Los Ladridos de la Perra Iracunda
Capítulo Extra: Los Ladridos de la Perra Iracunda
El lugar conocido como el Santuario de la Espada yacía muy hacia el norte, en una región dura e inmisericorde cubierta de nieve todo el año. Este lugar era donde el primer Dios de la Espada había escogido establecer su escuela, y donde él había pasado sus años finales entrenando a sus estudiantes. En la actualidad, era el destino predilecto de muchos espadachines, y un lugar de donde emergían muchos nuevos talentos. Cualquiera que verdaderamente deseara estudiar la espada haría una peregrinación a este lugar al menos una vez.
Los jóvenes maestros en ciernes se reunían aquí constantemente en grandes cantidades. Muchos eran jóvenes que habían descubierto sus talentos con una hoja en su adolescencia. En la actualidad, había tres verdaderos prodigios dentro del Santuario de la Espada cuyos talentos eclipsaban incluso a sus dotados iguales.
Primero que nada, estaba la hija del actual Dios de la Espada—Nina Farion. Nina actualmente tenía dieciocho años de edad, pero incluso a los dieciséis había sido llamada un talento sin igual. Ella ya había alcanzado el rango de Santa de la Espada. La mayoría creía que ella se convertiría en una Reina de la Espada a los veinte años, y una Emperatriz de la Espada a los veinticinco. Ningún otro estudiante en el Santuario estaba en tan alta estima.
A continuación, estaba el primo de Nina, Gino Britz. Gino era el segundo hijo de la familia Britz, una rama del clan Farion que dirigía la Escuela del Dios de la Espada. En la actualidad, tenía catorce años de edad. Él se había ganado su actual título de Santo de la Espada a la tierna edad de doce, y seguía siendo el estudiante más joven en alcanzar ese rango. Si bien él todavía estaba un paso por detrás de su prima, no había forma de saber cuál de ellos dos probaría ser superior al final.
Y finalmente, estaba Eris Greyrat.
Eris era una joven de diecisiete años que inculcaba el terror en los corazones de todos los que se encontraba—una perra iracunda conocida por golpear salvajemente a cualquiera que la molestara. Ella había llegado a este lugar hace dos años, acompañada de su maestra, la Reina de la Espada Ghislaine.
Esta chica estaba completamente comprometida a una sola cosa. Cada día, ella se sometía a una rutina de entrenamiento brutal, torturando su propio cuerpo sin descanso. Su llegada al Santuario de la Espada había sido una muy memorable. Tanto que seguía siendo un tema de discusión popular, incluso años después del hecho.
Hace casi dos años
Eris siguió a Ghislaine mientras ella entraba al Salón Efímero del Santuario de la Espada para su audiencia con el Dios de la Espada. En el salón había varios estudiantes de alto rango del Estilo del Dios de la Espada, todos Santos de la Espada o más. Nina y Gino estaban entre ellos. Ignorando a quienes la rodeaban, Eris no inclinó su cabeza mientras se acercaba al Dios de la Espada—mucho menos se arrodilló.
“¡No estoy interesada en debiluchos como tú!”
Y las primeras palabras que ella le dijo a Gal Farion, conocido como el espadachín con vida más fuerte, fueron increíblemente groseras.
“¿¡Qué!? ¡Cómo te atreves a insultar al maestro!”
“¡De rodillas, mocosa! ¿¡No sabes nada de nuestros principios!?”
“¿¡Qué le está enseñando a esta idiota, Ghislaine-sama!?”
Los Santos de la Espada comenzaron a armar un alboroto, con sus rostros retorcidos de la ira. Pero entonces el Dios de la Espada dijo, “Siéntense,” y todos se quedaron en silencio. Gal Farion iba a cortar en pedazos a esta mocosa insolente. Todos ellos creían esto. Nadie le había hablado de forma tan arrogante y vivido para contarlo. Incluso Ghislaine, quien era infame por su insolencia, estaba mirando hacia Eris con una expresión de conmoción. Sus orejas y cola estaban de punta.
Pero por alguna razón, el Dios de la Espada solo estaba sonriendo.
Solo él entendía lo que esta pequeña bestia en frente suyo estaba buscando en este lugar. Solo él entendía por qué ella insultaría a un hombre que acababa de conocer. Por qué ella estaba tratando de provocarlo.
Por lo tanto, había una sonrisa en su rostro mientras le hablaba. “Me gusta la mirada en tus ojos, niña. Dime—¿a quién quieres matar?”
Eris respondió inmediatamente y de forma rotunda. “Al Dios Dragón. ¡Al Dios Dragón Orsted!”
