaban cortar a sus oponentes de un solo golpe, era crucial mantener el filo de sus espadas.
Evidentemente un cuchillo de cocina no era una espada, pero todavía era una hoja. No había mucha diferencia en cómo mantenerlas. Para el final de esa mañana, cada cuchillo de la familia Greyrat se veía tan afilado como para cortar a través del acero; este logro le concedió a Eris una gran cantidad de halagos por parte de Sylphie y las demás.
Por supuesto, ella estaba completamente consciente del hecho de que este no era la clase de quehacer con el que ella había estado esperando ayudar.
Eris había sido un estorbo en la cocina. Aun así, ella no iba a darse por vencida. Parecía ser que cocinar no era lo suyo, pero aún podía encontrar una forma de al menos ganar algo de dinero. Con esa idea en mente, ella se dirigió hacia la Universidad de Magia de Ranoa, donde Roxy trabajaba como profesora. El plan era explicar la situación y ver si Roxy sabía de algún trabajo para el que ella fuera adecuada.
“Ehh… ¿Quieres saber si hay algo en lo que puedas ayudar?”
Eris llegó justo cuando Roxy estaba comenzando su almuerzo—distrayéndola del misterio de por qué tanta de su comida estaba ligeramente quemada.
“¡Sí! Todos dicen que es de gran ayuda que tú lleves ese gran salario a casa. Yo también voy a ser la esposa de Rudeus, así que también debería ganar algo de dinero.”
“Ah, ya veo. Bueno, en ese caso, ciertamente me esforzaré por ayudarte a encontrar un trabajo.”
“¡Gracias, Roxy!”
“Primero que nada, ¿puedes decirme cuáles son tus habilidades?”
La mente de Eris inmediatamente repasó las cosas que Rudeus le había enseñado hace muchos años. Este lugar era una escuela, así que parecía ser el conocimiento más relevante que poseía.
“¡Puedo leer, escribir, y hacer operaciones aritméticas! ¡Ah, y también sé algo de magia básica!”
Por supuesto, Eris no era especialmente buena en ninguna de estas cosas, pero ella aun así entregó su respuesta con confianza.
Roxy se quedó en silencio y trató de pensar las cosas cuidadosamente.
Eris era una Reina de la Espada. Naturalmente, la mejor opción era encontrarle un trabajo donde ese título fuera relevante. A pesar de que ella no sabía si Eris tenía la habilidad para enseñar a otras personas, encontrarle un empleo como una instructora de esgrima parecía ser la opción ideal. Ella todavía no cumplía los requisitos necesarios para ser una integrante de la facultad formalmente, pero podía ser contratada como una asistente de instructor de inmediato. Afortunadamente, la Universidad de Magia sí ofrecía a sus estudiantes lecciones de esgrima, y la recomendación de Roxy valdría de algo aquí.
El actual instructor de esgrima de la Universidad estaba en el rango Avanzado en su estilo, lo cual convertía a Eris en su superior. Había una posibilidad de que tomar una asistente tan poderosa fuera una herida demasiado profunda para su orgullo… pero mientras ella consideraba esto, Roxy recordó ver al hombre hablando emocionadamente acerca de la llegada de dos Reinas de la Espada a Ranoa solo el otro día. Él incluso había mencionado algo acerca de lo mucho que quería conocerlas, y tal vez incluso aprender una o dos cosas de ellas. En este mismo momento, el hombre parecía estar mirando con envidia en su dirección desde el otro lado de la oficina de la facultad. Roxy tenía la sensación de que él podría aceptar entusiastamente esta idea si ella lo llamaba.
Sin embargo… Eris no había mencionado su esgrima en respuesta a la pregunta de Roxy acerca de sus habilidades. ¿Por qué?
Roxy era una mujer inteligente. No le llevó mucho tiempo llegar a una respuesta.
