★ 3: El Lamento de Chris
Capítulo Extra
El Lamento de Chris
Christina Greyrat estaba furiosa.
“¡NO NO NO NO!”
Sus queridos Ars y Aisha habían desaparecido de la casa sin que ella se diera cuenta. Y ni siquiera le habían dicho una palabra al respecto.
Normalmente, si los dos iban a salir, debían pedirle permiso a Chris, y preguntarle si quería ir con ellos. Y si Chris decía que sí, tenían que llevarla.
Por supuesto, si Chris decía que no, entonces no debían llevarla, y en primer lugar, no deberían ir a ningún lado si Chris no iba con ellos. Forzar a Chris a ir también era algo imperdonable.
Las exigencias de Chris eran absolutas. Así de preciada era ella.
Dicho eso, Chris seguía siendo un ser débil.
Aunque las personas a su alrededor ignoraran sus demandas, no había castigo que ella pudiera imponer. Todo lo que Chris podía hacer era tirarse al suelo, agitar los brazos y las piernas, y gritar.
Ese día, cuando se despertó por la mañana, Ars y Aisha ya no estaban.
Hablando de Ars, era el hermano mayor que había sido designado como el responsable de darle un peinado bonito a Chris después de que Lucy se fue. Aisha era la mejor haciéndolo y lo hacía sin que se lo pidieran, así que ella era genial.
Chris los buscó, y cuando se dio cuenta de que no estaban, le preguntó a su mamá dónde estaban. En el momento en que escuchó que no volverían por un tiempo, gritó tirada en el suelo.
Golpeó el piso una y otra vez con el dorso de las manos, pero este no se movía. Papá y las Mamás intentaron consolarla, calmarla, dejar que se desahogara y luego volver a calmarla.
Pero Ars y Aisha no regresaron.
Chris amaba a su familia. Amaba también a Ars y Aisha. En especial a Aisha, porque tenía una alta probabilidad de cumplirle los caprichos.
Le gustaba un poco menos Ars, porque no siempre hacía lo que ella quería, pero la protegía cuando salían, y la cargaba en la espalda cuando se cansaba, así que lo amaba.
Además, Ars era más confiable que Sieg. Y de alguna forma, más genial. Un hermano mayor confiable y genial era una existencia rara y valiosa para Chris—no era exagerado decir que lo super amaba.
¿Y Sieg? Sieg también la escuchaba, así que le gustaba, pero no tenía ese toque especial de genialidad que tenía Ars. Le gustaba, pero apenas pasaba.
Dejemos a Sieg de lado por ahora.
El hecho de que Ars y Aisha no volverían por un tiempo llenó a Chris de frustración. Pero cuando se dio cuenta de que hiciera lo que hiciera no regresarían, dejó de llorar.
En lugar de eso, hizo un hábito preguntarle a su mamá todos los días: “¿Van a volver hoy?” Y cuando le decían que no, preguntaba: “¿Cuándo van a volver?”—pero nunca le daban una respuesta.
Inconcebible. Cuando Chris preguntaba algo, se suponía que debían responderle como es debido. Mamá decía: “Volverán eventualmente”, pero nunca lo hacían. Para Chris, “eventualmente” significaba quizá en unos treinta minutos—no varios días después.
Por suerte, Chris no estaba siempre en casa.
Ahora que tenía siete años, había empezado a ir a la escuela con Lily.
En la escuela, Chris era una dama perfecta, una alumna modelo bien portada, así que no hacía berrinches. O al menos, eso creía Chris.
Así que en lugar de eso, se lo guardaba todo y lo soltaba al llegar a casa.
“¡UaaAAaaAAaa!”
Tiraba de las lianas de Byt, jalaba el pelaje de Leo, y golpeaba las partes duras del cuerpo de Dillo. Cuando hacía eso, ellos eran gentiles con ella—pero si las mamás la veían, la regañaban.
“¡A todos les molesta cuando haces eso! ¿Por qué harías algo así?”
La Mamá Roja era especialmente enojada.
“Porque…”
No podía decir lo que seguía al “porque”, porque solo estaba desahogando su frustración. Y Chris sabía que la regañarían si decía la verdad. Por eso no podía decirlo. Pero para ella, eso era una razón perfectamente válida.
“¡Ven aquí!”
La Mamá Roja no solo la regañaba con palabras.
Cuando Chris hacía un berrinche, normalmente le daba una espada de madera y le decía que la agitara. Chris era una niña que admiraba a las princesas. No quería estar agitando una espada de madera.
“…Está bieeen”.
Pero sabía que tirarse al suelo y hacer berrinche no funcionaba con Mamá Roja. Las otras mamás al menos respondían con un “Ay, qué vamos a hacer”, pero Mamá Roja era diferente. Cruzaba los brazos y la miraba con una expresión firme que decía “Esto no te lo voy a perdonar”. Y no se movía hasta que Chris dejara de llorar.
Por eso Chris nunca desperdiciaba sus berrinches con la Mamá Roja.
“¡Yaaaaaaaah!”
Así que Chris se lanzaba de lleno al entrenamiento con la espada.
Hasta quedar completamente exhausta, hasta que no le quedaran energías para hacer berrinche. Seguramente, esos días continuarían hasta que Ars y Aisha regresaran.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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