Todos los presentes reconocieron las palabras Dios Dragón. Pero ninguno de ellos había escuchado antes el nombre Orsted—con una, solo una excepción.
“¡Jajajajajajaja!” Golpeando sus rodillas, el Dios de la Espada rio a carcajadas. “Bueno, diablos. ¡Comparado a Orsted, supongo que sí soy un debilucho! Quieres matar a ese bastardo de Orsted, ¿eh? ¡Y yo aquí pensando que era el único!”
Los otros espadachines en la habitación jadearon ante tan bizarro espectáculo. El Dios de la Espada estaba riendo. Había sido insultado en la cara por una niña, y aun así se estaba riendo. Era incomprensible.
Pero el Dios de la Espada entendía algo que ellos no. Esta chica quería matar al Dios Dragón Orsted. Eso significaba que ella quería convertirse en la persona más fuerte del mundo.
“Pero sabes…” Repentinamente, su risa se detuvo. Por un momento, el silencio reinó en el Salón Efímero. “Hablar es fácil, niña. ¿Puedes lograrlo?”
“Lo haré,” respondió inmediatamente Eris. No había ni una pizca de vacilación o duda en su voz, tampoco en sus ojos.
Las esquinas de la boca del Dios de la Espada se torcieron hacia arriba. “Bien. Entonces veamos tus habilidades. Gino, pelea contra ella.”
“¿¡Eh!? ¡S-sí, señor!” Gino Britz se puso de pie ante el llamado de su tío, con su corazón latiendo a mil por hora. Esta chica no era mucho mayor que él, pero de alguna forma, ella había hecho reír a su tío con sus chistes insolentes. Ahora él tenía la oportunidad de humillarla.
“Este chico es mi estudiante más joven,” dijo el Dios de la Espada. “Tú eres mayor por un par de años, y él todavía es demasiado blando, pero no es malo con la espada.”
Sin palabra alguna, dos de los otros Santos de la Espada arrojaron espadas de madera hacia Gino y Eris.
“Muy bien. Comenzaremos a la—”
“¡Raaaah!”
En el instante en que ella atrapó su espada, Eris la balanceó ferozmente hacia Gino. Con la guardia completamente baja, él no tuvo tiempo para defenderse. La hoja de madera golpeó su muñeca derecha, y su espada cayó de sus manos. Antes de siquiera poder entender esto, mucho menos rendirse, Eris lo noqueó con un segundo golpe. La violencia pura de su ataque fue tanta que Gino sintió que había sido cortado con una espada de verdad. Él perdió la consciencia de inmediato.
“¿¡Qué—!?”
La mayoría de aquellos dentro del Salón Efímero estaban demasiado conmocionados como para hablar. Esto era absurdo. Inimaginable. Un duelo supuestamente comenzaba con los combatientes uno frente al otro en el centro del salón. Gino ni siquiera había estado mirando en la dirección de Eris. Los Santos de la Espada pensaban que su repentino ataque era un acto de cobardía indescriptible. Por supuesto, Nina era uno de ellos. La enardeció ver a su primero y compañero pupilo ser noqueado por un ataque tan desalmado.
Sin embargo, hubo cuatro personas en la habitación que vieron la situación de una forma diferente: una Reina de la Espada, dos Emperadores de la Espada, y el propio Dios de la Espada.
“Ah, sí. ¿Ven lo que digo? El niño es blando, ¿no?”
“No me digas.”
Eris sacudió su cabeza con desdén, dejando que su cabello corto se balanceara de un lado a otro. Pero sus ojos estaban vigilando cuidadosamente los movimientos de todos los presentes en el salón. La chica estaba lista y esperando que uno de ellos la atacara. Ella estaba muy consciente de sus alrededores, y su cuerpo estaba tenso para moverse en cualquier momento.
El Dios de la Espada no había condenado sus acciones. Él simplemente llamó blando a su estudiante. Si bajabas la guardia mientras sostenías una espada en tu mano, no podías culpar a nadie más de las consecuencias. Solo un idiota descartaría la posibilidad de un ataque repentino. Este era el mensaje entre líneas.
“Bien. Es tu turno, Nina. Esta vez, comiencen en el centro del salón. No hay nada de malo con los ataques repentinos, niña, pero me gustaría ver cómo te desempeñas contra alguien que está preparado.”
Mientras el Dios de la Espada hablaba, Nina se puso de pie, y uno de los Santos de la Espada arrojó una espada de madera hacia ella. Cuando la atrapó, Nina miró hacia atrás al hombre que la había arrojado. La espada era extrañamente pesada. Tenía un centro de metal.