Eris era una Reina de la Espada, un peldaño por arriba de incluso los Santos de la Espada. Solo las personas verdaderamente talentosas y poderosas alcanzaban alguna vez ese título. Dentro de los magos que ascendían a un rango equivalente, había muchos que solo tomarían pupilos que eran prometedores. Muy probablemente, Eris tampoco estaría dispuesta a enseñarle sus habilidades a cualquiera. En ese caso, sugerir que tomara un trabajo como una asistente de instructor de esgrima no sería aconsejable. Ella incluso podría tomarlo como un insulto.
Por supuesto, todo esto solo eran suposiciones de Roxy por pensar demasiado las cosas. Pero, no obstante, ella optó por una sugerencia diferente.
“Entiendo. ¿Qué tal un trabajo como guardia de seguridad?”
“¿Un guardia? Eso suena un poco aburrido.”
“Bueno, me temo que la mayoría de los trabajos son un poco aburridos.”
“Mmm… Sí, supongo que incluso ser una aventurera era un poco aburrido en ocasiones. Muy bien.”
En pocos minutos, la recomendación de Roxy le consiguió a Eris una prueba para el puesto de guardia de seguridad de la Universidad de Magia de Ranoa.
Una vez que terminaron con las formalidades, Roxy llevó a Eris hacia la entrada principal de la Universidad de Magia. Ya que Eris aún no conocía bien la distribución del campus, proteger la puerta frontal era el único trabajo que podía hacer por el momento. La idea era que ella realizara un turno en la tarde, después del cual sería oficialmente contratada por la Universidad.
“Muy bien. Ahora tengo que dar clases, así que debo irme. Vendré a buscarte en la tarde.”
Con esas palabras, Roxy dejó a Eris en manos del guardia veterano en la entrada y se dirigió hacia el edificio principal.
El guardia observó a Eris por un momento, y luego se rascó la parte trasera de su cabeza de la inseguridad. “Eh, veamos. Para ser honesto, el trabajo de vigilancia es bastante simple. Solo detén a cualquiera que se vea sospechoso o peligroso, pregúntale su identidad, y niégale la entrada cuando sea necesario.”
“¡Eso suena fácil!”
“Sip, de seguro lo es. No es como si vinieran muchas personas sospechosas, ¿sabes? Pero oye, déjame enseñarte cómo se hace.”
Y así, el guardia se posicionó junto a la entrada y comenzó a observar cuidadosamente a todos quienes la atravesaban.
Sin embargo, la Universidad de Magia tenía un amplio rango de instalaciones y tiendas dentro del campus, así que era bastante extraño que los estudiantes o los profesores dejaran el lugar a la hora del almuerzo. Eso quería decir que no había mucho tráfico peatonal aparte de un puñado de personas que parecían ser trabajadores de mantenimiento o comerciantes trayendo suministros. El guardia sí detuvo a un cliente de apariencia ruda con una gran cicatriz en su mejilla, solo para descubrir que él era un guardaespaldas de un estudiante noble que vivía en los dormitorios. Tal como había dicho, el campus no recibía muchos visitantes sospechosos.
“De eso se trata. El tráfico peatonal disminuirá incluso más durante el comienzo de la tarde. ¿Por qué no lo haces tú por un tiempo?”
“¡Entendido!”
De buen ánimo, Eris se posicionó a sí misma junto a la entrada, donde ella adoptó su postura característica—brazos cruzados, piernas extendidas a la altura de los hombros, y su mentón hacia arriba.
Su mirada era intensa. De hecho, demasiado intensa. Nadie se atrevía a mirarla a la cara; aquellos que pasaban a través de la entrada lo hacían mirando hacia el suelo, esforzándose por no encontrarse con sus ojos. No había clientes sospechosos a la vista. Cualquiera que estuviera realizando un comportamiento ilícito lo pensaría dos veces después de una buena mirada de Eris.
Sin embargo, dentro de todos aquellos encogiéndose y evitándola, hubo un hombre que ni siquiera se inmutó. Indiferente a la presencia de Eris, él caminó dentro del campus como si fuera el dueño del lugar. La expresión en su rostro era tranquila y confiada. No había nada tan inusual acerca de su comportamiento, pero dado que las personas a su alrededor estaban temblando, él destacaba como un pulgar hinchado.