El Santo que había arrojado el arma asintió de forma casi imperceptible. Mata a esta forastera insolente.
Temblando suavemente, Nina asintió de vuelta.
Nina era una Santa de la Espada por derecho propio. Ella ya había tomado vidas. Tal vez usar una espada de madera con un centro de metal era cobarde, pero esta chica había sido la primera en violar las reglas del decoro. Dada la humillación que Gino acababa de sufrir, ella merecía su destino.
Las dos se posicionaron una frente a la otra en el centro del salón y asumieron sus posturas.
“¡Comiencen!”
A la señal de un Santo de la Espada cercano, Nina balanceó su espada. Ella había practicado los movimientos del Estilo del Dios de la Espada varias miles de veces. Su ejecución era impecable. Ella iba a cortar a esta insolente chica de cabello rojo con el mismísimo estilo que ella había insultado tan descaradamente. Su ira y determinación la hicieron incluso más rápida de lo usual.
Las dos espadas chocaron.
Con un crujido seco, la espada de madera de Eris se rompió en mil pedazos.
La victoria de Nina era segura. Todo lo que necesitaba hacer ahora era acertar un golpe inmisericorde en la cabeza de la chica mientras se quedaba ahí perpleja.
Pero justo cuando se estaba regocijando en su victoria, un puño golpeó su cara.
El siguiente puñetazo le dio en la mandíbula. Mientras se tambaleaba hacia atrás, una rápida patada la mandó a volar hacia el suelo. Repentinamente, la chica estaba sobre ella. Antes de que Nina incluso supiera lo que estaba pasando, sus brazos estaban atrapados bajo las piernas de Eris. Mirando hacia arriba, Nina vio a un demonio con sed de sangre en sus ojos balanceando sus puños hacia ella.
“¡D-detente! ¡Detente! ¡Ya basta!”
Para el momento en que los Santos de la Espada terminaron la pelea, Nina había recibido tal vez una docena de puñetazos en su rostro. Su nariz estaba sangrando profusamente, varios de sus dientes estaban rotos, y estaba totalmente inconsciente. Una piscina de líquido humeante se extendía en el suelo debajo de la parte inferior de su cuerpo.
Eris se puso de pie lentamente y tomó la sospechosamente pesada espada de madera de Nina. “Hmph.” Con un resoplido, ella pateó a su contrincante inconsciente hacia donde yacía Gino. “¿Acaso aquí tienen a alguien que no sea blando?”
“Como… ¡Como te atreves!” Esta vez, los Santos de la Espada perdieron la calma. Gritos de “¡Cobarde!” se escucharon por todo el salón. Sin embargo, aquellos de rango Rey de la Espada y superior miraron fríamente a sus enojados estudiantes. Ellos entendían quién estaba en lo correcto aquí. Eris una vez más había estado completamente justificada. Un verdadero duelo no terminaba cuando una espada se rompía. Terminaba cuando un espadachín lo estaba.
“Lo siento, niña. Supongo que te subestimé un poco. Yo mismo jugaré contigo.”
Pero cuando el propio Dios de la Espada se puso de pie, los dos Emperadores de la Espada en el salón miraron hacia él con sorpresa en sus rostros.
“De seguro no hay necesidad de que usted se encargué de esto personalmente, Maestro.”
“Ghislaine podría… Ah, pero supongo que esa chica es su estudiante. ¿Entonces debería hacerlo yo?”
Ignorando sus palabras, el Dios de la Espada tomó su arma. Su hoja era real.
Al ver esto, Eris pateó el suelo, saltando hacia atrás hacia donde había dejado su propia espada. Ella tomó a la compañera que la había acompañado a través de sus viajes, y la sacó de su vaina.
“No te emociones tanto, niña. Te daré una ventaja… Oh, miren. Esa es una buena espada. ¿No es una de las de Julian?”
“No lo sé. Un miembro de la tribu Migurd me la dio.”
“Ah, entiendo. Bueno… de casualidad esta también es una de Julian.”
El Dios de la Espada desenfundó su espada deliberadamente. Su hoja brilló con una luz inquietantemente dorada. Esta era una de las Siete Hojas del Dios de la Espada. También era una de las 48 espadas mágicas creadas por Julian Harisco, un legendario artesano del Continente Demoniaco, y estaba hecha de los huesos del Rey Dragón Kajakut. Su nombre era Cañón de Viento.
El Dios de la Espada la sostuvo ligeramente, dejándola colgar hacia abajo. Los Santos de la Espada observaron conteniendo su aliento. El Dios de la Espada casi nunca sostenía una espada suelta, excepto en sus duelos de práctica con los Emperadores de la Espada.
Después de unos segundos, el Dios de la Espada murmuró casualmente estas dos palabras: “Bien, comencemos.”
Pero instantáneamente, Eris fue enviada a volar a través del aire. Su cuerpo atravesó las puertas de entrada hacia el Salón Efímero y siguió su camino, aterrizando en una enorme pila de nieve afuera.
El Dios de la Espada yacía de pie donde ella había estado, perfectamente derecho, y con su espada completamente extendida. Nadie en la habitación lo había visto moverse.
“¡Esplendido!”
“¡Asombroso!”
“¡Esplendido, Maestro!”
Todos los Santos de la Espada a su alrededor alabaron sus habilidades efusivamente. Este no era el poder de su espada. Fue su propia aura de batalla abrumadora la que había enviado a volar a Eris. Todos ellos creían que esa intrusa insolente finalmente estaba muerta.
“Ugh… ¡Guh…!”
Pero entonces escucharon gemidos desde fuera del salón, y las señales de algo arrastrándose débilmente en la nieve. ¿Acaso había sobrevivido a un ataque del Dios de la Espada? No, no era eso. Él simplemente se había contenido. Pero por supuesto, no había la necesidad de que Gal Farion tomara en serio a esa perra callejera. Ahora ellos simplemente la sacarían del Santuario para arrojarla hacia la nieve.
Pero las siguientes palabras del Dios de la Espada traicionaron sus expectativas.
“Ghislaine, trata las heridas de Eris. Y a partir de este momento, ella es una Santa de la Espada. La entrenaré, comenzando mañana.”
Las sonrisas desaparecieron de los rostros de los Santos de la Espada. Esto quería decir que la chica se convertiría en una estudiante directa del propio Dios de la Espada. No había habido un estudiante en tan alta estima desde la propia Ghislaine.
“¡Eso es absurdo! ¡Santo de la Espada es un título especial, otorgado solo a aquellos que dominan la técnica Espada de Luz! Esa chica no es más que una salvaje y rabiosa—”
Un hombre levantó su voz para objetar, solo para callarse cuando el Dios de la Espada apuntó su hoja hacia él. “Ella derrotó a dos niños que conocen la Espada de Luz. Eso es suficiente para mí.”
“Pero Maestro…”
“Escucha, no te conviertes en un Dios de la Espada memorizando esto o aquello, ¿cierto? Yo soy un sujeto especial, pero no hay nada especial en mi título. ¿Por qué el de ustedes sería diferente?”
“… Mis disculpas, Farion-sama.” El Santo de la Espada se quedó en silencio. Él había entendido que estaba hablando a causa de los celos. Todos aquellos en su rango sabían que tales emociones solo ralentizaban sus hojas.
Sin embargo, este era un malentendido de su parte. El estilo de combate del Dios de la Espada era impulsado por las emociones puras y el deseo. Cuando se usaban apropiadamente, incluso la más oscura de las motivaciones podía hacer tu espada más rápida y letal.
Pero por supuesto, Gal Farion no tenía la intención de decir tales verdades cruciales a cada estudiante que venía a este salón. Aquellos que necesitaban escuchar estas cosas no ganarían nada al saberlo.
Y así, de una forma bastante memorable, Eris logró el rango de Santa de la Espada.
En la actualidad
Nina había odiado a Eris desde el comienzo. Tal vez era entendible, dado que la chica le había golpeado de forma tan despiadada que se había orinado en frente de sus compañeros estudiantes. Ella había sido avergonzada. Humillada.
Eris no era más que una perra salvaje que vagaba por las calles. Cuando su espada no estaba a la altura, ella utilizaba sus puños como una niña molesta. Tal comportamiento era impropio de cualquier estudiante de su estilo, mucho menos de un Santo de la Espada. Esta era la opinión de Nina del asunto, y ella la compartía gratis con cualquiera que estuviera dispuesto a escucharla.
Por casi dos años, ella apenas había hablado con la propia Eris. De hecho, ella había trabajado con Gino para asegurarse de que ninguno de los estudiantes más jóvenes ni siquiera le diera la hora.
Sin embargo, Eris de todas formas pasaba la mayoría de su tiempo entrenando sin descanso con la Reina de la Espada Ghislaine. Las dos incluso compartían una habitación. Ella no tenía ninguna conexión con Nina o los otros, y no necesitaba hablar con ellos. Y ciertamente no se esforzaba por hacerlo. Las únicas palabras que intercambiaban eran insultos sarcásticos, esto cuando eran emparejados durante las sesiones de entrenamiento mensuales a las que todos los estudiantes residentes estaban obligados a asistir.