Por lo tanto, Eris tomó una decisión inmediata: ¡hay algo extraño en él!
“¡Alto ahí!”
El hombre se detuvo en el acto y miró extrañado hacia Eris. “¿Puedo ayudarte?”
Su tono fue lo suficientemente educado, pero la mirada en su rostro estaba diciendo “Soy un hombre ocupado. ¿Puedes terminar con esto rápido?”
Por supuesto, esta actitud solo hizo sospechar aún más a Eris. “¡Hay algo sospechoso en ti!”
“He pasado a través de esta puerta por más de veinte años, y esta es la primera vez que he escuchado eso. Tú te ves… bastante sospechosa para mí. No reconozco tu rostro… ¿Por cuánto tiempo has estado trabajando aquí?”
“¡Comencé hoy!”
“Ya veo. Bueno, supongo que entonces no puedo enojarme…”
El hombre metió su mano dentro de su bolsillo para sacar su identificación oficial de la Universidad. Pero en ese momento, un viento inesperadamente fuerte pasó por el lugar, y su mano pasó reflexivamente desde su bolsillo hacia su cabeza.
Eris reaccionó instantáneamente ante este movimiento altamente sospechoso. Dando un paso al frente en un parpadeo, ella sostuvo firmemente su muñeca con su mano.
“¿Qué estás ocultando ahí?”
“¡Gah…!”
Ante los agudos ojos de Eris, el viento… se llevó el cabello del hombre. Todo. De una vez.
Todo lo que quedó atrás fue un hermoso domo brillante.
“…”
Eris se congeló. Ella se había dado cuenta de que el hombre estaba tratando de ocultar algo, pero nunca imaginó que sería… esto.
Con la mano que Eris no estaba sosteniendo, el hombre metió su mano dentro del bolsillo de su pecho una vez más y sacó su identificación de la Universidad.
“Mi nombre es George. Soy el Director de la Universidad de Magia de Ranoa.”
Mientras decía estas palabras, su rostro estaba rojo tanto de la vergüenza como de la ira.
En resumen, Eris fue despedida en el acto.
Bueno… técnicamente no fue despedida, ya que ella ni siquiera había sido contratada. Pero la Universidad rechazó formalmente tomarla como guardia de seguridad.
“Hah…”
Comprensiblemente, esto había dejado a Eris sintiéndose un poco deprimida. Ella no era buena en los quehaceres del hogar, y tampoco podía trabajar. Su creciente sensación de lo inútil que era había sido reforzada dolorosamente a causa de los eventos de hoy. Podría haberse sentido diferente si ella al menos hubiese logrado encontrar algo que quisiera hacer, pero después de dos desastres seguidos, su confianza en sí misma estaba alcanzando niveles alarmantemente bajos.
En este momento, Eris estaba recostada sobre el techo de un almacén en la esquina del patio Greyrat, mirando hacia el cielo—tal como solía hacer cuando estaba viviendo en la ciudad de Roa. En su mente, ella estaba repasando una conversación que tuvo con Rudeus hace muchos años.
“¿¡Cuál es el punto de hacer algo en lo que ni siquiera soy buena!?”
La respuesta de Rudeus había sido lo suficientemente simple. “Mientras más malo eres en algo, más satisfacción sientes cuando finalmente lo dominas.”
En cierto sentido, los quehaceres del hogar y un trabajo no eran muy diferentes del baile con el que había tenido problemas en el pasado. Ella los dominaría eventualmente, siempre y cuando siguiera intentándolo a pesar de sus fallos.
Al mismo tiempo, algo se sentía fuera de lugar acerca de ese plan. Probablemente sería satisfactorio lograrlo, pero… algo se sentía simplemente extraño.
Desafortunadamente, Eris no pudo descubrir lo que era.
“¡Suéltame!”
Justo en ese momento, el viento trajo una voz hacia ella. Era una que reconocía.