Las dos estaban bastante igualadas en estas pruebas. Nina, al menos, creía que ganaba más de lo que perdía. Siempre y cuando hubiera reglas apropiadas establecidas, donde soltar o romper una espada significaba el fin del duelo, ella se creía superior a Eris.
Le tomaría un poco más de tiempo entender que estas mismas ideas eran la debilidad que su padre había identificado en ella. Por ahora, ella aún carecía de experiencia real.
Eris y Nina eran rivales a los ojos de todos a su alrededor. Pero en cuanto a Eris, ni siquiera valía la pena pensar en Nina.
Un día a fines del verano, Nina estaba hablando con unas chicas de su edad. El tema había cambiado al romance—cuáles estudiantes pensaban que eran apuestos, y cuáles de las chicas habían pasado su primera noche en la cama con alguien.
Nina había dedicado su vida a la espada desde el comienzo; era difícil para ella imaginarse teniendo una relación con alguien. Ella siempre encontraba incómodas estas conversaciones. El único chico al que era cercano era su primo menor Gino, pero ellos esencialmente habían sido criados como hermanos. La idea de tomarlo como una pareja romántica la hacía sentir incómoda. Ella iba a seguir viviendo por su espada. Si se dejaba distraer de su propósito, Eris de seguro la dejaría mordiendo el polvo—y no había nada que odiara más que perder contra esa chica.
Pero por pura coincidencia, Eris pasó por el lugar mientras se efectuaba su conversación. Había vapor saliendo de su cuerpo. Ella obviamente había estado entrenando mientras ellas estaban ahí charlando.
Nina sintió una punzada de ansiedad ante esto. A causa de esto, ella le habló por reflejo. “Hmph. ¿Acaso haces algo más que entrenar? Estoy segura de que serás virgen hasta el día de tu muerte. ¡Qué mal que tu espada no pueda mantenerte caliente de noche!”
Estas eran grandes palabras de alguien que no tenía ninguna experiencia. Pero Nina había escogido estas palabras precisamente porque la lastimarían profundamente. Ella asumió que tendrían el mismo efecto en Eris.
“¡Heh!” Sin embargo, para su sorpresa, Eris simplemente hizo un sonido de burla.
La mirada engreída en su rostro hizo palidecer a Nina. “¿Q-qué?”
“Lo siento, pero yo no soy virgen.” Su voz fue ligeramente orgullosa, y había una pizca de rubor en su rostro. Nina y las demás chicas de inmediato supieron que ella no estaba blofeando.
“¿¡Qué!? ¡No puedes hablar en serio! ¿Quién fue? ¿¡Quién dormiría contigo!?” Incapaz de ocultar su sorpresa, Nina presionó a Eris por los detalles con un tono de voz nervioso.
“Un sujeto que conozco desde que éramos pequeños.”
Normalmente, Eris apenas hablaba con alguien. Pero si se trataba de este joven, ella podía dar un discurso. Ella habló de cómo crecieron juntos, y de cómo habían viajado desde el Continente Demoniaco de vuelta hacia su hogar. Ella habló de cómo se habían encontrado con el Dios Dragón, al cual él había logrado acertar un golpe. Y habló de cómo habían pasado una noche juntos.
Ella explicó que quería volverse más fuerte por su bien.
Era una historia de corazón, cargada de la pasión de una chica felizmente enamorada. Dejó a Nina completamente desconcertada. Ella había sido derrotada. Totalmente derrotada. Tal vez ellas estaban a la par en sus habilidades con la espada. Pero ella era mayor que Eris. Y Eris tenía un novio.
La única defensa que le quedaba era negar completamente su existencia. “Es… ¡Estás mintiendo, Eris! Padre dice que el Dios Dragón está protegido por alguna clase de Aura de Dragón Sagrada. ¡Un hechizo ordinario ni siquiera puede rasguñarlo! Estás mintiendo. Este hombre no existe, ¿cierto? ¡Admítelo ahora mismo, antes de que termines avergonzada!”
“No estoy mintiendo, y Rudeus no es ordinario. Es por eso que no estoy calificada para estar junto a él ahora mismo, ¿sabes? Tengo que volverme mucho más fuerte…”
Mientras ella hablaba, Eris apretaba su mano para formar un puño. Ahora mismo había fuego ardiendo en sus ojos. Ella repentinamente le dio la espalda a Nina y las demás, y caminó directamente dentro del Salón del Temple, donde ella había estado entrenando hasta ahora.
Nina la observó alejarse con un silencio atónito. Eris era la última persona de la que habría esperado estar por detrás en este departamento. Estas noticias acerca de su novio la habían dejado en shock.
Esta perra iracunda tenía un compañero de vida, y Nina no. Eso sonaba ridículo a sus oídos. De seguro era una mentira. Este Rudeus en realidad no existía.
Basándose en esta premisa, Nina usó su siguiente día libre para viajar a la ciudad más cercana, donde le pagó a un comerciante de información para investigar a Rudeus Greyrat. Ella esperaba—o al menos deseaba—que no encontrara nada, dado que Rudeus no podía ser real. Pero para su sorpresa, no le tomó mucho tiempo armar un reporte.
Rudeus Greyrat: nacido en la Aldea Buena, ubicada en la Región de Fittoa del Reino de Asura. A la edad de tres, él comenzó a estudiar bajo la tutela de la Maga de nivel Real Roxy Migurdia. A los cinco, él se convirtió en un Mago de Agua de nivel Santo. A los siete, él tomó el puesto de tutor de Eris Boreas Greyrat, la hija del alcalde de la Ciudadela de Roa. Después de esto, él desapareció en el Incidente de Desplazamiento. Sin embargo, él más tarde reapareció en la parte norte del Continente Central, ganándose un nombre, y siendo conocido como Rudeus el Pantano. Él actualmente estaba en la Ciudad Mágica de Sharia. La Universidad de Magia de Ranoa lo había invitado para matricularse como un estudiante especial. Además, él era respetado por muchos de sus camaradas aventureros. Los rumores decían que él incluso había asesinado a un dragón rezagado por sí solo.
Esto último evidenciaba una verdad ineludible: esta era una persona real, no algún príncipe salido de la imaginación de Eris. Nina encontró ese hecho deprimente. Pero al mismo tiempo, ella no estaba tan impresionada. Sus logros hasta la edad de siete eran increíbles, sí, pero al final no había logrado mucho. No había ninguna mención de él logrando un rango superior al nivel Santo, y vivía como un aventurero común y corriente. El apodo Pantano tampoco le parecía particularmente fuerte. Sus talentos claramente desaparecieron después de su niñez.
Este tren de pensamiento la guio a idear algo maliciosamente divertido.
¿Cómo reaccionaría Eris si ella rastreaba a este Rudeus, lo vencía en un duelo, y lo traía aquí como un prisionero? La mirada en su rostro de seguro sería invaluable.
El plan a sus ojos parecía ser genial, así que se puso en acción. Nina era tan impulsiva como su padre alguna vez lo había sido. Ese mismo día, ella había empacado para su viaje, saltado sobre un caballo, y partido hacia el Reino de Ranoa.
Afortunadamente, su destino no estaba muy lejos. En invierno el viaje pudo haber sido más desafiante, pero en esta época del año era muy fácil. Con uno de los caballos más rápidos del Santuario de la Espada a su disposición, ella podía hacer el viaje de ida y vuelta en menos de tres meses.
El viaje de seis semanas a Sharia de Nina terminó sin problemas, y llegó a la Universidad de Magia en la fecha estimada. Lo que encontró ahí la sorprendió un poco.
Con toda honestidad, Nina siempre había mirado en menos a los magos. Ella había pensado en ellos como debiluchos arrogantes que sentían que saber cómo murmurar un par de encantamientos los hacía fuertes. Pero dentro de la Universidad de Magia, muchas de las personas en las calles eran hombres musculosos. Parecía haber un número extrañamente alto de gente bestia, y la mayoría de ellos estaban vestidos como guerreros.
Pero ella sí vio un par de peatones que usaban túnicas o un lindo uniforme. Sin embargo, en general, aquí había muchas más personas musculosas de lo que ella había esperado. Ellos evidentemente entrenaban sus cuerpos tanto como sus mentes.
Nina se sintió un poco avergonzada por su propia ignorancia. Durante todos sus dieciocho años, ella aparentemente había estado albergando prejuicios injustos hacia los magos.
Después de mirar a su alrededor por un tiempo, ella se acercó a un hombre que de casualidad pasaba por el lugar. Él era un musculoso joven bestia que estaba vestido como un guerrero. Cuando ella le preguntó dónde podía encontrar a Rudeus, el hombre bestia dijo que él estaba buscando a la misma persona—y que tenía una muy buena idea de dónde ubicarlo.
Qué conveniente, pensó Nina, por lo que lo siguió.