Eris se sentó sobre el techo del almacén y se dio la vuelta en dirección de la voz. Al parecer, había una discusión en curso cerca de la puerta principal de la casa de la familia Greyrat.
“Me pregunto qué está pasando…”
Eris saltó de su posición elevada y fue hacia la parte delantera, donde ella vio a Norn, la pequeña hermana de Rudeus, junto a un niño de su edad.
El niño estaba muy bien vestido. Su uniforme tenía el mismo diseño que el de Norn, pero podías notar de un vistazo que estaba fabricado con tela fina y botones costosos.
Tampoco era solo su ropa lo que destacaba; él tenía un largo cabello rizado y rubio, cejas muy arregladas, y una piel que claramente estaba bien cuidada. Los dos guardias detrás suyo en espera dejaban en claro que él era un noble.
En este momento, él estaba sosteniendo la mano de Norn—aparentemente para evitar que ella entre en la casa.
“Vamos, Norn,” dijo el niño, acariciando su cabello con su mano libre en un gesto llamativamente desagradable. “Si vienes conmigo, estarás ayudando a ese querido hermano tuyo y a tu querida Princesa Ariel.”
“¿¡De qué hablas!? ¡La Princesa Ariel y Rudeus ni siquiera están aquí ahora mismo!”
“¡Mucho mejor! Si ellos regresan para descubrir que hemos tomado medidas en su ayuda, de seguro nos felicitarán por nuestra visión e iniciativa. Será un valioso paso para ganarnos su confianza.”
“De hecho, ellos solo se enojarán conmigo por actuar sin su permiso.”
Al parecer, Norn no quería más que liberarse de su agarre. Pero este niño era un noble, y parecía tener bastante influencia; ella probablemente no quería correr el riesgo de hacerlo enojar.
“Ah, ellos no estarán enojados, te lo aseguro. Da un vistazo a estos dos detrás de mí. Ellos son luchadores de élite que reclutamos de una de las mejores bandas de mercenarios en todos los Territorios del Norte. Tu hermano últimamente ha estado pasando mucho tiempo fuera de casa, ¿cierto? Permíteme protegerla en su lugar.”
“Eso no será necesario. Tenemos a Sylphie y Roxy cuidándonos.”
“En otras palabras, ¿solo mujeres?”
“¡Z-Zanoba y Cliff vienen todo el tiempo!”
“Pero ellos no están aquí ahora, ¿o sí?”
Frente a la presión sin misericordia del niño, las protestas de Norn se estaban volviendo más breves y menos firmes. A este paso, había una buena probabilidad de que él terminara entrando sin permiso dentro de la casa. Eris se acercó a ellos mientras fruncía el ceño. “Ella no está interesada. Quítale tus manos de encima.”
El niño levantó su ceja ante esa repentina interrupción. “¿Disculpa? ¿Quién se supone que eres? ¿Acaso no sabes quién soy?”
“No.”
“Entonces te lo diré. Yo soy Richard Moanarius, heredero de la honorable casa de los Moanar—”
“No podría importarme menos. ¿Acaso no me escuchaste la primera vez? Quita tus manos de ella.”
Mientras Eris interrumpía su intento de presentación, la expresión confiada del niño Richard se transformó en una malhumorada. “¡Eres una mujer increíblemente grosera e ignorante! Escucha, si yo quisiera, podría hacer destruir esta pequeña casucha su—¿Mm?”
Richard se detuvo a media oración, dándose cuenta de que sus piernas de pronto se sentían extrañamente frías. Cuando miró hacia abajo, descubrió que sus pantalones estaban a la altura de sus tobillos, dejando su ropa interior completamente expuesta. Dejando salir un pequeño chillido, el niño rápidamente se subió sus pantalones—solo para descubrir que su cinturón había sido cortado a la mitad, forzándolo a sostenerlos con su mano.
Por un momento, él no tuvo idea de qué acababa de pasarle. Luego escuchó un suave sonido metálico proveniente de espada en la cintura de Eris… y miró hacia arriba para descubrirla mirando hacia él con una mirada de desprecio en sus ojos.