No mucho después, el hombre bestia vio a un chico que usaba un uniforme. Rudeus se veía más o menos como Nina lo había imaginado. Él no era tan delgado y de apariencia débil como había esperado, pero ciertamente no era intimidante. Y si bien su rostro no era feo, su lenguaje corporal inseguro lo hacían muy poco atractivo. Una buena pareja para esa sarnosa de Eris.
Muy bien, es hora de derrotarlo…
Pero antes de que Nina pudiera hablar, el joven hombre bestia caminó hacia Rudeus y comenzó a gritarle. “¡Asumo que tú eres Rudeus el Pantano, el aventurero de rango A que asesinó a un Wyrm rezagado por sí solo! ¡Te reto a un duelo matrimonial!”
Nina estaba perpleja, por decirlo menos. El hombre bestia no había mencionado nada acerca de retar a Rudeus a un combate.
“Sabes, ahora tengo una clase de piano. Lo siento, pero ya me tengo que ir…” Rudeus, por su parte, declinó el duelo de la forma menos varonil posible. Pero el joven hombre bestia soltó algunas justificaciones confusas, saltó justo frente a él, y lo atacó instantáneamente.
Nina asumió que Rudeus sería destrozado en un par de segundos. Este hombre bestia claramente era un luchador competente, a pesar de que tal vez no a su nivel, y Rudeus era un mago. Cada espadachín en el mundo sabía que los de su tipo eran presa fácil a corta distancia. No había nada que pudiera hacer un mago cuando alguien saltaba sobre ellos.
Aun así, las cosas de alguna forma resultaron de forma muy diferente. Rudeus derrotó a su oponente en un instante. La lucha duró apenas tres segundos según el conteo de Nina. Si parpadeabas, podrías habértela perdido. Sin mirar de vuelta en su dirección, Rudeus rápidamente se alejó, dejando a este sujeto inconsciente tendido en la calle.
Le tomó algunos minutos a Nina recuperarse de estos desconcertantes eventos. Ella tuvo que tomarse algún tiempo para volver a preguntar por los alrededores, pero eventualmente descubrió que Rudeus ahora estaba en la biblioteca.
Para el momento en que ella obtuvo su ubicación y se dirigió ahí, había un gran grupo de hombres bestia haciendo fila fuera del edificio. Nina encontró esto curioso, pero claramente no tenía nada que ver con ella. Nina se dirigió directamente hacia la entrada.
Pero mientras pasaba a un lado de la multitud, un hombre bestia le habló. “¿También planeas retar a Rudeus a un duelo?”
“Eh, sí… así es,” respondió sin pensarlo Nina.
“¡Entonces ve al final de la fila!” gritó el hombre. “¡No puedes adelantarte!”
Aparentemente, toda esta fila estaba compuesta de personas que deseaban retar a Rudeus a un duelo. Confundida y sorprendida, Nina se dio la vuelta y se dirigió hacia el final de la fila. Parecían haber al menos treinta personas delante suyo.
Mientras caminaba, un hombre bestia cerca del principio de la final le dijo, “Lo siento, niña. Qué mal por ti.” Ella no sabía lo que él había querido decir.
En cualquier caso, esperar parecía ser su única opción, así que ella esperó. La mañana dio paso a la tarde, pero Rudeus no daba señales de salir.
Y entonces él apareció.
Un demonio con piel color obsidiana y músculos enormes de pronto se paró a un lado de ellos, mirando hacia el grupo con una sonrisa arrogante en su rostro. “¡Jojo! ¿Para qué es esta fila, amigos? ¿¡Se está efectuando alguna clase de festival!?”
“¡Esta es la fila de aquellos que desean retar a un duelo a Rudeus Greyrat!”
“¿¡De verdad!? ¡Y hay demasiados de ustedes! ¡Buajajaja! ¡Veo que el chico está en gran demanda! Yo por supuesto soy un hombre paciente, pero ¿¡hay alguna forma de ser el primero!?”
La gente bestia no tomó muy bien esta pregunta. Gritos de “¡Ponte en la fila!” y varios insultos se escucharon de todas direcciones. Nina también estaba furiosa. Ella había recorrido un largo camino, y estaba esperando pacientemente. Ella le dijo al demonio que esperase su turno como todos los demás.
Pero entonces, en medio de todos estos gritos… un idiota dijo algo que definitivamente no debió haber dicho. “Quieres ir primero, ¿hombrecito? ¡Entonces es mejor que derrotes a todos los que llegaron aquí antes que tú!”
“¡Buajajajaja! ¡Qué encantador! ¡Me gusta cómo suena eso! Todos ustedes, vengan por mí. ¡Como recompensa a su valentía, les dejaré atacar una vez antes de aplastarlos!”
La increíble arrogancia de esta oración hizo que todos los demás enfurecieran.
“¿¡Qué mierda acaba de decir!?”
“¡Vas a lamentar eso, cabeza de mierda!”
Moviéndose casi al unísono, la gente bestia saltó para atacar, impacientes por enseñarle una lección a este idiota arrogante. Antes de siquiera entender lo que estaba pasando, Nina descubrió que también se había unido a la batalla.
En resumen: ella perdió. Completamente.
Ella golpeó al demonio con la Espada de Luz, con toda la intención de matarlo. Y él ni se inmutó. Su hoja no había penetrado su piel. Ella había logrado un corte superficial, pero la herida sanó instantáneamente ante sus propios ojos.
“¡Yo soy el Rey Demonio Inmortal Badigadi! ¡Buajajaja! ¡Le otorgaré el título de Héroe a cualquiera que me derrote!”
Comparado con muchos de los otros, los esfuerzos de Nina fueron aceptables. Pero el Rey Demonio estaba en un nivel completamente diferente. Antes de siquiera idear alguna clase de plan, él la atrapó, la estrelló brutalmente contra el suelo, y rompió su amada espada.
Mientras ella yacía ahí gimiendo del dolor, su mente estaba llena de terror y desconcierto. ¿Por qué estaba luchando contra un Rey Demonio en medio de una escuela para magos? ¿Y qué estaba haciendo aquí un gobernante del Continente Demoniaco?
Por supuesto, todos los demás estaban pensando lo mismo.
Pocos momentos después de que Nina cayó, Badigadi acabó con todo el grupo de gente bestia. De alguna forma, a pesar de que la mayoría estaban heridos, ninguno parecía estar muerto. Él había sido suave con ellos.
En el instante en que ella comprendió esto, Nina derramó lágrimas de frustración en sus temblorosos puños. Pero sin importar lo profundo de su frustración, ella no podía hacer nada ahora que había perdido su espada.
“… ¿Qué demonios?”
En ese preciso momento, Rudeus había salido de la biblioteca. Él habló con el Rey Demonio por unos minutos, después de los cuales cambiaron de lugar.
Gimiendo, Nina se esforzó para ponerse de pie y arrastró su lastimado cuerpo tras ellos. Rudeus y el Rey Demonio estaban de pie en el centro de un gran patio abierto, frente a frente. Ellos parecían estar hablando de algo. En ocasiones ella pudo escuchar estallidos de risa, pero era imposible distinguir algo de su conversación.
El duelo finalmente comenzó después de que un chico extrañamente rápido de pies le trajo una vara a Rudeus.
Nina lo vio todo de inicio a fin. No es como si hubiera sido tanto. Rudeus tomó su vara, la sostuvo con fuerza, vociferó algunas palabras, y apuntó hacia su oponente. Medio segundo después, toda la parte superior del Rey Demonio explotó violentamente.
El hombre había derrotado a un oponente con el que Nina ni siquiera pudo competir. El hombre que amaba su odiada rival, el hombre que ella había asumido que no era nada, había destruido a un Rey Demonio de un solo ataque. Y Eris estaba tratando de ascender a su nivel.
De cara a estos hechos, la mente de Nina se quedó en blanco de la conmoción. Ella no recordaba lo que sucedió después de esto. Antes de darse cuenta, ella estaba de vuelta sobre su caballo, dirigiéndose de regreso hacia el Santuario de la Espada.
Pero cuando llegó ahí, y vio a Eris balanceando su espada totalmente concentrada, Nina sintió algo. Algo que no había sentido antes.
Después de ese fatídico día en Sharia, Nina Farion cambió completamente.
Ella se dedicó a su entrenamiento con un vigor aún mayor que antes, y comenzó a cargar una segunda espada, en caso de que la primera fuera destrozada. Ella dejó de burlarse de Eris por su tendencia de repartir golpes a diestra y siniestra. Nina se hizo más distante de las otras chicas de su edad, a las cuales de todas formas nunca había sido tan cercana.
Y cuando miraba hacia Eris, cuya determinación nunca parecía flaquear, su mirada no era tan dura como lo había sido en el pasado.
Con el tiempo, ellas dos se convertirían en verdaderas rivales. Pero esa era una historia para otra ocasión.
Por cierto…
Los rumores decían que el Dios de la Espada, quien había estado afilando su espada emocionadamente después de escuchar la llegada del Rey Demonio, la enfundó con una expresión desilusionada después de escuchar el reporte de Nina de lo que había ocurrido.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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