“La próxima vez, también te cortaré ese brazo.”
“¡Hiii!”
Richard tenía mala fama por su comportamiento descarado, y en ocasiones lo calificaban como un noble deficiente. Pero sin importar sus falencias morales, él poseía un sentido perfectamente funcional de la auto-preservación. Él sabía que Eris no estaba haciendo una amenaza vacía. El niño inmediatamente liberó la mano de Norn y dio un paso atrás rápidamente.
“B-bien. ¡Bien! Entonces me iré por ahora.”
Ante estas palabras, Eris desenfundó su espada una vez más. De alguna forma, dejó su vaina sin hacer sonido alguno. Algo en eso se sentía increíblemente amenazante.
“¿¡Q-qué!? ¡Ya dije que me voy por el día de hoy!”
“Tampoco regreses mañana. Ni el día siguiente.”
Las piernas de Richard comenzaron a temblar ante la intensidad de la mirada de Eris. Por supuesto, él no podía mirarla a los ojos; pero podía sentirlos fijos en él. Aun así, el niño tenía su orgullo como un noble sobre la mesa. Él no podía solo permitir que esta plebeya se burlara de él de esta forma.
“¿¡Te atreves a amenazar—!?”
Pero justo cuando abrió su boca para hablar, uno de sus guardaespaldas lo agarró por el hombro y lo jaló con firmeza hacia atrás.
“Lo siento, mi señor, pero es mejor que salgamos de aquí. Apostaría mi vida a que esa chica es la Reina de la Espada Iracunda de la cual las personas han estado hablando. Ella no está blofeando con esto, ¿entiende? No hay forma de razonar con una mujer que ha entrenado en el Santuario de la Espada.”
Normalmente, estos hombres seguían de cerca a su joven amo incluso en sus más locas travesuras, limpiando eficientemente sus desastres y suspirando en su interior. Pero fue precisamente su habilidad y competencia lo que les permitió darse cuenta de lo peligrosa que era Eris en realidad.
“¡Maldita sea! ¡No olvidaré esto!”
Richard comenzó a darse la vuelta con este patético intento de frase de despedida. Pero antes de que pudiera moverse siquiera un centímetro, Eris le habló severamente.
“Yo tampoco te olvidaré. Y si vuelves a meterte con esta chica, te mataré. Eso es una promesa, ¿entiendes? Voy a recordar tu cara.”
Aquellas palabras fueron el golpe definitivo. El hecho de saber que esta aterradora mujer iba a mantenerlo vigilado dejó a Richard temblando de miedo.
“Guh…”
Finalmente quedándose en silencio de lo aterrado que estaba, el niño ahora pálido se dio la vuelta y se alejó rápidamente.
Eris siguió mirando hacia Richard y sus guardaespaldas hasta que finalmente desaparecieron por completo de vista. Solo entonces ella se relajó.
“Hmph.”
Por supuesto, ella no había dicho nada de eso en serio. Eris podía ser algo violenta en ocasiones, pero ella en realidad no iba por ahí asesinando a mocosos maleducados. Solo había sido un bluff. Para ser honestos, ella no tenía la intención de recordar el nombre del niño, mucho menos su cara. Recordar cosas nunca había sido su punto fuerte. Aun así, la fuerza de su muy genuina hostilidad había sido suficiente para hacer que sus palabras sonaran plausibles.
“Fiu…”
Con ese suave suspiro, Eris se dio la vuelta y entró en la casa.
Norn solo la vio partir, sin siquiera lograr decir un gracias. Pero sus manos estaban juntas contra su pecho, y la admiración brillaba en sus ojos.
Para ser honestos, asustar a ese niño se había sentido bastante bien. Pero Eris ya se estaba preguntando si había vuelto a meter la pata. Norn se había visto bastante infeliz por la situación, pero su discusión había sonado algo complicada. Tal vez ese mocoso en realidad sí era importante de alguna forma. Se sentía como si ella fuera a recibir otro regaño más tarde.
Y justo cuando ella daba un paso dentro de la casa, Sylphie y Roxy sacaron sus cabezas desde la sala de estar y le indicaron que se acercara. Ellas claramente habían estado observando el desarrollo de ese incidente desde la distancia.
Después de prepararse para esa conversación, Eris se dirigió hacia ellas…
“¡Gracias, Eris!”
“Buen trabajo.”
… y terminó parpadeando de la sorpresa ante sus repentinas palabras de gratitud.
“¿Eh?”
“¡Vimos todo eso! Ayudaste a Norn, ¿cierto?”
“Ese niño nunca nos escuchó, pero tal parece que ya no la volverá a molestar.”
Había sonrisas en sus rostros, pero Eris tenía el ceño fruncido de la inseguridad.
“… ¿Están seguras de que hice lo correcto? Él tiene conexiones, ¿cierto?”
“Mmm. Bueno, su padre está contribuyendo a la causa de la Princesa Ariel, y sí tiene mucha influencia en la Universidad…”
Esto era exactamente lo que Eris había temido. Sylphie explicó que Richard era el hijo de un poderoso noble de Ranoa. Este noble no solo era uno de los principales financiadores de la causa de la Princesa Ariel, sino que hacía grandes donaciones a la Universidad de forma regular y tenía una cantidad considerable de influencia con sus administradores. Para decirlo de forma simple, un gran porcentaje del pago que tanto Sylphie como Roxy recibían venía del dinero que él proporcionaba.
Por supuesto, su hijo Richard no tenía nada que ver con ninguno de estos asuntos. Incluso si él corría a casa y lloriqueaba a su papi por horas, era improbable que hubiera alguna consecuencia para Sylphie o Roxy, sin mencionar para la Princesa Ariel. Sin embargo, Richard se había convencido a sí mismo que las contribuciones de su padre le permitían caminar por el lugar como si le perteneciese. Sin importar las veces que Sylphie y Roxy se lo dijeran, él simplemente las ignoraría.
“Estábamos a punto de salir y espantarlo cuando tú apareciste, Eris,” agregó Roxy, con su nariz retorciéndose del entusiasmo. “¡Estuve un poco preocupada por un momento, pero santo cielo! ¡Eso fue algo muy satisfactorio de ver!”
Sylphie rio un poco, pero luego puso una expresión seria en su rostro. “Oye, ¿Eris?”
“¿Q-qué sucede?”
Sylphie estiró sus brazos y tomó las manos de Eris con las suyas. Y luego, mientras Eris vacilaba de la inseguridad, ella comenzó a hablar.

“En ocasiones siento que crees que no eres… lo suficientemente buena de la forma que eres. Pero eso definitivamente no es cierto, ¿bien? Trata de tener más confianza.”
Eris frunció un poco el ceño. Esto casi se sentía como un rechazo a sus esfuerzos por mejorar. “¿Por qué dices eso?”
“Bueno, últimamente has estado muy preocupada, ¿cierto? Creo que entiendo cómo te sientes. Cada vez que observo a Rudy trabajando, me hace sentir que debo aprender todo tipo de cosas nuevas.”
“…”
Eris terminó sin palabras, sorprendida por la perspicacia de Sylphie. Pero Sylphie todavía no terminaba de hablar. “Sabes, Eris… nosotras somos muy buenas cuidando a Rudy, si sabes a lo que me refiero. Nos encargamos de las cosas detrás de escena. Tú definitivamente nos ayudaste el día de hoy, pero, normalmente, permanecemos al margen de esa clase de problemas.”
Sylphie hizo una breve pausa, y su agarre sobre las manos de Eris se fortaleció considerablemente.
“Pero cuando vimos cómo Orsted, Rudy, y tú luchaban… bueno, me di cuenta de algo. Cuando Rudy enfrente a alguien realmente peligroso, nosotras no podremos protegerlo de la forma que tú lo hiciste.”
Ella ahora estaba mirando a Eris directamente a los ojos. La fuerza de ellos era francamente intimidante, pero ella no se retorció ni apartó la mirada. De hecho, ella los miró de vuelta con todo el valor que pudo reunir.
“Tú entrenaste por años para poder ser lo suficientemente fuerte como para lograrlo. Creo que deberías estar muy orgullosa de aquello.”
Y así, Sylphie soltó las manos de Eris y sonrió hacia ella.
“Eso es todo lo que quería decir. Aparte de eso… estoy feliz de que estés aquí, Eris.”
Eris vagaba por el pasillo casi como si estuviera en las nubes. Qué extraño. Después de todas esas preocupaciones, Eris había terminado con la conclusión de que ella estaba bien tal como era.
Pero mientras más pensaba al respecto, más sonaba como lo correcto.
Rudeus era un mago, y ella era una espadachina. Era lo que ella siempre había tenido en mente, desde el día que lo dejó para ir a entrenar. Parecía natural para ambos desempeñar los papeles para los que eran mejores.
Pero Rudeus no podía encargarse de todo lo demás aparte de recitar sus hechizos. Él había crecido un poco, y aprendido un montón de cosas nuevas, pero eso no lo convertía en un súper humano. Había algunas cosas que él no podía solucionar por su cuenta. Y en esas ocasiones era cuando Sylphie y Roxy podían intervenir.
Por supuesto, la propia línea de pensamiento de Eris no era tan clara o coherente… pero ella se descubrió sintiéndose feliz y aliviada. Ella al final no había metido la pata. Sus esfuerzos no habían sido en vano. El solo hecho de saber eso significaba mucho para ella.
“Ah.”
Los movimientos sin rumbo de Eris a través de la casa la habían llevado a una pequeña habitación tranquila. Y ahí, ella había encontrado a una mujer sentada que estaba mirando a través de una ventana con una expresión casi ausente.
Era Zenith Greyrat. Eris ya se había enterado de su situación; ella sabía que estar encerrada por tanto tiempo dentro de un laberinto había destruido su mente.
Pero para la sorpresa de Eris, Zenith se dio la vuelta hacia ella, como si sintiera su mirada. Los ojos de la mujer claramente estaban enfocados en ella. Eris se enderezó por reflejo. A pesar de su condición, ella era la madre de Rudeus. Eris tenía que dar la mejor impresión posible.
Ella caminó hacia Zenith con unos pasos lentos y cuidadosos.
Eris definitivamente necesitaba decir algo, pero no estaba segura de qué. Ella vaciló por un largo rato, deseando cruzar sus brazos, pero rehusándose a permitírselo.
Ugh. Ahora desearía haber prestado más atención a esas estúpidas lecciones de etiqueta…
Por un momento, ella contempló la idea de dejar la habitación y regresar una vez que hubiera encontrado qué decir. Pero Zenith la estaba observando pacientemente, como si estuviera esperando que hablara.
Cediendo ante la presión, Eris finalmente balbuceó las primeras palabras que se le vinieron a la mente.
“Yo… yo todavía no tengo mucha experiencia, pero… me esforzaré al mácimo.”
¿Mácimo? ¿¡Me esforzaré al mácimo!?
Eris frunció el ceño de la irritación a causa de su propio error. Pero entonces se dio cuenta de que la expresión de Zenith también había cambiado.
Ella estaba sonriendo.
Eris siempre había odiado que las personas sonrieran ante sus errores, pero esta no se veía como una sonrisa de burla. De hecho, se sentía más como una respuesta. Zenith no había dicho palabra alguna. Pero, por alguna razón, Eris creyó poder escuchar su voz.
“Trata de decirle eso mismo a Rudy. No hay razón para que seas tan formal conmigo.”
“…”
Sin decir otra palabra, Eris bajó su cabeza hacia Zenith. Y mientras lo hacía, ella renovó su promesa hacia sí misma; voy a casarme con Rudeus, sin importar lo que cueste.




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